'This is Jerez', o todas las caras del Circuito con aficionados, currantes, salas y políticos de todos los colores

Un año más, el Gran Premio de España de Motociclismo consagra al Circuito de Jerez como 'Catedral' de las dos ruedas. Miles de personas aceleran para que 225.000 espectadores vibren en un fin de semana de neveras en 'pelouse' y convidadas masivas y por todo lo alto en las zonas más restringidas de las instalaciones

26 de abril de 2026 a las 21:30h
Una empleada de la limpieza ante la mirada de una chica Tío Pepe, en la zona de las 'mezzaninas' del Circuito de Jerez-Ángel Nieto, este domingo de carreras.
Una empleada de la limpieza ante la mirada de una chica Tío Pepe, en la zona de las 'mezzaninas' del Circuito de Jerez-Ángel Nieto, este domingo de carreras. ESTEBAN

El aficionado de a pie o el lector lego en la materia quizás no sepa que hay todo un pantone de color para acceder a los distintos espacios restringidos del Circuito de Jerez-Ángel Nieto en un domingo de MotoGP. Como en todos sitios, siempre hay clases. Ronroneo constante de los motores sobrevolando el ambiente —un sonido que pronto desembocará en ruido ensordecedor— y cero preocupación por el precio de los carburantes a raíz de la guerra de Trump. Mientras algunos se desperezan en las tiendas de campaña pasadas las diez de la mañana, otros ya encendieron, con el alba y en el monte, la linterna de su móvil para enseñarle al mundo desde la pelouse que This is Jerez

Estamos adentrándonos en el gran escaparate deportivo de alcance global que en un fin de semana es capaz de dar cabida a 225.000 espectadores —cifra oficial del Gran Premio de este año—. Y eso es muchísima gente: algo así como tres Santiago Bernabéus hasta la bandera o como tres estadios de la Superbowl. La base de fans que siguen estas carreras de una manera u otra por todo el mundo supera los 630 millones de personas —ha caído algo el interés en España, según las últimas estadísticas—, por lo que es obvio la dimensión de su impacto a nivel de imagen al mundo.

El dato de retorno económico directo e indirecto para Andalucía y la provincia de Cádiz es cada año más elevado y quizás vaya siendo hora de que sea la propia Junta de Andalucía la que asuma la gestión y explotación del trazado —como ocurre con los circuitos de otras autonomías, como Montmeló o Cheste—, toda vez que las instalaciones de la carretera de Arcos han cumplido 40 años desde el impulso visionario de Pedro Pacheco y su relevancia internacional la han convertido por derecho propio en Catedral mundial del Motor. El Gran Premio es Jerez como Jerez es el Gran Premio. Uno ya no se entiende sin el otro; y bien que lo sabe el patrón del MotoGP, Carmelo Ezpeleta.

Miles de trabajadores para que todo salga bien

Ante la amplia sonrisa de una chica Tío Pepe, la amable señora de la limpieza termina de pasar la escoba por el pasillo de las mezzaninas —donde se mueve, junto al paddock y la torre, la teórica creme de la creme del público asistente—. De los porteadores de neveras con refrigerios por el duro asfalto a las delicias del rooftop del VIP Village. Otras dos jóvenes blindan los accesos para que los que crucen esa línea de meta psicológica sean los que llevan el color adecuado en sus tarjetas. Uno puede pensar que tiene un pase de la leche y no pasar de la croqueta más aceitosa una vez alcanzados los boxes. Nadie sabe bien cuál es el mejor pase, el color que abre todos los accesos. El violeta, a diferencia del billete de 500 euros, sirve de poco aquí. El marrón, ya saben. Hay tarjetas gold, negras, más oscuras, más brillantes, con la cinta dorada, con diferentes logos… muchos de los invitados llevan varios en el cuello, luciendo poderío… 

A Pedro Pacheco le molesta que "el poder" haya acotado las salas VIP —"me voy a Peluqui", afirma el inventor del Circuito, al que ya apartó de acceder al podio Pilar Sánchez hace dos décadas—. Algunas de estas salas están en manos de administraciones públicas —Ayuntamiento de Jerez, Cirjesa (la empresa pública que gestiona el trazado, Turismo Andaluz y Diputación de Cádiz— y otras son costeadas por empresas privadas para echar un domingo de carreras como en una especie de celebración con motociclistas quemando ruedas al fondo. A la salida del paddock, en un remonte con una espectacular vista del trazado, está la gran carpa del Patronato Provincial de Turismo. Es de la Diputación de Cádiz, pero está apartada de todo lo demás. Tiene otros invitados, otros tempos. También hay colas.

