La pista de baile de la Alameda del Banco.
La pista de baile de la Alameda del Banco.

Cuando llegó el momento de la inauguración, las autoridades dudaron. Lo normal hubiera sido poner algo de ritmos latinos o, tal vez, comenzar con pasodobles… El problema es la modernidad: cuando te conviertes en moderno ya no puedes parar. Es algo que continuamente se retroalimenta. Y el espacio de baile construido en la plaza del Banco (General Primo de Rivera: ¡ar!) se planteó, sin duda, como una conquista de la modernidad destinada a las personas mayores. Las primeras propuestas, íbamos diciendo, tiraban hacia alguna bachata clásica de Juan Luis Guerra, algo tipo Mojado en ti, pero este tema insigne fue rechazado por dos motivos: el primero, por eso, porque no se consideró suficientemente moderno; y segundo, por guarrilla, que en las huestes socialistas de siempre ha habido mucho colegio de monjas y eso se queda ahí, no fuera a ser que los viejos se vinieran arriba y…

El reggaeton se puso inmediatamente sobre la mesa, eso sí, ungido por la indudable modernidad que da llamarlo electro-latino. Por supuesto, siguió idéntica suerte que la bachata. A las mismas objeciones monjiles –en este caso no exentas de cierta razón, todo hay que decirlo— se unieron otras de más calado, como la posibilidad de que alguna señora de edad se viniera arriba con el twerking (vulgo, perreo) y además de causar pesadumbre e incluso cierta zozobra en algunos de sus familiares durante su actuación pudiera acabar directamente en el traumatólogo con la cadera hecha cisco…

Tango, vals… el tango es que es complicado… un tango de a ley, ¿eh?, ahí hay mucha tela que cortar si se hacen bien las cosas y se da todo –supongo que no se puede bailar el tango de otra manera- por lo que se pasó directamente al vals, que fue descartado por ser muy previsible, un pelín empalagoso y porque un concejal se empeñó en que se sirviera luego una merienda a base de tarta Sacher y hacer así un homenaje a Viena, ciudad a la que fue con su mujer hace unos años en el típico tour de una semana que se completa con Praga y sus cervezas.

En la Sala U del Consistorio jerezano cundía ya el desaliento cuando comenzaron a producirse propuestas, digamos, de corte anglosajón. Una concejala –a la que un novio le dijo en su día que tenía las piernas de Tina Turner: algo querría el muchacho— propuso inaugurar el espacio de baile con Private dancer, pero finalmente fue desestimado porque la misma concejala quería que, ya que está en edad, acudiera a la inauguración la mismísima Tina, eventualidad que no termina de encajar con la austeridad con la que el Ministerio de Hacienda trata al Ayuntamiento de Jerez casi desde que el mundo es mundo; a continuación, otra concejala, así con la modernidad que da llevar mechas de colores, propuso abrir con Let’s dance, de David Bowie, algo que en general no fue mal recibido al tratarse de una coplilla con un aire ‘funki’, pero que motivó un ‘a más a más’, que diría un catalán, al proponer un concejal que fue un poco punki de joven que “se pusiera en valor” la versión de Los Ramones del Do you wanna dance, que tiene su “under the moonlight” y todo, que iba muy bien para la hora prevista y que se podía hacer con una coreografía de esas tipo baile tejano, que además en estos tiempos de pandemia, además de vistoso sería estupendo por las garantías de distancia social que ofrece dicho baile…

Pues en esas siguen. La reunión terminó sin acuerdo ya que tres horas después de iniciarse la alcaldesa Mamen tenía que ir a inaugurar no sé qué en no sé qué barriada, ya se enteraría en el coche, pero no dejaba de pensar en sus concejales, en los problemas que le están dando ahora que son diez en vez de siete (que de hecho eran seis) y en esa peli que vio el otro día en una plataforma: Danzad, danzad, malditos…

Coda: como el otro día, recordar a quien haya visto algo vejatorio o insultante en la palabra “viejo”, que debería ponerse en contacto con el profesional más adecuado, desde aquí no podemos ayudarle…

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