Parte de la Corporación, presidida por Mamen Sánchez, el pasado día de San Dionisio.
Parte de la Corporación, presidida por Mamen Sánchez, el pasado día de San Dionisio.

La alcaldesa de Jerez ha proclamado el Otoño del Amor. Si hace ya más de medio siglo que San Francisco vivió su particular Verano del Amor con sus hippies, sus flores y sus símbolos de la paz, ahora Mamen Sánchez no quiere ser menos y lanza a los vientos su particular Otoño del Amor. Su invitación a “hacerle el amor a la ciudad” durante la pasada entrega de los Premios Ciudad de Jerez abre, sin duda, un tiempo nuevo para sus habitantes y deja a las claras el ‘protocolo’ que se pide a los visitantes que vayan viniendo según se pueda.

El problema es precisamente ese, que tal vez el Otoño del Amor de Jerez no llega en el mejor momento debido a la pandemia y a las consecuencias económicas que ya se dejan sentir... nada que ver con el período de bonanza y desarrollo, pese a la guerra de Vietnam, en que se desarrolló el Verano del Amor de San Francisco. Si los hippies que acudieron en masa a dicha ciudad de California en el verano de 1967 no podían olvidar llevar flores en el pelo, como bien lo recoge Scott McKenzie (por cierto, antiguo apellido bodeguero) en su clásico tema If you go to San Francisco, el panorama ha cambiado bastante y hoy por hoy lo único que se les puede pedir a los que acudan al Otoño del Amor de Jerez es mascarilla, gel hidroalcohólico y que no se acerquen demasiado. Nada de miles de personas buscando una explanada –que las hay, y bien buenas, en la ciudad, recuerden la que construyó en su día la alcaldesa Sánchez, la anterior, cerca de la Feria-, preferentemente hasta arriba de barro, y hala, a retozar (bueno, esto último fue más bien en Woodstock, pero vale igual). Así están los tiempos…

En esta sección, como es habitual, nos estamos yendo por las ramas. Antes de perdernos del todo analicemos con detenimiento lo que dijo Mamen en aquel ‘acto’: la expresión era concretamente “hacerle el amor a la ciudad”. “Hacerle el amor a…” no es lo mismo, al menos no es exactamente lo mismo que “hacer el amor con…”; la frase contiene un artículo más y un significativo cambio de preposición. Hacerle el amor a alguien –bueno, en este caso a una ciudad de 213.000 habitantes contando hasta el último núcleo rural- es una expresión que se usaba antiguamente para referirse a “hacer la corte” a la persona pretendida (como quiera que este cronista es consciente de que este medio lo lee mucho mozalbete, tal vez incluso habría que aclarar qué es “hacer la corte”… bueno, buscadlo en Google, chavales, luego que si divagamos) y su significado inicial fue progresivamente sustituido a lo largo del siglo XX por el que actualmente conocemos, en consonancia con el más directo y más enfocado al catre “make love” inglés (“faire l’amour” creo que siempre tuvo el doble significado en francés). ¿Cuántas veces en alguna peli española de los años 40 ó 50 no se escucha de labios femeninos ese sorprendente (hay que reconocerlo), “pero usted me está haciendo el amor” cuando el galán le tira los tejos a su galana o simplemente coquetea? Pues eso es.

Es que empiezas con el “hacer el amor” y no paras. ¿Cómo era aquella frase que se decía hace por lo menos treinta años en plan más o menos chistoso? Ah, sí. Va. “Los pobres follan, la clase media se acuesta y los ricos hacen el amor”… algo que no puede estar más lejos de la realidad salvo en lo que se refiere a la clase media, que sigue impertérrita acostándose. Los ricos ahora son muy de follar y los pobres, cuando se ponen cursis, sobre todo si tienen cierta edad, son muy capaces de apostar por utilizar hacer el amor, que por algo ya no son técnicamente pobres, son gente en riesgo de exclusión social… Pero devolvamos por un momento lo de “hacer el amor” a los ricos: ¿Y si Mamen no iba de galantería con su expresión, iba al turrón y apuntaba directamente a los ricos como ‘target’ turístico para cuando se pueda? Recordemos que hace cosa de un mes soñaba con un centro de Jerez lleno de áticos con piscina…

Bien, dejémonos de chifladuras. Al final en la vida todo es cuestión de semántica. De semiótica incluso: hasta la jodienda (atención que aquí nos metemos en aguas pantanosas: dios o el diablo nos libre de pretender joder –aún más- la ciudad, bastaría). Es límpido y cristalino que la alcaldesa lo que ha pretendido es invitarnos a que galanteemos Jerez. A ronear de/con Jerez, vaya, en estos tiempos tan malos que estamos viviendo. Precisamente por eso. Hagamos caso por una vez a nuestra prócer y disfrutemos, con nuestras mascarillas y todo, del Otoño del Amor de Jerez.

CODA: Este cronista, gran lector de Vladimir Nabokov y, en consecuencia, con un punto paranoico en cuanto se pone a escribir, no puede dejar de pensar que en la Corporación municipal había alguna apuesta a si caía o no un artículo de este corte tras la frase, ya mítica, de la alcaldesa. Como quiera que ha pasado una semana larga, devuelvan entonces los concejales (y asesores, etc) que apostaron por el “no” la pasta que creían haber ganado a los del “sí” y salgan los del “sí” con sus merecidos dineros a hacer el amor a su ciudad…

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