La última noche electoral del 10N de 2019, en la sede del PP, Génova, 13.
La última noche electoral del 10N de 2019, en la sede del PP, Génova, 13.

Tajante (de tajo). No se me ocurre otro adjetivo para referirme a la decisión del PP de cambiar de sede después de la leche que se ha pegado en Cataluña. Ya sé –de hecho se lo recuerdo constantemente a la lectora neófita, al lector advenedizo- que en estas líneas lo habitual es ceñirse a las cosas que ocurren en Jerez y, en consecuencia, no se suelen abordar tema de interés nacional, internacional o incluso cósmico, que de finos analistas al respecto anda sobrado el medio que usted tiene ahora delante de sus narices, pero creo que de la decisión del PP nacional de marchase del edificio de la madrileña calle Génova se extrae una serie de enseñanzas que no conviene pasar por alto.

Ya, ya… ya sé que la lectora más intrépida, el lector más avisado, puede pensar que el PP no se marcha de dicho edificio realmente por el mal resultado electoral en Cataluña, que lo haría para romper con la corrupción que rodea todo lo relacionado con la remodelación de dicho inmueble… pero debo advertirles del error que cometen. ¿Si el PP, que ya tenía cuatro precarios parlamentarios, en vez de tres hubiera sacado, no sé, ocho –que no era tan difícil teniendo en cuenta el hostiazo (no se me ocurre otra palabra) de Ciudadanos- hubiera decidido cambiar de sede nacional? Qué va, hombre. Se trata de tapar un parche con otro, un disparate con otro, si me apuran, un cambio de tercio en toda regla. Como ocurre con los prestidigitadores, se trata de una maniobra de distracción, justo en un momento crítico, encaminada a concentrar la atención –en este caso de la opinión pública- en un sitio que no tiene mayor interés para tapar –y así seguir adelante- con lo que de verdad interesa, que son los malos resultados. 

Pero que conste que no es una recriminación o similar, ¿eh? Aquí no estamos para eso. Además, permitan que les diga que a este cronista, empecinado en hacer un artículo semanal sobre una ciudad anestesiada como Jerez, le vale perfectamente. Y en distintos frentes. Cabe preguntarse en primer lugar cómo encajarán los trabajadores del PP y los políticos que van allí a hacer sus gestiones –e incluso los periodistas que cubren su información- verse trasladados por ahora solo dios sabe dónde y en qué condiciones. Miren, yo conozco el edificio por dentro –no sé si pre o pos reforma- y es una infraestructura estupenda, la verdad. Además, está exactamente a un paso de la cervecería Santa Bárbara, que no es ninguna tontería (por cierto, allí vi una vez comiendo marisco a Sánchez Dragó con un pibón que… perdón, perdón, que nos estamos dispersando). Total, que cuando salió la noticia le dije a mi pareja (socia de tradición familiar), así, en plan ocurrencia peregrina, mientras veía cómo se daba la noticia en el telediario de Vallés, que bien podría el PP permutar la sede con La Mutua Madrileña, en la calle Almagro, muy muy cerca de Génova, y así poder seguir disfrutando, entre otros servicios, de la cervecería Santa Bárbara, pero me respondió de forma lacónica que hace tiempo que La Mutua se ha mudado a la Castellana y que, por cierto, hace años que dejó atrás el gentilicio… a todo esto mientras cambiaba de canal a ver si empezaba no sé qué peli y atacaba un sándwich para cenar, que las mujeres, efectivamente, pueden hacer varias cosas a la vez sin mayor esfuerzo. Un tanto decepcionado, miré el número -ya saben que el paseo de la Castellana es kilométrico- y al ver que era el 33 pensé que debía caer cerca, pero no iba a ser lo mismo. Esperen, que va… ¡Abro el Google Imágenes y me doy cuenta de que se trata de las Torres de Colón, las antiguas Torres de Jerez en la época de Rumasa! No, no creo que al PP le interesase mudarse –no sé cómo recogería este hecho Andrés Trapiello en su sensacional guía (y mucho más) Madrid que aprovecho para recomendar- a un edificio que también tiene leyendas de todo tipo, totalmente descartado…

Otra opción es erigir una de esas ciudades que están en la periferia, la Ciudad del PP o, mejor aún, Ciudad Popular (aunque suena un poco a régimen chino) e irse al lado de la Ciudad del Santander (no sé… lo de tener al lado al acreedor precisamente de la sede) o de la Ciudad de la Justicia… huy, no, no, aquí mejor tampoco… Además, estas ciudades precisamente no sé si son el modelo.

Dejemos, en definitiva, al PP con sus tribulaciones y el hatillo de sus circunstancias, como diría Ortega, que bastante tiene para ahora encima ponerse a buscar casa, con lo complicado que es, y extraigamos las indudables enseñanzas que se desprenden de la decisión adoptada por los populares. Esto nos lleva a una primera pregunta, así, un poco Foucault: ¿la mudanza se convierte, en definitiva, en la respuesta posmoderna ante el fracaso? Les propongo un ejemplo que puede resultar un tanto pedestre para los no futboleros, pero piensen en el alcance de la medida: En línea con la decisión, del PP, ¿si el FC Barcelona termina la temporada tal y como parece que la va a terminar, la próxima seguirá jugando en el Camp Nou o buscará nuevo estadio? A más a más, como dicen por allí… teniendo en cuenta la situación política actual, ¿terminará pidiendo el ingreso en la liga francesa, teniendo a futuros como partenaire de Le Classique al París Saint Germain, que suena más chic y más partenaire y todo que el Real Madrid? Y al Atlético, si al final no gana la liga, ¿le dará un ataque de romanticismo y pedirá reconstruir el Vicente Calderón? No sabemos, amigos; estaremos atentos, amigas…

Pero dejemos por ahora las procelosas aguas del fútbol (sobre todo cuando no entra) y centrémonos en la política, siempre más serena y reposada. Allá va una nueva batería de preguntas: ¿Se sentirá el PSOE obligado a marcharse de la sede de Ferraz cuando se dé un hostiazo? Ya les digo yo que no. Aunque puede que no sea tan cómoda como Génova –por cierto, yo estuve en los 90… ha pasado todo un mundo, así que no sé cómo será ahora- es un hecho que Ferraz lleva a todas partes: al Palacio Real, al de la Moncloa, al Parque del Oeste, incluso tiene al lado el Chapandaz (bebidas irrepetibles hasta en el nombre… no me voy a extender), los multicines cool, el chino de la plaza de España (cerrado por obras). Lo tiene todo. Ya digo, ni con agua caliente. Lo que no sabemos es que ocurriría llegado el caso con el PSOE local. La mudanza sería también la respuesta posmoderna ante el fracaso o dicho de manera más sencilla: ¿Habría mudanza tras una leche? Tras una leche, no creo. ¿Y un hostiazo? Un hostiazo ya es otra cosa. De Francos (sin faltar), se saltó a Sevilla, así que la brújula marca hacia el norte…

Pero me gusta más pensar en el Ayuntamiento. ¿Qué ocurriría si Urbanismo –lo digo solo por citar un área con nombre, edificio y ubicación significativos, que conste- no cumpliera, vamos a decir, los objetivos marcados en la legislatura? ¿Se plantearía también la mudanza? ¿Hablaría con Diputación para ver si le deja Ifeca una temporada? Ahora, con la vacunación masiva a las puertas, sería complicado. Tal vez a la vuelta del verano haya respuestas a todas estas preguntas…

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