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Resulta evidente que Jerez tiene un serio problema de civismo en lo que a la limpieza se refiere. Hemos contemplado verdaderos estercoleros antes, durante y, sobre todo, después del paso de las hermandades.

Reconozco que el título de este artículo se podría, es más, se debería cambiar por La limpieza en Semana Santa, Cabalgata de Reyes, Fiestas de la Vendimia, Zambombas o cualquier otra actividad que se organice en la calle, porque no es un aspecto que afecte en exclusiva a una actividad concreta, sino que es propio de las personas que asisten a ese evento, que normalmente también son las mismas que asisten a los demás eventos. Y también reconozco y disculpo mi tardanza, ya que a estas alturas, en este mundo en el que todo va, o lo parece, a una velocidad vertiginosa, parece que la Semana Santa hace dos meses que pasó y que cualquier análisis o valoración está ya trasnochada o fuera de lugar. Sin embargo, como ya expresé en el artículo anterior, siempre es buen momento para intentar aportar ideas que mejoren una actividad o criticar lo que de ella pueda desprenderse, máxime cuando hay un año para poder variar lo que es susceptible de cambio.

Yo simplemente me centraré en la limpieza y en la seguridad, esta última en una entrega próxima aunque de indeterminada fecha de publicación, ya que la actualidad, esa que sólo dura dos días antes de que se olvide, manda y últimamente está dando muchos temas sobre los que escribir o hablar. Y lógicamente me centraré en la zona intramuros, pese a que en casos como el de la Semana Santa pueda ser también extrapolado más allá de la muralla almohade.

Resulta evidente que Jerez tiene un serio problema de civismo en lo que a la limpieza se refiere. Hemos contemplado verdaderos estercoleros antes, durante y, sobre todo, después del paso de las hermandades, algo que ha sucedido por igual donde había y donde no había palcos. Al mismo tiempo se han retirado contenedores y papeleras en el centro histórico, seguramente por motivos de seguridad, circunstancia que no sin razón muchos has aprovechado para culpabilizar de las imágenes de suciedad e insalubridad que todos hemos podido contemplar. Pero claro, lo cierto es que quien no quiere ensuciar, no ensucia, haya o no haya papeleras o contenedores y viceversa: la persona cerda e incívica va a tirarlo todo al suelo aunque esté completamente rodeada de elementos donde depositar la basura.

Es un tema preocupante porque refleja la realidad del compromiso social de los propios ciudadanos con su entorno, esto es, con su propia ciudad. Pero lo peor no es que cada año esta conducta vaya a más, sino que desde las administraciones no se lleven a cabo acciones destinadas a paliarla. No se realizan campañas de concienciación al respecto (ni en Semana Santa ni durante todo el año), algo absolutamente incomprensible teniendo en cuenta que existe una radiotelevisión municipal y unos medios de comunicación desde los que se puede bombardear a la población con llamadas al civismo y a cuidar lo que es de todos para que podamos seguir disfrutándolo todos. Al igual que se colocan planos en las marquesinas de las paradas de autobuses indicando los pasos de peatones de la carrera oficial, se podrían instalar puntos limpios provisionales y reflejarlos en los planos y hacerlos públicos en el mismo momento que se presenta el plan de la Semana Santa. Desde luego es imprescindible la instalación de aseos portátiles en lugares estratégicos del centro y señalizar su ubicación debidamente.

Ya fuera de la Carrera Oficial, de la misma forma que hay una pareja de Policía Local en la cruz de guía de cada hermandad, deberían poner un par de operarios de la empresa de limpieza detrás de la banda de cada último paso, no con la intención de dejarlo todo como los chorros del oro en ese momento, pero sí para evitar las dantescas imágenes que hemos presenciado. Ideas las hay a millones, muchas con un coste realmente bajo, pero lo que en ningún caso se puede pretender es que lleguen miles de personas durante seis días al centro y que todo se destine a la providencia o a la buena voluntad y civismo del que venga sin hacer absolutamente nada. Y si la Unión de Hermandades tiene que aportar algo para que se lleguen a implantar alguna de estas medidas, seguramente no habría problemas, ya que supongo que ellos son los últimos interesados en exportar la imagen de suciedad que se da tras cada cortejo procesional. La duda, como siempre y más que razonable, es si desde el Ayuntamiento se proponen este tipo de cuestiones y la más que previsible respuesta a esta duda.

Como digo, esto sucede en cada actividad que se organiza en la calle, no sólo en Semana Santa. Y se seguirá dando, probablemente cada vez a peor, en tanto en cuanto desde la administración no se tome conciencia del problema y, desde luego, hasta que la población no comience a valorar que está degradando una parte de su propia casa. Al final, por mucho que queramos desplazarla o atribuírsela a otros, la responsabilidad es de cada uno de nosotros. Convendría no olvidarlo nunca.

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