La torre de la catedral, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA.
La torre de la catedral, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA.

Hace ya varios meses, tras la restauración de la torre, que salió a colación la posibilidad de que la Catedral —o precisamente la torre aneja— contase con una cafetería o similar. La noticia —a posible noticia— causó cierta sorpresa por tratarse de la Iglesia, aunque si la analizamos detenidamente no habría para tanto. La Diócesis ya hizo sus pinitos inmobiliarios con su traslado, así que… ¿por qué no acercarse a la hostelería, el otro gran sector sobre el que se sostiene la actividad económica del centro?

Ahora el señor obispo, según leo en Diario de Jerez, ha vuelto con esta posibilidad en el transcurso de un acto del Clúster Destino Turístico Jerez y apunta al patio de los naranjos de la Catedral como el sitio más indicado para ello. En definitiva, el señor obispo lo que quiere es convertir este lugar en algo que al final no distaría mucho de una especie de patio de bodega (yo ya lo estoy viendo y de verdad que tendría un cierto parecido al de La Cigarrera de Sanlúcar pero por ahora sin arroz, a la espera de conocer la carta). Vale, vale… echemos el freno, porque hay que recordar que el señor obispo de lo que habla técnicamente es de poner una cafetería, que suena más fino que la palabra bar, que no ha salido nunca de sus labios: él debe tener en mente una cafetería de café, té y croasán, nada de zurrapa de lomo o manchurrones de fuargras, y en la que seguro, seguro, que tampoco se servirá nunca jamás una cerveza bien fresquita o un oloroso ni se alzará la voz desde una mesa —recordemos dónde estamos— para llamar al camarero, qué va…

A ver, que tampoco el patio de los naranjos es el Patio de los Leones, pero nadie que lo conozca y tenga un mínimo de interés por el patrimonio de su ciudad puede aceptar que ese es el sitio para una (otra) cafetería, aunque cuando nuestros gestores –y esa palabra incluye tanto a señores políticos como a señores obispos- se dedican epidemiológicamente a ‘poner en valor’ edificios y a abrir ‘centros de interpretación’ de cualquier chuminada, entonces sí, hay que pensar que todo es posible. Si se alejara del fondo economicista que encierra ‘poner en valor’ y quisiera hacer algo por el patio de los naranjos, el señor obispo haría bien en plantearse, por ejemplo, sustituir ese altísimo muro amarillo de la calle Aire por una verja metálica (si quiere igual de alta) que permitiera que toda la ciudadanía pudiera disfrutar de la vista del patio, en lugar de hablar de negocios (en realidad, como una cosa no quita la otra, no sé si al final le estoy dando una idea para dar a conocer mejor ‘su’ cafetería). Si consigue la autorización, aviso –y ahora hablo como vecino de la zona, no como periodista- que seremos varios los que iremos al día siguiente a Urbanismo a pedir otras licencias ‘de cafetería’ para ‘poner en valor’ azoteas, altillos y hasta tejados próximos a la Catedral, todo sea por el turismo. ‘Altos del Patio de los Naranjos’ no estaría mal, ‘Naranjos Wiews’ o, mejor todavía, ‘Patio de los Naranjos Rooftop: Drinks & Beers’. Ahí lo dejo…

CODA: Por cierto, ya puestos, haría bien el señor obispo en hablar con el responsable del falso pajarraco que lanza cada veinte minutos terribles alaridos para (supuestamente) alejar a los pájaros de la Catedral y pedirle de manera formal que cese en su empeño, que ya no engaña ni a un gorrión recién llegado de Estella del Marqués a buscar pareja. Tres años ya en el entorno de la Catedral diciendo a amigos y familiares que en Jerez no hay ningún pterodáctilo…



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