Falsas realidades: lo de Juanma Moreno en Canal Sur

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

Un momento de la entrevista de Moreno en 'Andalucía a dos voces', con su banda Falsas realidad en la foto. IMAGEN: CANAL SUR
Un momento de la entrevista de Moreno en 'Andalucía a dos voces', con su banda Falsas realidad en la foto. IMAGEN: CANAL SUR

De toda la vida todo el mundo sabe que las televisiones públicas se crearon para manipular, si bien el éxito y rentabilidad de las mismas radica en que dicha manipulación se note más o se note menos. Curiosamente, a falta de un NO-DO monopolizador, cuanto menos se les nota el sesgo, cuanto más aparentan ofrecer un servicio público como fin por sus altos costes para el contribuyente, más se ven y mejor sirven a los objetivos políticos de quienes las gobiernan. Sin embargo, en esta época de cortoplacismo político y ráfagas de titulares en los timelines de las app de los teléfonos inteligentes, no hay tiempo para detenerse a pensar. Ni en eso, ni en cualquier otra estrategia. El quítate tú para ponerme yo puede venir envuelto en muchos eslóganes y en muchas promesas de cambio, pero el balance final se revela como una suerte (mala) de Guatemala, a guatepeor. 

Es justo lo que muchos temían y es justo lo que, según denuncian especialistas del Consejo Audiovisual de Andalucía, sindicatos, trabajadores de la casa y grupos políticos, está ocurriendo en Canal Sur. Y como en España, que diría Valle-Inclán, se premia todo lo malo, pues se vuelve a intentar que la televisión pública de los andaluces sirva a quienes la gobiernan antes de que a quienes la pagan. El pasado jueves, no sin controversia —en un principio también estaba anunciada una entrevista con el líder de Vox, Santiago Abascal, que como todo el mundo sabe manda mucho en Andalucía—, arrancó Andalucía a dos voces. ¿Quién inauguraba en prime time este espacio informativo? El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla.

Aparecía a las puertas de la emisora junto a Álvaro Zancajo, director de los servicios informativos que el PP se trajo desde Madrid y para el que ya han pedido varias veces el cese por actuar como "comisario político". Zancajo no tiene problemas en bloquear en su cuenta de Twitter a todo el que le rechiste porque ojos que no leen, corazón que no siente. Después de una media hora de entrevista, digamos, seria, el momento cumbre llegó cuando una de las presentadoras del, digamos, nuevo formato dijo a la audiencia: "A ver si podemos conocerle (a Moreno) un poquito mejor en lo personal; y para eso lo mejor es acudir al pasado". "Miedo me da, miedo me da... todos tenemos un pasado", respondía con su habitual media sonrisa el presidente de la autonomía más poblada de España.

Aparecía una foto en la pantalla gigante y exclamaba: "Wily, Jose... ese soy yo... ¡Vaya camisa que llevaba!". "Viendo esta foto usted tiene alma de rockero", le decía la presentadora, entre risas. "Bueno, era el pop rock lo que a mí me gustaba". No sé a qué espera Pedro Sánchez para montarse un rollito así en TVE. La cara más humana del político siempre es la mejor vía directa para penetrar en el corazón del telespectador-votante. En ese momento, Moreno enumeró los proyectos musicales que fundó y el nombre de uno de ellos, Falsas realidades (los otros eran Lapsus psíquico y Cuarto protocolo), y aquello vino que ni pintado para definir tanto la entrevista previa (más lo que vino luego con una serie de periodistas cuidadosamente seleccionados) como la situación real de Andalucía casi dos años después del gran cambio y en mitad del tsunami de la pandemia.

