El nuevo Concurso Oficial de Agrupaciones de Carnaval (COAC) en el Gran Teatro Falla es el primero de los dos muy tempraneros que van a vivir los aficionados.
La prontitud con la que llega el miércoles de ceniza -teórico límite de la fiesta- este año y el siguiente hace que todo el calendario se adelante.
La final de esta vez está prevista para el viernes 13 de febrero, así que la primera sesión de la fase preliminar debe comenzar muy cerca del día de Reyes Magos, este domingo 11 de enero.
El año próximo aún será más difícil, llegará el récord. La final del certamen está prevista el 5 de febrero, así que habrá que hacer un tetris de alta dificultad para que el concurso no tenga que empezar en diciembre de 2026.

El COAC contará con 123 agrupaciones en la modalidad de adultos, 38 de Infantiles y 18 de juveniles. En total son 179 nombres, propuestas, ideas o ausencia de ellas, en forma de coros, chirigotas, comparsas y cuartetos.
El desglose que envía el Ayuntamiento de Cádiz es probablemente el documento informativo público más largo y denso que realiza la admininstración municipal en todo el año. El gigantismo y la desmesura de la competición del Falla son contagiosos.
El ceremonial creado alrededor del sorteo del orden de agrupación, celebrado -y retransmitido- el pasado mes de diciembre es otra prueba del tamaño que alcanza la burbuja más resistente de Andalucía, más que las hamburgueserías caras y los gimnasios.
Los grupos de mayores se reparten en 53 comparsas, 45 chirigotas, 18 coros y 7 cuartetos.
En infantiles están apuntadas 10 comparsas, 15 chirigotas, 12 cuartetos y un coro.
En juveniles, los grupos participantes son 5 comparsas, 7 chirigotas, 5 cuartetos y un coro.
Estos grupos proceden de seis de las ocho provincias andaluzas y de otras tres comunidades autónomas.
Más allá de los números, llegan las sensaciones. Los que saben, por experiencia propia, de este juego de coplas y vanidades afirman que este COAC marca un relevo generacional. Otro.

El autor Rober Gómez recordaba este pasado otoño que los últimos cuatro primeros premios de chirigotas son muy jóvenes, "alguno no tiene ni 30 años".
"Ahora mismo, para 2026, los únicos autores con más de 50 años, en chirigota, somos Sheriff, Güeli Villegas, Yuyu y yo. No somos tantos. El resto es de una generación más joven, incluso de dos", detalla el nuevo antifaz de oro, José Manuel Sánchez Reyes.
Esa evidencia no es queja ni denuncia, "al contrario, es sano, es natural, es positivo", afirma el último autor. Significa que la tradición sigue tan viva como cuando más lo estuvo.
Nada nuevo bajo el sol del ocaso en La Caleta. Antonio Martín desafió a Paco Alba, Martínez Ares a Martín, Selu García Cossío a los "que rimaban con Logroño", esos jóvenes ochenteros y leídos a sus padres iletrados.
Nueva chirigota, nueva comparsa, nuevo todo
Ahora son los chavales 7.0 los que piden sitio para romper el orden establecido. Ya están aquí. Son mayoría entre el público y en el escenario. No piensan pedir disculpas. Ni tienen por qué.
Desde el primer día se esperan esas nuevas chirigotas con edad media muy baja. Gustan de reírse de todo el mundo con un humor más rápido, televisivo, puro meme, más accesible y también más olvidable. "Lo que más sorprende es lo poco que cambia todo".
El nuevo carnaval es más fuerte y ruidoso, vertiginoso, escandaloso a diario, con memoria de pez payaso, llamativo, más anecdótico que esencial, más de octavilla que de susurro, de carcajada efímera que de sonrisa duradera.
Es decir, igual que la nueva política, el nuevo fútbol, la nueva educación, el nuevo humor, la nueva novela, el nuevo periodismo. La nueva sociedad.
Durará lo que tarde en llegar lo siguiente y nada es necesariamente peor que lo anterior ni lo posterior. Hay de todo. Había de todo.
El presente sólo es realidad. Mucho mejor que la nostalgia -todas las generaciones lloraron por lo pasado- sería dejar a los más jóvenes que disfruten, expongan, digan y hagan. Alguna maravilla saldrá. Siempre sale entre algo de espanto y aburrimiento.
Más pronto que tarde se convertirán, esos "pibes" serán puretas que suspirarán de melancolía y repetirán otra vez, en el año 2060, el mantra eterno: "Lo bueno era aquello, lo bueno era lo mío".
Mientras los historiadores de la fiesta (que los hay) cogen distancia para aclarar todas estas etapas, queda claro que cada vez hay menos nombres conocidos y más participación ajena a la ciudad de Cádiz, es lo que tiene la divulgación entusiasta.
La comparsa mantiene su preponderancia desde la mítica década de los 90, la última en la que mandó la chirigota. Vuelve Martínez Ares, a ver por cuánto tiempo y se ha despedido para siempre Selu García Cossío.
La fiesta sobrevivirá a ambos, a todos, como ya hizo con los más grandes y con los irrelevantes.
La distancia entre carnaval de concurso y carnaval de calle cada vez es mayor. Un muro cada vez más alto los separa, está pegajoso de solemnidad y seriedad por una pared, de condescendencia y arrogancia por la otra.
El coro sigue buscando su identidad en el siglo XXI, aplastado por una fama de conservador que le resta público y con un conflicto de personalidad que le hace dudar. O raíces innegociables o mutación en musical propio Broadway chiquito.
El cuarteto se limita a sobrevivir. Con apenas cuatro grupos audibles en los últimos años, los inscritos no suelen alcanzar la decena (siete este año).
A cambio, el de Miguel Ángel Moreno, Chicho y Gago es una de las agrupaciones con más seguimiento de todo el certamen, las últimas estrellas deslumbrantes, junto con Martínez Ares y pocos más, en las cuatro categorías.
Esos cuarteteros de guardia parecen las últimas reservas de la osadía y la transgresión, la puya política y la valentía.
Este año se produce el regreso de Antonio Labajo, un autor infrecuente en el escenario (más habitual en los micrófonos de la radio) siempre a medias entre la creación e interpretación de teatro o el audiovisual y el carnaval gaditano.
La penúltima bronca: la tramoya sin rima
El jurado estará presidido por Manuel Guimerá de la Peña y provocará las polémicas habituales. El mundo de comparsilandia tiene mucho apego por la controversia y la bronca, forma parte del folklore.
Tanto que este año ni siquiera ha sido necesario esperar a los primeros fallos del tribunal. Un conflicto laboral interno, un pique entre grupos de funcionarios y trabajadores públicos ha desembocado en una amenaza de plante en el COAC.
Hasta 40 grupos han firmado un escrito en el que piden que el regidor de escena sea una persona determinada. Ninguno de los firmantes cumplirá la amenaza. Sólo faltaría perderse su juego favorito por una disputa externa y extraña.
Esa anécdota en el prólogo sirve para confirmar la querencia por la disputa, la exageración de todos los sentimientos y emociones que rodean a un evento tradicional transformado, como todos, por el impacto digital y audiovisual.
Lo único permanente es el cambio. Este pequeña ceremonia local no iba a ser una excepción. Cádiz y su fiesta son menos different de lo que les gusta decir.




