Unos amigos tomando cañas en una terraza. FOTO: THE BLUE TANGERINE.
Unos amigos tomando cañas en una terraza. FOTO: THE BLUE TANGERINE.

En Jerez hay gente realmente tozuda que se empeña en no ir a la playa los domingos de verano. Bien pertrechado en casa se puede sobrellevar hasta la caída de la tarde, el problema viene cuando estamos ante un auténtico tozudo que se empeña en salir y hacer vida normal, como si tal cosa, capaz incluso de ir al centro. Además del calor, nuestro hombre (o mujer… pero este tema es más bien masculino) debe ser consciente de los múltiples peligros que le acechan, ocultos —y recostados— en la barra de cualquier bar y que son mucho más latentes debido a la palpable soledad y abatimiento que se respira.

Además del calor, esos peligros se resumen en una palabra: el experto. El experto no es siempre detectable, físicamente no suele emitir señales de evidente peligro, hay que esperar a que abra la boca para percatarse de su presencia. Y de sus intenciones. El experto, por ejemplo, suele ser seguidor de los deportes de motor, sabe más que nadie de pilotaje, de vueltas rápidas y usa expresiones sincréticas como ‘cambio de zapatos’ y grita ¡wow! cuando hay adelantamientos, así, en inglés.

De su boca suelen salir también extrañas comparaciones entre Jorge y Márquez, exabruptos contra Rossi y anhelos de que Alonso finalmente encuentre coche antes de su jubilación. Este experto es de los más bonancibles que el jerezano tozudo puede encontrar, ya que su ámbito de actuación se suele constreñir a la hora del aperitivo. Más peligroso es el futbolero. El experto futbolero ahora con el Mundial puede aparecer exactamente a cualquier hora. Es reconocible porque habla de “la magia de Isco”, “la clase del Principito” o se refiere a Iniesta con un diminutivo, tipo Andresito o Iniestita o incluso como ‘Choquito’, por lo blanco que habitualmente está el de Fuentealbilla.

Además, sabe perfectamente a estas alturas que Alemania no va a ganar el Mundial y que Kane va a ser el máximo goleador. El diagnóstico es claro, el tozudo debe buscar lo antes posible cobijo en otro punto de la barra, mejor cerca de los servicios. No obstante hay un tipo de experto aún más duro: el de temas políticos y sociales. Ese habla igual de la independencia de Cataluña, “la llegada de negros” o La Manada, de hecho a veces parece llevar los temas en escaleta: si nota que con uno de los temas no obtiene audiencia, inmediatamente salta al otro y tan pichi.

El otro día en esta categoría fue detectado en Jerez un caso extremo, un experto que quería explicar qué era lo de la manada a un grupo de guiris utilizando ese viejo truco español con los idiomas de hablar más alto… El diagnóstico está claro: cambio de bar o casa. No hay solución.

En realidad, estos expertos no suelen ser puros. Muchas veces aparecen otras variables que condicionan su saber o, al menos, la exposición de los mismos. Por ejemplo, el factor ‘cocidito’. Unas cuantas cervezas de más o un par de gin-tonics con un calor excesivo ablandan cualquier cerebro, sin duda, y hacen que entre en la categoría de experto gente con propensión, claro, pero que hasta ese momento no había dado el paso. Otro es el ‘factor boliza’.

El boliza sabe que tiene una buena oportunidad a deshoras —a deshoras un domingo de verano en Jerez son las seis de la tarde— y está dispuesto a aprovechar la escasez de personal para ‘poner en su sitio’ a los pocos valientes tozudos que se encuentre en su camino. Ojo, tozudos jerezanos, si no hay una reacción a tiempo cuando el experto va adornado de las características del ‘cocidito’ y/o del boliza aquí sí que se puede pagar caro: el próximo domingo a las diez de la mañana ser el primero con la sombrilla y nevera buscando sitio en la arena…

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