Un instante de 'Capitanes intrépidos', de Victor Fleming, para ilustrar estas 'Confesiones de un hombre perimetrado'.
Un instante de 'Capitanes intrépidos', de Victor Fleming, para ilustrar estas 'Confesiones de un hombre perimetrado'.

En mi ya longeva vida me he levantado de muchas maneras, pero nunca ‘perimetrado’. Me he levantado eufórico, abatido, descansado, resacoso, empalmado, vengativo, molido, descojonado… incluso no me he levantado (técnicamente es imposible levantarse si antes no te has acostado, claro… aunque esto ha sucedido muy pocas veces, advierto, no sé si por ser persona de orden o por la simple costumbre), pero hasta ahora no me había levantado ‘perimetrado’. Qué va, en absoluto.

No me gustó nada estar dos meses confinado porque no acabé de entender cómo dos semanas se convirtieron en dos meses, ver cómo mi país era el que más muertos tenía del mundo y en la tele estaban más pendientes de las andanzas de Trump y Bolsonaro y de a ver quién hacia la gilipollez más gorda en su terraza, no saber si la mascarilla servía o no, de los guantes qué decir (recuerdo que cuando nos dejaron pasear salí una vez en manga corta y con guantes de látex… qué pinta, parecía una especie de cirujano despistado o uno de los de Kraftwerk). La única conclusión que extraje de ese período es que la gente con perro vive mejor, como podría titular una hipotética revista que se llamara ‘Sabueso y Podenco’. Pero todo esto ya lo saben los fieles lectores de Confesiones de un confinado y/o Confesiones de un pandemita, secciones diarias durante los meses de marzo, abril, mayo y parte de junio en lavozdelsur.es. Como confinado y como pandemita me evité el psicólogo –el psicólogo que, me permito afirmar, necesita urgentemente buena parte del personal patrio, la gente empieza a estar como una regadera- a base del uso de estas líneas a modo de catarsis persona, debo ser el primero en reconocerlo e incluso agradecerlo.

Pero hete ahora que en Jerez-Costa Noroeste-Sierra nos vemos perimetrados (lo voy a poner ya así, sin comilla o cursiva) en cuanto a desplazamientos y que además nos quedamos muy lejos de Cenicienta –de repente, esa trasnochadora poligonera- en los horarios diarios que nos imponen. Los datos de Jerez no son buenos, desde luego, pero todos sabemos que en realidad se trata de evitar que más de 200.000 personas nos movamos durante el Puente de los Santos y, por supuesto, que esto –llegado el caso- se hubiese llenado de madrileños, pero nadie ha tenido a bien decírnoslo a las claras, para qué.

Los políticos –me da igual el signo, incluido el de los tiempos- hace mucho que nos tratan como a sub… digo, como a niños. Como a niños no me refiero a la actual sobreprotección de nuestros futuros Einstein, Curie o Messi en potencia (jajaja), sino a la acepción de la vieja escuela, es decir, con los niños se habla lo justo porque no hay gran cosa de la que hablar: deja de joder con la pelota (versión Serrat), deja de trastear debajo de la mesa que me vas a romper las medias (versión mi madre), etc… explicaciones, las justas. Pues así. Vivimos en un país en el que uno decreta el estado de alarma y va a estar seis meses del tirón sin darse una vuelta por el Congreso para renovarlo –que a ver, que ya se veía que debe ser agotador eso de reunirse telemáticamente todas las semanas con gente tan… bueno, tan dispar, digamos, como Torra, Revilla, Ayuso o Armengol, algo nocivo, sin duda, para el organismo- y el otro se limita a perimetrar (al borde de la redundancia), que para eso Andalucía no se acaba nunca.

Y no nos dicen para que nos sitian (en cuanto a horarios) y luego nos perimetran porque llevaría implícito el reconocimiento de la nefasta gestión que se está haciendo, parche tras parche hasta el parche final. Por lo que nos toca más de cerca, está claro que los números que la pandemia arroja en las últimas semanas en localidades como Grazalema tiene mucho –todo- que ver con el anterior Puente de la Hispanidad (o como le quieran llamar), con aquellas imágenes serranas de cientos y cientos de excursionistas a lo suyo, que aquello parecía el ascenso al Everest un día soleado. Solución: Jerez perimetrado. Fácil.

Bien… sitiados y perimetrados, cautivos y desarmados, nos vemos egoístamente, al menos hasta el 9 de noviembre, siquiera sin opciones tan modestas como ir a un mosto garajero de Trebujena, ir a comer un ‘poor boy’ a Puerto Sherry o dar un simple paseo por Valdelagrana… y con la doble duda de si se puede ir a Lomopardo a comer un arroz con conejo –primero por el perimetrado ¿es todo el municipio o solo la ciudad?, segundo porque lo mismo ni se molestan en hacerlo… el conejo con arroz, digo- pero al menos el político de turno se queda con la cosa de lo bien hecho cuando impone este tipo de medidas, justo antes de decirle a su pareja “tenía que hacerlo”, poniendo cara de Netflix mientras apaga la luz de la mesilla de noche...

El jueves la tele decía que buena parte del virus que hay ahora por Europa es ‘marca España’, producto de Aragón más concretamente. Se trata del brote que surgió en verano. Algunos ya dijimos entre las amistades que “atención a esa mierda”… pero España vivía en su nueva normalidad, tremendamente parecida a la anterior: los inmigrantes jornaleros de campaña en campaña viviendo hacinados, de manera lamentable mientras los demás –políticos incluidos- veíamos lo que ocurría entre birrita y birrita en la terrazita (con z). Lo normal, vaya…

Pues nada, hasta el 9 de noviembre perimetrados. Como esto tiene mala pinta, he subido ya con urgencia algunos libros y películas del sótano, por lo que pueda venir. Destacaría Diario de un hombre perimetrado, de Félix de Azúa (atención, neoizquierdistas, que este tipo luego fue fundador de Cs, estáis avisados); El hombre sin perímetros, la magna obra de Robert Musil; Perimetrón, Perimetrón, de William Faulkner (que ya amanecerá, que al paso que vamos no es poco) y, por supuesto, El perímetro, de Franz Kafka (contigo empezó todo). Como ya saben que las series me aburren, llega el momento de repasar algunos clásicos de cine, siempre con la duda de ver Capitanes perimetrados o Perimetrados intrépidos, que incluso tiene mejor pinta…

Bien… cuídense. De nuevo. Y así.

POSDATA: estas líneas se escribieron el miércoles por la tarde y el jueves por la mañana (28 y 29), antes de que se diera a conocer el mal dato de Jerez. La paliza recibida ayer (30) en el dentista –esto no quedará así- y la habitual molicie de este cronista han hecho imposible una reforma del artículo más contundente…

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