Frankfurt, en una imagen de pixabay.com
Frankfurt, en una imagen de pixabay.com

Perspectiva es un vocablo –femenino— que supone la contemplación del mundo desde un solo punto de vista.

Que vivimos en una sociedad muy desigual, donde las mujeres no tienen los mismos derechos reales que los hombres, es algo que salta a la vista, y solo los necios y los muy malintencionados niegan, y sin embargo la mayoría de nosotros no incorporamos a nuestro pensamiento esa realidad diferencial y desigual, para intentar equilibrar la balanza de la igualdad.

Esto sucede en todas las facetas de la vida, donde los hombres dejamos la impronta, con un sistema que solo da credibilidad y fiabilidad a nuestra forma de ser y entender, y en base a ello todo lo interpretamos, vemos y ejecutamos desde una perspectiva sesgada, machista y patriarcal.

Pasa también con el lenguaje donde el masculino es impuesto como genérico común, en la docencia, la investigación, los medios de comunicación, el poder político, la judicatura, las leyes, y en la sociedad en su conjunto. Todo es visto y comprendido desde el prisma hegemónico de una masculinidad egoísta, intransigente, y nada democrática.

Para subsanar esta situación, la perspectiva de género es un instrumento básico e imprescindible, que desvela la realidad de las relaciones que mujeres y hombres establecen, y los elementos que contribuyen a explicar la desigualdad que observamos en ella. Analizar lo que vemos desde la desigualdad, en la única forma que tenemos de entenderla, enseñarla, y mejorar.

El patriarcado diversifica y camufla la desigualdad de un sistema, que responde solo y en exclusiva a las necesidades de una parte de la población (la masculina heterosexual), dando por supuesto que estas son generales y universales.

Pero los hombres seguimos igual, sin despegarnos un milímetro de un guión ruin y egoísta, vilipendiando a todas, y todos aquellos que se atreven a cuestionar esta ideología, o a escaparse por los hilvanes de un traje muy mal cosido, que ya se queda pequeño, unos dándole un poco de vuelta a la tortilla, utilizando el femenino como genérico en el lenguaje, o denunciando los desequilibrios, y la posición de privilegio de que gozamos, para cuestionar una hegemonía que a los hombres nos reporta incontables beneficios

¡Ay¡ como les duele entonces a los que pregonan que todo es mentira, que somos seres trasnochados, caducos, izquierdistas, extremistas, adoctrinados por la perversa ideología totalitaria del género. Pero claro, no hay peor ciego que el que no quiere ver, y el ladrón piensa siempre que todos son de su condición, y esto es lo que les pasa.

Porque para ellos es fácil hablar desde la comodidad de sus privilegios y beneficios, para desde el altar de la masculinidad única y verdadera, negar la mayor y apostar por la anécdota elevándola a la categoría de las verdades absolutas e infranqueables.

Pero esa es su estrategia, y por eso es tan importante tener perspectiva de género en todo lo que pensamos y hacemos, por insignificante que sea, porque solo así podremos entender el abismo que nos separa de la igualdad, comenzar a corregir injusticias, y desenmascarar la mentira de una masculinidad que es la herramienta utilizada por los poderosos para la explotación y la desigualdad social.

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