Un momento del vídeo que muestra la detención que costó la vida a George Floyd.
Un momento del vídeo que muestra la detención que costó la vida a George Floyd.

Ya sea en las noticias o en las redes sociales, todos los días hay videos e imágenes nuevas de las protestas en EEUU a raíz del asesinato de George Floyd. En todo esto a mí me llama la atención el papel que juegan los cuerpos y fuerzas de seguridad. Podría ser, junto con la actitud y carácter de la manifestación, la clave del éxito.

Se puede ver alguna imagen negativa, como los dos agentes de Buffalo que empujan a un señor mayor. Pero también abundan las imágenes positivas, como policías hincando la rodilla ante los manifestantes, uniéndose a la manifestación o incluso coreando los cánticos en el cordón de seguridad. Todo esto no solo asegura la paz, sino que legitima la manifestación y le da mucha más fuerza y peso.

Junto a esto, quizá el hecho más destacado es la negativa del jefe del Pentágono frente a Donald Trump de desplegar al ejército contra los manifestantes. Este desafío contra el presidente y su sistema refuerza el pensamiento de que todo está mal planteado, y de que las fuerzas del orden se niegan a formar parte de una injusticia. Realmente su deber es para con el pueblo que Trump quiere reprimir, no con este último.

Es así como el sistema entra en jaque, ya que se ve en la delicada situación de haber perdido su brazo ejecutor. Este caso no va a acabar en revolución, pero habrá un avance significativo en los derechos civiles. Por ejemplo, el Estado de Nueva York ya está elaborando nuevas leyes contra los abusos policiales. Y es solo el principio.

Esto son pruebas del papel esencial de los cuerpos y fuerzas de seguridad en el éxito de las protestas. A ver si sirve de ejemplo para quién, con la cabeza en la URSS, todavía se dedica a insultar a la policía en las manifestaciones de aquí. Desde aquí un saludo y recordar que una de las claves de la revolución rusa fue que la policía del Zar se negó a disparar a los manifestantes y se unió a las protestas, sublevándose el ejército acto seguido.

Se ha de comprender que detrás del uniforme azul hay una persona con una opinión formada que no tiene por qué coincidir con la de otro compañero. Son trabajadores públicos que garantizan la seguridad ciudadana. Sería inútil llamar a cualquier otra persona en caso de robo o agresión. Ello hace que llamarles perros al pasar un furgón sea simplemente infantil más que antisistema. En definitiva, no todos los policías y militares son iguales.

Parafraseando a Jack Reacher (2012), existe cuatro tipos de personas que ingresan en un instituto armado: los que lo hacen por tradición familiar, los que lo hacen por sentido de la justicia o el patriotismo, quien lo hace por el dinero y ya por último quien lo hace para ejercer la violencia legalmente.

Entramos aquí en dilemas de la Grecia y la Roma clásicas. Puede que lo importante no sea la existencia de gobernantes o vigilantes justos, sino de leyes justas. A su vez, ¿quién vigila a los vigilantes? (Quis custodiet ipsos custodes?) Hoy día, habiendo cámaras por todas partes, para solucionar esto último sería necesario una ley de seguridad ciudadana que fuera justa y penalizara seriamente los abusos de poder. Quizá también psicotécnicos más duros para dificultar la entrada a los ultraviolentos. Alguna comisión o mesa de debate de seguridad ciudadana, etc.

Afortunadamente no vivimos en un mundo como el de La Naranja Mecánica, donde los compañeros de fechorías de Alex DeLarge acabaron de uniforme para reprimir y actuar con violencia. Aun así, se siguen produciendo situaciones lamentables que muestran el largo camino que queda todavía por recorrer. #Blacklivesmatters.

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