Moreno Bonilla, que tiene todo el derecho a seguir utilizando Canal Sur como se ha usado desde tiempo inmemorial —en según qué épocas notándose menos— y a darse los automasajes pseudoperiodísticos que le plazcan, no habló de por qué contrató miles de vigilantes de las playas en lugar de rastreadores, o de por qué Andalucía está a la cola en pruebas PCR con una atención primaria desbordada y con sus profesionales colapsando. Tampoco se le oyó decir nada sobre por qué defiende una revolución verde mientras reabre la puerta a la especulación en el litoral, o de por qué se han contratado miles de docentes menos para la vuelta al cole de los que prometieron. O de por qué no cumple con el antiguo deseo de su socio Cs de crear una oficina anticorrupción en Andalucía.

Tampoco contestó a si teme que en los tribunales se condenen los enchufes masivos de la Junta para cubrir plazas de empleo público para las que los aspirantes solo tienen 24 horas para mandar un e-mail que ya se verá dónde acaba. Ni tampoco dio explicación alguna de por qué tardó cuatro días en darse una vuelta al peor incendio del verano en Andalucía, declarado en Almonaster. Ni tampoco hubo réplica cuando dijo que no tenían dinero ni varitas mágicas, pero lo primero que hizo al llegar al poder andaluz fue borrar de un plumazo un impuesto para las grandes fortunas, el de sucesiones y donaciones. En fin, se quedaron muchas cosas en el tintero, más allá de las frases de argumentario y de su anecdotario personal. Y todo el mundo entiende que esto sea así y esté en su derecho de aprovecharlo.

Y al parecer, todos los andaluces querían saber cuál era la canción preferida del grupo preferido, Danza Invisible, del presidente, así como la manía y la religión que profesa. Sobre lo primero dijo que "Lo que queda del amor"; sobre lo segundo, "apagar las luces, en San Telmo voy apagando luces por los pasillos"; sobre lo tercero, "soy cristiano". Y como estaría de Dios, fue un periodista invitado el que hizo la pregunta más comprometedora de la noche, sin repreguntar por supuesto. ¿Y la Kitchen, ligada a la Gürtel? Moreno podía, qué sé yo, haber dicho que no entiende por qué aparece su nombre en el top ten de quienes más sobresueldos recibieron en las anotaciones de Bárcenas, pero se limitó a decir que "he visto a muchos compañeros condenados en un plató o en una tertulia de radio" y que la dirección actual, la de Pablo Casado, "no tuvo nada que ver". Eso sí, "colaboración al 100% con la justicia". Visto lo visto, no se sabe cuántos discos duros más quedarán por destruir en Génova. El pasado, además, tiene la manía de volver por más que se envuelva en falsas realidades. A Canal Sur ha vuelto la manipulación de los mejores tiempos de ese precepto de manipula, que algo queda. ¿Y por qué no tendría que aprovecharse de ello Moreno Bonilla?

"Usted no está por utilizar el virus como arma política", le deja caer la presentadora en otro momento de la entrevista. "Ahora toca remar todos en la misma dirección, meter el hombro y trabajar de manera conjunta, no estoy aquí para dar caña a nadie, intento no atacar a nadie, ni meterme con nadie, solo defender a Andalucía, hay que dejarse de ruido", respondió el presidente, el hombre moderado, el estadista, el que fuera líder y vocalista de Falsas realidades.

Pero el nombre del nuevo programa ya escondía otra falsa realidad. Se llamaba Andalucía a dos voces, pero bien podía haberse llamado Andalucía, a voz única. Pusieron fotos de Susana Díaz, Pedro Sánchez y Pablo Casado para que Moreno les definiera en una palabra. Otro clásico. De la primera, con la foto con la que peor cara podía salir, amarilleada por la llegada del otoño, dijo que es "batalladora", del segundo, "un superviviente", y del tercero, "ilusión, juventud". Y eso que él apoyo en las primarias del PP a Soraya. En fin, realidad o ficciones, el programa también fue falso hasta exhibiendo posteriormente un excelente dato de audiencia que no fue tal, al parecer. "Dan audiencia acumulada y el pico de share para ocultar el ridículo 4,3 de media (105.000 espectadores) que tuvo. Un nuevo fracaso en prime time", escribió la oposición en un tuit. A esa hora Moreno ya estaba en otra de sus muchas realidades. La audiencia, también.

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