Beltrán Domecq, firmando en una bota. FOTO: CONSEJO
Beltrán Domecq, firmando en una bota. FOTO: CONSEJO

Hay días que recuerdas por lo buenos que son, otros por lo terribles y otros porque, digamos, se dan la vuelta y no sabes muy bien con qué parte quedarte. No me acaba de convencer la palabra, pero convengamos en que se trata de días agridulces. Él no se acordará –aunque precisamente yo no soy la persona más indicada para asegurarlo-, pero un día metí la pata con Beltrán Domecq. Así, como suena. Mea culpa. Paso a explicarme.

Fue un estupendo día de Feria –de la Feria del Caballo, ¿se acuerdan?- y la plana mayor de Domecq Jerez había invitado a unos cuantos periodistas a uno de esos aperitivos que acaban siendo una manera como otra cualquiera de llamar a un almuerzo-merienda. Estoy hablando de hace más de veinte años, casi nada. Aunque Beltrán y yo habíamos coincidido en varios actos bodegueros e incluso un par de veces yendo a Madrid, habíamos hablado más bien poco. Ese día, convenientemente regado con fino ‘La Ina’, estuvimos bastante rato de charla en la caseta perenne que la empresa tenía en el González Hontoria. Qué cosas. Del interior habíamos salido ya a la terraza, a ver pasar a la gente tomando la penúltima al fresco, aprovechando que corría un poco de aire.

Era uno de esos días mal llamados ‘tontos’, un lunes o un martes, seguro, días que tan a menudo suelen ser los mejores. Después de arreglar el sector bodeguero (siempre en crisis), la prensa (crisis perpetua) y buena parte de Jerez (qué decir), llegó el momento de irse, ya a media tarde. Pues hete aquí que al ir a despedirme de Beltrán le llamé Bartolomé. La leche. “Hasta luego, Bartolomé, muchas gracias por este estupendo rato”, le dije, o algo similar, justo antes de echar a andar para alcanzar al resto de periodistas. Como en la Feria el ruido es parte consustancial, Beltrán hizo como que no me oyó –siempre un gentleman- o no me oyó, aunque estoy casi seguro de que sí. El caso es que tanto tiempo después, tengo ese recuerdo como una de mis ‘magdalenas’, que diría el monsieur Proust…

¿Fue por un evidente exceso de ‘La Ina’? ¿Tal vez un simple lapsus? Son dos preguntas cuyas respuestas no son en absoluto incompatibles. No voy a ser yo el que les cuente en qué consiste un buen rato de Feria, lo que sí les voy a decir es que, efectivamente, unos años antes este cronista había trabajado en Madrid con el doctor Bartolomé Beltrán (Beltrán de apellido), que en los años 90 y primeros 00 fue una estrella de la tele (esto va para informar a la muchachada), casi siempre vinculado a Antena 3. Así que yo diría que fue al 50%...

Beltrán… Desde aquí te doy la enhorabuena por tu trabajo al frente del Consejo Regulador y por toda tu trayectoria. Espero que, efectivamente, ahora que tendrás algo más de tiempo, en próximos libros sigas ahondando en ‘el vino de Jerez y sus misterios’, que conoces como nadie.

Ah, por cierto, ves que hace mucho que no te llamó Bartolomé. Ya va tocando, al menos crear las condiciones para que ocurra…

¡Un abrazo!

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