Jerez de la Fra es de las pocas ciudades cuyo ayuntamiento se rige por el año natural, no por el de la Revolución Francesa (la temporada, que va de septiembre a septiembre… el ciclo de la vida, vaya). El caso es que, claro, como Jerez tiene, de facto, una Navidad de 47 días, pues resulta –debe resultar, imaginamos– complicado centrar esfuerzos en otros temas hasta que no se despacha este asunto.
Por eso Jerez ha empezado 2026 fuerte con todo lo relacionado con las capitalidades: la que tiene ya en su mano, la de la Gastronomía, y la Europea de la Cultura 2031, que está por ver qué va a ocurrir. Es un hecho que, para Jerez, como ciudad, no ser capital de provincia siempre le ha supuesto un cierto trauma –algo más que comprensible, desde luego– que aflora de vez en cuando.
A lo mejor no viene muy a cuento, pero siempre da contexto: este cronista, ya talludito, recuerda unas palabras de Antonio Reyes, por entonces uno de los principales concejales colaboradores de Pedro Pacheco, en una entrevista en la que hablando del Obispado de Asidonia–Jerez venía a decir que “la Iglesia le ha reconocido a Jerez una capitalidad que otras instituciones le han negado”, algo así, muy similar... algo que, se ve, siempre ha estado ahí.
Capital del vino, capital del caballo, capital del motor, del flamenco… en Jerez, si se fija el intrépido lector, la hábil lectora, todo se acaba llevando hacia esa palabra tanto o más que “ciudad de…”. Es curioso, porque siempre esa capitalidad va asociada a productos o servicios de prestigio, incluso con glamour, digamos. Jerez nunca fue ni aspiro a ser la capital de la patata o la remolacha, con todo el respeto, pudiendo perfectamente serlo. Eso sí, habrá que ver, si sigue el ritmo actual de plantación de olivos en su municipio, si dentro de unos años no aspira a ser la ‘capital del sur del aceite de oliva’ o algo parecido, que el aceite de oliva virgen extra (AOVE) tiene todo el prestigio del mundo.
Pues en estas estamos, les decía, con Jerez envuelta, nada más comenzar 2026, en la defensa y obtención de capitalidades, según hacia donde se mire. Para la ostentación de la Capitalidad Española de la Gastronomía, Jerez deberá esperar todavía unos días, ya que será en Fitur cuando reciba el relevo de manos de Alicante, última ciudad en lucirlo. Huelga decir que la hostelería de la ciudad está encantada (o le es indiferente, según y cómo) con este nombramiento que, sin duda, incrementará el número de visitas, tanto de turistas-turistas como de llegados de otras partes de la provincia de Cádiz o de otras limítrofes a pasar el día y disfrutar de los encantos de Jerez, tanto de sus piedras como de sus vinos y su comida.
Respecto a la Capital Europea de la Cultura 2031 lo cierto es que queda mucha tela por cortar. Son muchas las ciudades de peso que hay, aunque es un hecho que Jerez está entre las favoritas, hay otras que también se han tomado muy en serio esta candidatura, caso de Granada, Las Palmas, Toledo o Burgos. Según han ido pasando los meses, Jerez se lo ha ido creyendo y se puede decir que, una vez que ha quedado atrás el impacto del cine español pidiendo la designación de Granada en la gala de los últimos Goya (ya ha llovido), la candidatura jerezana ha ido tomando aire y, bueno, está ahí en la grupeta de escapados, como dicen en el ciclismo.
Ahora se abre un período de evaluación del dossier con las preguntas que todas las ciudades debían responder, período que concluirá con el primer corte, en el que se anunciará quienes siguen adelante y quienes dicen definitivamente adiós.
Pues nada, dentro de poco, una capitalidad más. Si todo va bien y hay un poco de suerte, a final de año, otra capitalidad… e insistimos, si siguen plantando olivos en los campos de Jerez, dentro de cinco o diez años, pues otra. Y por supuesto, ad eternam, vino, caballo, flamenco y motor. A partir de ahí ya…


