En aquel tiempo, el hombre vio que en las afueras de Jerez había un baldío y tomó posesión de él. Con los años, el baldío se convirtió en finca, pero el hombre vio que no era suficientemente bueno y plantó jardines, lo llenó de palmeras y de otras especies de árboles y decidió llamarlo parque. De manera paralela, el hombre vio que debía desplazarse más rápido desde Jerez a las ciudades vecinas y construyó el tren. El tren pasó por el baldío, luego finca, después parque, y pasó primero a ras de tierra, luego decidió elevarlo y el hombre vio que era bueno. Pero el parque siguió creciendo y creciendo y el hombre puso un edificio al que bautizó Ifeca pero, no contento, el hombre decidió agruparse en multitud una semana al año, siempre en primavera, y llamarlo Feria del Caballo. Al ritmo de una música muy alta y repetitiva, miles de hombres y mujeres danzaban, libaban, yantaban, excretaban e incluso yacían en unas tiendas de lona, madera y metal que, pasada la semana, se retiraban a toda prisa. Pero el hombre vio que el baldío, luego finca, después parque y una semana al año feria no era suficiente, por lo que decidió acercarle el mar y ponerle playa. Ese día comenzó a levantarse un fuerte viento en el desierto…  

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