El derbi aragonés de Segunda División entre Huesca y Zaragoza, condicionado por la urgencia de ambos equipos por evitar el descenso a Primera RFEF, derivó en un episodio de violencia que empañó por completo el desarrollo del encuentro. Lo que comenzó como un duelo tenso y cargado de nerviosismo terminó a puñetazos en unas imágenes que han sacudido al fútbol español y que amenazan con acarrear severas consecuencias disciplinarias.
Con el marcador en 1-0 a favor del conjunto local, el central Jorge Pulido se dirigió al guardameta Esteban Andrada, que ya contaba con una tarjeta amarilla. Tras un intercambio verbal, el portero reaccionó con un empujón que el colegiado sancionó con la segunda amonestación. Sin embargo, lejos de cerrar el incidente, la situación escaló de forma inesperada y violenta en cuestión de segundos.
Esta es la mayor ida de olla que hemos visto en un estadio de LaLiga.
— GRADA B pro (@GradaBpro) April 26, 2026
Tremenda la que ha liado Andrada en el derbi.pic.twitter.com/Fv6uvRUTyB
El portero perdió por completo los papeles y, tras ver la roja, se fue corriendo hacia Pulido para propinarle un puñetazo en el rostro que lo derribó sobre el césped. El impacto tuvo consecuencias visibles, dejando al jugador con la cara hinchada y un ojo morado, en una escena que desencadenó el caos inmediato sobre el terreno de juego.
Una tangana multitudinaria
La agresión dio paso a una tangana multitudinaria entre ambos equipos. El colegiado se disponía a revisar la acción en el monitor cuando la situación se descontroló definitivamente. En medio del tumulto, Jesús Álvarez trató de sujetar al portero visitante, mientras numerosos futbolistas se sumaban a la trifulca. En este clima, el guardameta del Huesca, Dani Jiménez, también intervino de forma violenta, lanzándose hacia Andrada y golpeándole.
El encuentro concluyó en un ambiente irrespirable, con ambos porteros expulsados y una imagen insólita: Francho Serrano y el propio Jorge Pulido terminaron ocupando la portería en los minutos finales. El desenlace, quedará registrado como uno de los episodios más aciagos en la historia reciente de los derbis aragoneses.
En el plano disciplinario, la acción de Andrada podría tener consecuencias severas. El portero del Zaragoza se enfrenta a una posible sanción de entre 4 y 12 partidos por agresión, según el artículo 103, a lo que se sumaría un encuentro adicional por la expulsión derivada de la doble amarilla. Un castigo que reflejaría la gravedad de unos hechos que han generado una profunda indignación en el fútbol español.