"Allí se come genial", me sopla uno antes de bajar a tostarme recorriendo el paddock, más vacío de curiosos y celebrities que otros años. "Si sales por aquí tendrás que dar toda la vuelta", me advierte la encantadora señorita del arco de acceso. Acepto el desafío. Subo a la carpa. Paran a mi fotógrafo. Esteban pone cara de póquer. Él, que ha cubierto Grandes Premios desde Ángel Nieto y ha recorrido en scooter el trazado, ahora se topa con un freno. Pero entra. Garbanzos con langostinos, una especie de salmorejo de remolacha, una empanadilla oriental con cola de toro… Ni tan mal. Allí hay gente que ha gobernado el Circuito en otro tiempo, vicepresidentes ejecutivos de Cirjesa que se bandearon para sacar adelante unas instalaciones de alto nivel cuyo coste es inasumible para un Ayuntamiento intervenido como el de Jerez.

Brindan, ríen y miran de reojo las pantallas de tv para ver cómo van las pruebas motociclistas. Políticos muy conocidos de todo signo a los que luego volveremos a encontrarnos en el edificio del OVNI. Regreso. Efectivamente, no puedo entrar por el sitio que vine. El rodeo bajo el túnel y bordeando el otro extremo de la recta bajo el OVNI me mata. Allí lo que antes era un zumbido es ahora un ruido atronador de tubos de escape rugiendo con todas sus ganas. El sol ya ganó la partida a la brisa agradable de la primera hora. Colas para los baños, colas para los refrescos, gente de un lado a otro, y currantes por todas partes. De los equipos motociclistas, de la seguridad, del servicio, de la limpieza… sin parar atendiendo todo con frenesí. Ovación enorme y un catavino de plata para cada uno a las puertas del Primero de Mayo. Miles batiéndose el cobre para que disfruten cientos de miles. La vida misma.

Juanma Moreno, que acudió el año pasado para enseñarle las carreras a Alberto Núñez Feijóo, ha preferido irse de romería, a Jaén con la Virgen de la Cabeza. "Quería una foto menos elitista", me soplan por la otra oreja. Es lógico con la campaña electoral en ciernes. Aunque debe saber Juanma que esto de elitista, al menos en lo que respecta en la parte de las salas VIP de administraciones públicas, cada vez tiene menos. Fiesta popular por todo lo alto. Gran convidada. Invitados con sus familiares grandes y pequeños —una tradición ya larga que se instauró también en los tiempos de Pilar Sánchez—, representantes de todo tipo signo y condición, cocineros con estrella y sin estrella, empresarios de distinto rango, moteros con melena, y más y más gente que ni se sabe de dónde sale. "Aquí no cabe todo el mundo, el aforo es el que es, pero cada vez se invita a más gente", confiesa alguien con mando en plaza.

Gente con pases de todos los colores y todo tipo de restricciones —apuntándose en los tours para bajar 15 minutos al paddock o por más de 2.000 euros para subir todo incluido a lo más alto de la tribuna VIP del trazado—, siempre quedando bien claro que VIP, VIP, lo que se dice VIP en el Circuito de Jerez, son solo algunos.

María Jesús Montero sí quería foto. Llegó al Circuito de Jerez ayer sábado, pero se fue sin fotos y sin saludar al piloto conileño Marcos Ramírez. Llegó al parecer dos horas tarde de lo convenido y el Mundial no espera a nadie, por muy vicepresidenta primera del Gobierno de España que fueras el mes pasado. Según recoge la biografía que Zweig dedica a Fouché, el ministro de Napoleón, cometió "el más imperdonable de los errores en política: llegar demasiado tarde".

Este domingo de Gran Premio, una edición más, todo el mundo parece estar en el momento justo en el sitio adecuado y, aunque no todos tengan pases del mismo color, ni accesos a todos los rincones del trazado, el Circuito celebra su fiesta deportiva y quema una nueva entrega anual de su hoguera de vanidades.

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