La alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, en rueda de prensa.
La alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, en rueda de prensa.

El Ayuntamiento de Jerez, con dirigencia de clara vocación socialista, interpretó hace unos días de manera particular las señales emitidas por el Gobierno de Madrid y se puso a trabajar en la confección de su propio plan para el año 2050: esta vez Jerez no iba a quedarse apeado del progreso, al menos no a las primeras de cambio.

Los primeros contactos arrancaron de manera prometedora. Como los periodistas, siempre satisfechos cuando tienen claro un titular aunque no hayan escrito ni una sola de las cien o doscientas líneas que hay que redactar a continuación para completar un artículo, la mayoría de los concejales se mostró encantada cuando salió a relucir en la reunión uno de esos nombres rotundos con los que da gusto dar forma a un documento, todo un caramelo. Allí estaba ese nombre, el nombre, justo delante de sus narices: Frontera 2050. Fácil e ingenioso a la vez. Frontera 2050. ¿Qué otro nombre podía darse a un documento de futuro a largo plazo para Jerez de la Frontera?

Como de costumbre, hubo un par de pesados –casi agoreros, habría que decir- que no lo veían, que creían contraproducente que el apellido ‘Frontera’, con todas las connotaciones reaccionarias que para algunos lleva implícito el término, diera nombre a un documento tan ambicioso, por lo que propusieron Jerez 2050, algo aséptico y tal vez no muy original pero fácilmente identificable en los ámbitos espacial y temporal. Tuvo que ser Mamen en persona como alcaldesa quien salió a hacer valer, si no su voto de calidad, sí la calidad de su voto tras decir alto y claro que “el documento se va a llamar Frontera 2050 y sansacabó, leches”, apreciación a la vez fina y de calado que fue recibida entre aplausos y aullidos de júbilo por los concejales y que venía a cerrar un tema que al final llevó varias horas de debate cuando parecía que estaba todo hecho a los cinco minutos, las cosas de la política.

Siguiendo con el símil, como les pasa a veces a los periodistas cuando tienen el titular, a continuación se produjo una pequeña crisis: la de “ahora hay que dar contenido a esto”. Fue el momento que algunos concejales aprovecharon para ir al excusado, otros a recoger al niño al colegio e incluso algunos bajaron al bar a tomar un montadito de palometa con queso, platillo histórico de la gastronomía de alcance jerezana que parece que ha vuelto en sus dos modalidades básicas: con y sin pimiento morrón.

Pero dejémonos de digresiones. Efectivamente, cuando se retomó la reunión, llegó el momento de las ocurrencias, lo habitual en las reuniones cuando renquean las ideas. ¿Qué se podía incluir en Frontera 2050? O dicho de otra manera, digamos, más cínica: ¿a quién coño le importa lo que ocurra dentro de treinta años, números redondos? Los y las concejales fueron lanzando distintas propuestas que fueron recibidas entre caídas de ojos, pequeños bufidos e incluso nuevas fugas a por más montaditos de palometa y queso.

Sin embargo, trabajarse, se trabajó. Sin más dilación, ahí van algunas de las ponencias que fueron materializándose y a las que ha tenido acceso este cronista: En primer lugar está Jerez, Ciudad Woke, una apuesta por atraer, con la disculpa del teletrabajo, a los distintos grupos –por supuesto no obreristas- que se mueven en el mundo de la neoizquierda identitaria… eso sí, sin olvidar incluir en la promoción, como si de simple turismo se tratara, los nueve meses de buen tiempo y la cercanía de la playa, factores clave, seguro, cuando hablamos de neoizquierdistas mesetarios o incluso de Pirineos para arriba; también salió a relucir ONJ.erez, hábil juego de palabras para radicar inversiones de ONGs de España y del exterior, un sector con posibilidad de creación de empleo aún por explorar. Ya en clave más prosaica hay que destacar Jerez: Un Local, Un Bar, título de una emotividad descriptiva ante la que huelga cualquier comentario… o incluso la recuperación del ochentero Jerez, Ciudad del Motor, ahora remozado como Jerez, Ciudad del Asfalto: Una Apuesta por el Macadam Inclusivo, capitaneada como es lógico por José Antonio Díaz, concejal del ramo y últimamente, tras el pasado pleno municipal, conocido en distintos sectores de la ciudad como el Ángel Caído.

Capítulo aparte merece una audaz ponencia de última hora que aboga por la “inevitable” fusión de Jerez y El Puerto en un único macromunicipio a treinta años vista. Esta idea generó notable entusiasmo entre los concejales, que ven, entre otras cosas, cómo a partir de ahora, para afianzar su ingreso o pertenencia a la clase media, ya no tendrán que comprarse forzosamente un apartamento en Valdelagrana con el que agasajar en verano y fines de semana a suegros y cuñados, al ser todo Jerez. Como ocurre siempre, tras dos o tres horas de duro trabajo y concentración, las ideas volvieron a dar paso a las ocurrencias. Porque… ¿cómo se llamaría el macromunicipio? En principio hubo dos finalistas, que no terminaron de convencer.

A saber: Jerez de Santa María y El Puerto de la Frontera. Que a ver, que los nombres fruto del intercambio entre ambas ciudades no estaban mal, pero el primero resultaba tal vez demasiado cristiano y el segundo seguía manteniendo la ‘frontera’, término que es sabido que es motivo de disgusto entre la neoizquierda, siempre pendiente de los problemas de los ciudadanos. Finalmente se decidió que la ciudad resultante se llamase Jerez-El Puerto, algo así como Atenas y su particular El Pireo, ambas ciudades –las nuestras- liberadas ya de sus fronteras y vírgenes. Cada antiguo municipio conservaría, al menos en principio, su propia junta, por lo que en realidad estaríamos hablando de poco más que de la elección de una supra alcaldesa, puesto para el que fue propuesta, sin más dilación, entre nuevos aplausos, aullidos y otra ronda de montaditos de palometa con queso Mamen, que no pudo evitar cierto rubor al imaginarse dentro de treinta años como una auténtica Mamen Carmena, regidora de los destinos de Jerez y buena parte de la Bahía…

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