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Haber nacido varón y heterosexual te lleva a recapacitar sobre tu posición en el mundo. Uno no entiende que existan hombres que parecen disfrutar haciendo daño a las mujeres. Son maltratadores, pues se valen de su poder y su fuerza para infringir sufrimiento a personas que consideran inferiores.

Desde mi posición de “hombre por la igualdad” me satisface compartir mi vida con iguales, es decir, con personas que se ubican en el mismo estadio que yo, con las mismas capacidades para acordar y decidir cómo debemos de vivir la vida. Eso quiere decir que “no es no” porque una parte lo ha decidido así y cuando te dan el sí, te llena de orgullo poder compartir momentos con la otra persona.

Me rompe el alma ver como hay hombres que se sienten propietarios, dueños o superioresa otras personas y, fundamentalmente, a las mujeres. A eso se le llama MACHISMO. Hay que llamar las cosas por su nombre.

Tras los escalofriantes datos que vamos conociendo en los últimos años, hago un llamamiento a los hombres igualitarios, para que nos posicionemos en favor de la igualdad y no nos callemos nunca. Debemos denunciar las malas prácticas machistas que se suelen dar en los círculos exclusivos de hombres, responder a los comentarios jocosos y lesivos que son inadmisibles. Para eso tenemos que salir del armario y manifestarnos como “hombres por la igualdad”.

Dejemos de hacer minutos de silencio que se quedan en lo simbólico y legislemos contra el machismo. Dejemos de aprovecharnos de los terribles actos machistas para pedir la prisión permanente revisable. Eso no sirve para nada, está comprobado. Debemos convertirnos en activistas por la igualdad, posicionándonos claramente, recriminando, denunciando y enfrentándonos a los machistas. Somos nosotros los que tenemos que oponernos a su violencia, a sus chistes y bromas de mal gusto, y a esos micromachismos que muchos hombres vemos como natural, pues desafortunadamente nos ha acompañado toda la vida.

Doy por hecho de que las mujeres y su feminismo vencerán en esta lucha desigual; pero cuantas más personas seamos las que combatamos esas malas prácticas antes conseguiremos la igualdad real que todos y todas nos merecemos; seremos más felices y más cerca del cielo estaremos.

Esta batalla la tenemos que ganar pues los derechos humanos también pertenecen a las mujeres, que suponen algo menos del cincuenta por ciento de la población, mal que le pese al patriarcado. Venceremos.

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