El Real de la Feria del Caballo, en una imagen de archivo.
El Real de la Feria del Caballo, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

El coronavirus es lo que la prensa local –antes conocida como de provincias… expresión que a mí personalmente me gusta más- llama desde hace años un monotema. En Jerez los dos monotemas por excelencia son la Semana Santa y la Feria del Caballo, es decir, asuntos que llenan páginas y páginas antes, durante y después de sus celebración, pero sobre todo durante (en Cataluña no hace falta que les diga cuál es el monotema). La celebración –en el caso del virus debe utilizarse la palabra desarrollo- de estos eventos mediatiza por completo la edición de cualquier medio de comunicación, hasta el punto de que los redactores que se dedican a otros temas, que al final son la mayoría, se las ven y se las desean para sacar adelante otras noticias que completen la edición.

“Pero si con la Feria (se puede poner aquí perfectamente Semana Santa o Motos) ya tenéis con que rellenar las páginas”, le suelta rápidamente al periodista cualquiera de sus fuentes habituales, lo que demuestra a su vez varias cosas: la escasa atención que en realidad las fuentes le prestan a los medios de comunicación (a no ser ellas las que llamen, es decir, los interesados) y lo que piensan en el fondo de lo que le largan al periodista, que no es otra cosa que materia para rellenar.

Bien… como ocurre habitualmente en este espacio, ya estamos divagando: había la intención inicial de hablar del coronavirus y acabamos criticando el papel de las fuentes periodísticas, al menos las de provincias. Pues sí, íbamos a hablar del coronavirus y el primer intento, como es frecuente en este espacio, era hacerlo con una dosis de humor, pero con 90 muertos (viernes a las 12.30 horas), aunque casi todos sean viejecitos y enfermitos, como se encargan los programas espectáculo-informativos de recalcar continuamente en la tele, pues da cosa, claro. Casi lo podía escribir todavía, pero como nos gusta tanto Italia, habrá que ver qué pensaría la gente –y este propio cronista- del artículo de marras de releerse dentro de dos, tres semanas o un mes, cuando haya, como todo apunta, varios cientos de muertos en España.

¡Ay, con el gag tan bueno que tenía desde que el Ayuntamiento de Jerez anunció una comisión de seguimiento de la enfermedad! Con la Policía Local requisando lotes de papel higiénico a la salida de los híper; los puntos de información sexual (si siguen existiendo) reconociendo que, efectivamente, lo de ponerse una bolsa de plástico en la cabeza sirve para algo: es una práctica sexual (de riesgo) aunque se haya reconvertido en un fetiche para ir a la compra o, en clave no hay mal que por bien no venga, escribir sobre la programación de un curso para que (tantos y tantos) camareros de Jerez sepan al fin llevar una bandeja y pongan fin a la ancestral práctica de ponerle yema a todas las tapas…

En fin, querido lector, todo esto, como dice la película, como dice la canción, se perderá como lágrimas en la lluvia. Está ante un artículo que no fue y que no será… No será entre otras cosas desde que hemos descubierto que lo que hasta hace una semana interpretábamos como calma, serenidad y control por parte de nuestras autoridades nacionales no era más que pachorra, impotencia y capotazos, que el politiqueo –léase la celebración en Madrid de la manifestación del 8-M o la también multitudinaria concentración de VOX-, una vez más, se antepone a los intereses generales e incluso al sentido común.

Pues nada, sepa, querido lector, que se ha quedado sin artículo, aunque afortunadamente este sí es un mal menor, no tendrá que esperar a que nadie dudoso salga a informarle por la tele…  

CODA: Este artículo se ha escrito antes de que se anunciase el estado de alarma. A las 15 horas del viernes los muertos eran ya 120. 

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