Mario Bunge libre de la metáfora y el mito

El compromiso filosófico de Bunge comportaba inevitablemente un compromiso político y ético con la verdad

Mario Bunge.
Mario Bunge.

Si al caminar en la noche oscura alguien te asalta de improviso, apaga la humilde luz de la lamparilla que te guía y grita: ¡Así veras mejor! Ese que te asalta es un teólogo. Esto decía Diderot en el siglo de las luces y desde entonces no han cesado los salteadores de caminos empeñados en convencernos que las tinieblas absolutas son preferibles a la modesta luz de la razón. Esta frase se la escuché a Mario Bunge en una lejana conferencia en el aula magna de letras de la Universidad de Granada en 1983. Entonces no me gustó, hoy sí.

Mario Bunge ha muerto esta semana en Canadá a la edad de 100 años. Era el filósofo de la ciencia latinoamericana más relevante del siglo XX. Poseía una sólida y extensa formación académica en Física, Matemáticas y Epistemología. La filosofía de la ciencia era para él la única filosofía posible en la modernidad ilustrada; lo restante era o literatura o superchería. El objeto y la función era la revisión crítica de los fundamentos ontológicos y epistemológicos de la ciencia en general y de las distintas disciplinas científica en particular.

La ciencia era para Bunge el acercamiento más aproximado y realista que el conocimiento humano había alcanzado de la realidad, incluida esa parte de la realidad, de tan difícil acceso, que constituye la misma naturaleza humana. Renunció a la idea de una filosofía de la naturaleza que no estuviera mediada y anclada en la ciencia. Desde la Filosofía de la Economía o la Filosofía de la Medicina hasta la Ontología —que estudia los mapas y los modos de ser de los objetos, sean abstractos o materiales— y la Epistemología —que estudia las inferencias y los método de acceso al conocimiento de los objetos— nada le fue ajeno. Bunge sabía y defendía apasionadamente que para cada región de lo real había, al menos, un enfoque científico disponible. Y para cada enfoque científico debía haber, al menos, una revisión filosófica disponible.

Borges, que compartía B y patria con Bunge, realizó una operación análoga pues convirtió a la filosofía en un objeto literario. Si Bunge hizo ciencia de la ciencia, Borges hizo literatura de la literatura filosófica y de esta forma nos ofrecieron un perspectiva de altos vuelos sobre la literatura y la ciencia. En el poema Spinoza, Borges describía al filósofo judío “libre de la metáfora y el mito" y esa fue exactamente una de las misiones del programa de investigación de Bunge liberar a la filosofía de la metáfora y el mito .

El compromiso filosófico de Bunge comportaba inevitablemente un compromiso político y ético con la verdad y con la humildad de quien no está dispuesto a engañarse pero a la par, precisamente porque no está dispuesto a admitir el autoengaño, sabe que la tarea del conocimos es asintótica e incompleta. Las posibilidades filosóficas que deja su obra son enormes y en cierta medida aún desconocidas. Pero el coraje intelectual de su voz es más actual y necesario que nunca, ahora que en esta “noche oscura “ de la posverdad y la crisis climática, hay tantos teólogos agazapados dispuestos a apagar la humilde luz de la lámpara.

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