Un cartel en pos de la diversidad, en un concentración feminista. FOTO: MANU GARCÍA.
Un cartel en pos de la diversidad, en un concentración feminista. FOTO: MANU GARCÍA.

Para vencer al mal hay que hacer el bien, pero sin excentricidades, sin exageraciones. Explicando, mostrándonos tal y como somos ya que la derecha lleva demasiado tiempo hablando en nombre de un Dios que sólo se viste con capas bordadas de oro, su corona ya no es de laurel y espinas, tan sólo posee diamantes. Esa imagen la desvirtuaron los que ostentan el poder hacen tanto tiempo que ya nadie sabe lo que significa ser cristiano o cristiana.

Y algunos de esos creyentes que beben el vino en copas de oro, que dicen poseer la verdad absoluta. Haciéndonos creer que tan sólo existe una única verdad, que no pueden existir tantas verdades como personas en este desdichado mundo y que todas deberían de poder coexistir porque ese es el principio más democrático. Observamos cómo va calando un mensaje que lleva ya mucho tiempo barruntando, ¿verdad, Monseñor Mazuelos?, la ideología de género.

Las mujeres. Las mujeres que viven en libertad o que al menos hacen lo que pueden para saborearse en ella, ya han empezado a hacer lo que siempre hacen ante tanta calumnia porque esa doctrina van calando cada vez más, y es formarse. Ya que gracias a esas formaciones han conseguido enseñarnos a todes que lo que ellas ya nos advertían en modo de frase recurrida y de patio de vecinas —no le vuelvo a limpiar los calzoncillos a ningún hombre— era la verdad existencialista de sus vidas.

Ahora nos toca también hablar sobre esto a las personas trans, los argumentos que sostiene dicha ideología de género respecto a nosotres es que nuestra existencia es posible porque previamente nos hemos instruido en esas teorías y por supuesto que padecemos una enfermedad incurable que tan sólo puede ser tratada a través de una medicación paliativa, es decir, que a lo único que podemos aspirar es a suavizar los efectos de algo tan negativo como nuestra propia existencia.  

Deber de explicar esto, es como tener que explicarle a alguien cómo se realiza el sumatorio de dos más dos para que te resulte cuatro. No obstante, Monseñores, Señores, y Condes…, yo me siento, me veo, me observo, me sé, me conozco y luego me reafirmo en mi ser trans, en ningún caso leo y luego me convierto. El mal no se encuentra dentro de nosotres, el mal se encuentra en aquellos seres humanos que son capaces de denigrar, insultar y menospreciar la vida de personas que tan si quieran conocen tan sólo por ser diferentes.  

Por eso lo que expresaba, al mal tan sólo podemos hacerle frente haciendo el bien, y nuestra presencia es el mejor bien que le hemos hecho a la humanidad. Queráis o no queráis los seres humanos somos diversidad.

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