Lo que queda de invierno

Los políticos actuales, entre el miedo permanente a perder el poder y la incontinencia verbal desatada en la era de las redes sociales, nos hacen vivir en un eterno día de la marmota con futuro incierto

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

Bill Murray en 'Atrapado en el tiempo', 'El día de la marmota' en su título original, el 2 de febrero que marca cómo será lo que queda de invierno.
Bill Murray en 'Atrapado en el tiempo', 'El día de la marmota' en su título original, el 2 de febrero que marca cómo será lo que queda de invierno.

Los políticos sufren en la era de la comunicación, la infoxicación y las redes sociales una inusitada incontinencia verbal para la que, por el momento, no hay vacuna. Tampoco hay eficacia probada en ningún remedio que evite la parálisis por miedo a una potencial derrota electoral. Por eso la mayoría de los gobernantes (incluidos los que gobiernan la oposición) viven con ansiedad, pendientes de la última coma de un comentario de redes sociales antes que estar atentos y ser audaces e imaginativos sobre cómo mejorar la vida de sus gobernados.

Cuando un político se aparta del foco mediático y se calla por unos días es sospechoso, cuando debería de ser lo más normal del mundo porque no hay titulares razonables ni útiles para cada día, ni hay tiempo para marcar el ritmo de la gestión —que también debe centrarse en estar cerca de los gobernados— si se está todos los días de turné mediática. Antes los políticos dominaban el tempo de los medios de comunicación, marcaban con un “hoy no toca” cuando querían aparcar el posicionamiento sobre cualquier asunto hasta haberlo madurado, hasta que hubiera novedades o directamente hasta cuando le interesara políticamente tener una respuesta convincente. Hoy es al revés. Hablan a todas horas, aparecen por todas partes, en entrevistas por las mañanas en las radios, a mediodía en las teles, por las tardes en los periódicos… y cuando no son entrevistados (todavía deciden a qué medios concender entrevistas y a cuáles no, eso sí), están en un foro o en una conferencia de prensa (donde cada vez hay menos repreguntas), sueltan lo que sea por Twitter o en su muro de Facebook.

Debería inquietarnos que un político esté más preocupado por su titular de cada día que por centrarse en lo que de verdad cuenta: su capacidad de gestión

No hace falta ir a funerales ni dar pésames a viva voz porque las condolencias ya se resumen en una frase grandilocuente de conmoción tuitera. Porque hay que aparentar en todo momento que se está al pie de algún cañón, al pie de la relampagueante actualidad, aunque esa apariencia de estar sea tan vacía como la peor de las ausencias. Los políticos viven asustados, parece que tienen poder pero a menudo no lo ejercen o son meros títeres, parece que saben de algo de lo que tocan pero hablan tanto que quedan muchas veces en evidencia. Por eso estos días vuelven a sucederse ocurrencias y salidas de tono sobre la remota idea, por irnos a lo más reciente, de salvar la Semana Santa o priorizar en la vacunación a unos colectivos sobre otros. Por eso, en pandemia, a nadie extraña por desgracia que después de la primera, la segunda y la tercera pueda suceder una cuarta y quinta ola.

Pueden decir la mayor sandez o la mayor temeridad o injuria siempre que vaya acompañada de un presuntamente o, más actual, de un ‘siguiendo las recomendaciones de los expertos’. Debería inquietarnos que un político esté más preocupado por su titular de cada día, por cómo ofrece su puesta en escena diaria ante la opinión pública, que por centrarse en lo que de verdad cuenta: su capacidad de gestión, su excelencia y profundidad en la reflexión sobre cómo mejoramos como sociedad, sobre cómo esquivamos los miedos y amenazas de nuestro día a día. Vivir en la superficialidad y en la incontinencia verbal solo lleva a la frustración y a un eterno retorno que convierte cada día en 2 de febrero. Hoy es 3, pero vuelve a ser el día de la marmota, ese que en Estados Unidos avisa de cómo de crudo será lo que queda de invierno. Por cierto, en el periodismo está pasando prácticamente lo mismo. Toca autocrítica, qué pereza.

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Comentarios (1)

Francisco Hace 2 meses
Muy bien y cierto
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