Lo normal

Es imposible no sentir asco y al mismo tiempo un inmenso miedo por la indefensión en la que estuvo y desgraciadamente sigue estando aquella niña que cuando sufrió la violación múltiple era menor de edad

Un cartel con el lema 'No es no', contra la violación, en una imagen de archivo.
Un cartel con el lema 'No es no', contra la violación, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

Esta tarde más de 40 ciudades de nuestro país se han citado, a través de un centenar de asociaciones y entidades, para concentrarse contra el fallo de la sentencia emitida justo el día antes de este largo puente a la llamada “manada de Manresa”. Es imposible no sentir asco y al mismo tiempo un inmenso miedo por la indefensión en la que estuvo y desgraciadamente sigue estando aquella niña que cuando sufrió la violación múltiple era menor de edad y que hoy sigue siéndolo.

El fallo de la sentencia emitida por la Sección 22 de la Audiencia de Barcelona dice que no es violación, ni siquiera agresión sexual, porque los cinco hombres que se turnaron de 15 en 15 minutos –animados literalmente por uno de ellos, Bryan Andrés M, el cabecilla. No necesitaron, dice la sentencia, de violencia para abusar de la joven, dado que estaba prácticamente inconsciente a consecuencia de la ingesta de alcohol y de fumarse algún porro. Así que el juez, aplicando con pulcritud el Código Penal, sólo condena a algunos de los acusados —cinco de los siete que estuvieron allí— a entre 10 y 12 años de cárcel y una multa –a pagar de forma solidaria, como el delito cometido, entre todos-, de 12.000 euros.

De los siete presentes, la sentencia absuelve a dos. Al primero, porque las pruebas aportadas no han podido demostrar la participación como “interviniente en los actos sexuales” de Marco Antonio R.; al segundo, que tuvo tiempo de hacerse un trabajito manual de lo afectado que estaba mientras miraba, porque, en realidad, no "podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos, cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde poder encontrar auxilio, fuera para detener los ataques a la víctima o, en caso de enfrentarse solo a los atacantes, evitar la posible reacción agresiva de estos contra él". Lo normal.

Es curioso cómo la sentencia, que no ve intimidación para la chica agredida por la superioridad numérica, porque estaba medio inconsciente, y por lo tanto no es un agravante para que exista agresión, sí encuentra ésta como un eximente para ayudarla en el caso del que estaba ocupado consigo mismo y plenamente consciente. Lo normal.

Con independencia de esos detalles de carácter crucial que hacen bascular la balanza hacia una violación, una agresión o un abuso, para quienes estamos fuera del entendimiento detallado de la justicia, una relación sexual no consentida es una violación, y cuando alguien se aprovecha de ti por estar inconsciente, la cosa es más grave; y que si además son varias las personas que aprovechan esa circunstancia, más aún. ¿O no? ¿No sería eso lo normal?

Lo que no es normal es que nos sigamos cuestionando qué hacía una chica de 14 años en una botellona, bebiendo y fumando un porro; como una forma socialmente aceptada de rebajar el delito de ellos y cuestionar la “virtud” de ella. Presten oídos, porque seguro que lo van a escuchar en alguna tertulia o conversación de bar.

Si no están de acuerdo, si les rechina esta doble moral en función de lo que haya que proteger o disfrutar entre las piernas, les invito a sumarse a cualquiera de las concentraciones de esta tarde. Porque esto no puede ser normal. #NoEsAbusoEsViolación.

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