Adolfo Suárez saluda a Pablo Casado. FOTO: @ppparacuellos
Adolfo Suárez saluda a Pablo Casado. FOTO: @ppparacuellos

Piensen una cosa, estamos inmersos en un periodo democrático crucial. En la historia moderna de España nunca tuvimos una fase tan convulsa, que aunara una profunda crisis socioeconómica con otra, muy grave, de índole territorial. Ahora más que nunca necesitamos políticos con altura de miras y calidad democrática. Sin embargo, en la primera línea política ocurre el fenómeno opuesto; la tendencia generalizada apunta a la baja.

Manda la moda de los fichajes, como si los partidos políticos fueran clubes de la NBA, que cambian jugadores cual cromos se tratara. Cotiza el nepotismo, el famoseo y la notoriedad; se devalúa el diálogo, el discurso y el programa. Las propuestas parece tener poco rédito. Mejor el show infinito. Estamos presenciando como toreros, actores o deportistas ocupan, de la noche a la mañana, los primeros puestos de listas electorales. Gente que no ha pisado un parlamento, un ayuntamiento o una asamblea en su vida.

No todas las personas están capacitadas para la actividad política. Parece una obviedad obviada.

Las declaraciones en Onda Cero de Adolfo Suárez Illana trasladan el nivel político al subsuelo. No solo se marcó un discurso antiabortista que parece sacado de la misa de un cura en los años sesenta, es que además mintió en reiteradas ocasiones. Como apunta eldiario.es en su detector de mentiras, lo hizo cuando aseguró que existen "50 millones de personas en contra de la independencia de Cataluña" (España al completo no llega a los 47), también cuando añadió que no hay referendums en ninguna nación en el mundo (otra falsedad), y una tercera vez cuando habló del suicidio (otra vez inflando las cifras hasta los 8.000 cuando se sitúa en 3.679) además de la mentira más descarada, al sacarse de la manga que "en Nueva York se acaba de aprobar una ley por la cual se permite el aborto después del nacimiento", invento que fue desmentido por él mismo horas después. Sobre el aborto, añadió: “Los neandertales también lo usaban: esperaban a que nacieran y les cortaban la cabeza". 

Suárez Illana, con Alsina, en la entrevista en "Más de uno" de Onda Cero

Cuando te la juegas todo a la carta de la notoriedad sin pasar un filtro de calidad puede ocurrir lo de ayer o lo que le pasó al PP con Ruth Beitia: que emprendió la huida al tercer acto público, abrumada por la exigencia. No sería de extrañar que con Suárez Illana ocurriera algo similar o que diera un paso atrás en su apariciones mediáticas.

En cualquier caso no estamos hablando de un puesto cualquiera; se trata del número dos del Partido Popular por Madrid. Se le presupone mayor talante. Observando su biografía, parece alguien que no estaría en esa posición si no fuera hijo de quien es. Pero en plena época de la posverdad, en la que importa poco la realidad y lo ficticio y el renombre acumula votos, este señor tiene cabida y micro abierto. Mientras despertamos a diario con boutades, afrentas y mentiras, perdemos calidad política. Dice el diccionario sobre la palabra mediocre: “Que no tiene un talento especial o no tiene suficiente capacidad para la actividad que realiza”. Escuchen de nuevo la entrevista a Suárez Illana y, en esta ecuación entre política, democracia y aptitudes, despejen la incógnita.

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