Sentido y sensibilidad

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

Una mini marea negra en Esteve, en octubre de 2017, a la espera de las bandas de rodadura, que finalmente no se colocarán.
Una mini marea negra en Esteve, en octubre de 2017, a la espera de las bandas de rodadura, que finalmente no se colocarán.

La decisión del gobierno municipal, revestida de unanimidad por los comerciantes del centro y los taxistas, de asfaltar al completo cuatro de las venas principales que riegan la circulación del centro, como es el eje Corredera-Esteve-Santa María-Cerrón, no es solo terrible desde el punto de vista de la sensibilidad y la estética urbanística, es también toda una declaración de intenciones de las políticas que se pretenden seguir perpetuando en la quinta ciudad de Andalucía. Mientras las grandes ciudades europeas hace mucho que cercaron sus centros históricos al vehículo privado y otras como Madrid han decidido ahora sumarse a la necesidad de proteger su corazón urbano y los pulmones de sus habitantes, en Jerez se produce un movimiento contrario.

Rellenar de marea negra las calles del centro comercial abierto, cuando se había abierto una vía muy interesante para seguir reconquistando espacio para el peatón, como ha sido la semipeatonalización de Las Angustias, solo invita a que circulen aún más coches por estas ya de por sí saturadas vías. ¿Eso queremos? Y, desde luego, es una idea que insiste en seguir despojando de todo atractivo al casco viejo jerezano. Por si fuera poco, una de las excusas que se han ofrecido para justificar esta medida con una alta contestación ciudadana (baste darse una vuelta por las redes para medirlo) es que es más barato que la otra solución planteada, bandas de rodadura que reducen la contaminación acústica y respetan el adoquinado histórico; pero tampoco es cierto, puesto que ya se anunció que esta alternativa tenía un coste similar, de unos 600.000 euros con cargo a los fondos europeos. 

Tampoco tiene sentido abrir este melón ahora, teniendo en cuenta que se ha pactado que estas obras se acometerán en el verano de 2019, es decir, una vez pasadas las elecciones municipales

En todo caso, tampoco tiene sentido abrir este melón ahora, teniendo en cuenta que se ha pactado que estas obras se acometerán en el verano de 2019, es decir, una vez pasadas las elecciones municipales. ¿No sería mejor aparcar esta decisión hasta que los ciudadanos decidan si se reedita la actual fórmula de gobierno o, de otro modo, hay un nuevo ejecutivo al frente del Ayuntamiento? Mientras tanto, bien se haría en dotar de contenidos culturales y actividad, como se prometió, a la renovada plaza Belén o en recuperar el servicio de disciplina urbanística, que lleva más de una década paralizado y que sí serviría para repoblar el centro de ciudadanos y dotarlo de equipamientos y servicios, en definitiva de calidad de vida, más allá de la burbuja de los pisos turísticos y los veladores que se tragan las aceras.

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