Fotograma de 'Novecento'
Fotograma de 'Novecento'

En medio de esta tormenta mediática de la aldea global aún recuerdo el fragmento de El niño perdido en la intemperie que un compañero de clase, a quien admiro mucho, me pasó una vez terminada la jornada de ese día, en la que uno de mis profesores hacía gala nuevamente de su docencia anticomunista. Pocos días después, el Partido Popular en un gesto de simpatía hacia Ciudadanos anunció la posibilidad de llevar a cabo los trámites para ilegalizar el Partido Comunista de España. Tan solo diez días después, la formación fascista VOX irrumpió con fuerza en nuestro Parlamento, que sumado a sus compañeros de cama, tienen una alta probabilidad de llevar las riendas del ejecutivo andaluz.

“Parece que ya no hay sitio para las revoluciones, como no sea en las vitrinas del Museo Arqueológico, ni hay lugar para la izquierda, salvo para la izquierda arrepentida que acepta sentarse a la diestra de los banqueros. Estamos todos invitados al entierro mundial del socialismo. El cortejo fúnebre abarca, según dicen, a la humanidad entera”.

Mucho se ha teorizado sobre la naturaleza y el origen del fascismo. Sin embargo, no se me ocurre mejor ocasión que esta para recomendaros el lienzo del recién difunto Bertolucci, Novecento. Este italiano ha sido, junto con Pasolini, uno de los grandes referentes del cine político de los últimos tiempos. Este marxista romántico abrió su obra a una amplia gama de temáticas y ambientaciones históricas, donde nacieron algunas de las mejores piezas del cine contemporáneo. Novecento fue una de esas maravillas -inacabadas- creadas por este genio de la cámara, donde abordaba la cuestión fascismo en Italia desde los ojos de las clases campesinas (y su máximo exponente, Olmo) y terratenientes. Lejos de quienes lo daban por muerto, este totalitarismo goza de muy buena salud y brío. A lo largo de la cinta, quitando las diferencias contextuales y cronológicas, podemos establecer ciertos paralelismos que hoy se continúan dando.

Fotograma de 'Novecento'

Como comunistas, y por ende demócratas, debemos añadir a Bertolucci y esos valiosos artistas combativos a nuestras agendas de trabajo que se sumarán al conjunto de recursos que se dispongan ante nosotros (además de construir nuevos) para elaborar el discurso popular que tanto necesitamos y que por desgracia ha sido reemplazado por el populismo que no induce a otra cosa que a la irrupción de este ideario en nuestras instituciones y espacios comunitarios. Pues la expansión de estas organizaciones y doctrinas, en cuyas causas múltiples no me voy a detener, no es un hecho aislado sino que lleva consigo el arrastre y pérdida de gran parte de nuestros barrios y nuestra comunidad.

Ante la gravedad de la situación no debemos hacer otra cosa que no conlleve al combate de este tipo de ideologías, que lejos de lo que se piensa; el fascismo no es únicamente enemigo del comunismo, sino de la Humanidad en su totalidad. Andalucía jugará un papel fundamental en nuestra estrategia para descabezar a esta arpía que pretende saquear nuestra tierra para darle el fruto de nuestro trabajo a esa vieja casta que junto con todo su aparato represivo no cede su asiento al pueblo. Esa misma casta que junto con sus séquitos abanderan la causa de las deportaciones y los ataques a otras culturas ya que, bajo su visión afirman que la multiculturalidad es un peligro para nuestra identidad. Donde algunos ven esos males (consecuencia de una acusada pobreza intelectual), otros veremos riqueza; síntoma de simbiosis entre diferentes pueblos. Nuestro éxito en Andalucía será pues, un éxito para todas las naciones del estado español, ya que nuestra comunidad es un eje fundamental para la conquista de nuestra futura República Federal.

Ante lo sucedido tras la jornada electoral, asumiremos desde la organicidad responsable y la rendición de cuentas la crítica constructiva (alejada de esa crítica rancia de redes sociales que poco ayuda dentro de la dinámica espiral destructiva pesimista). Destriparemos a la serpiente antes de que sea demasiado tarde y seremos el faro de esperanza que nuestra clase necesita. Ya lo hicimos en un pasado y volveremos a estar a la altura. Haremos ver a nuestro pueblo que aquellos que deben de mantener nuestros hospitales y escuelas no pueden ser los mismos que no saben mirar más allá de la Plaza de Colón. Que el discurso humanista de Blas Infante no es compatible con su “a por ellos”. Y si se refugian en la bandera de España llevaremos nuestro discurso a ese campo, demostrándoles que somos capaces de hablar un proyecto mayor.

Sin embargo ¿Cuál es nuestra idea es España? Más allá de la versión extendida, existe otra concepción de nuestro país que va más allá del prisma hegemónico construido por las élites. El revisionismo histórico debe de ser combatido en todas sus formas y es nuestra tarea, como historiadores, la de transmitir ese hilo rojo a la gran mayoría que a día de hoy se siente huérfana de proyecto político.

Frente a su España de la Inquisición, nuestra España de los Comuneros; frente a su España de las levas, nuestra España de don Quijote cargando contra molinos; frente a su España del turnismo caciquil, nuestra España del regeneracionismo; frente a su España del terrateniente, nuestra España de Ramón de Cala; frente a su España de Pemán, nuestra España de la Generación del 27; frente a su España de la Legión, nuestra España de las feministas; frente a su España de los toros, nuestra España de los carnavales, fallas y festividades populares; frente a su España de las monarquías absolutas, la España del Levantamiento y la Pepa; frente a su España franquista, nuestra España de las barricadas; frente a su España de Madrid, nuestra España de los barrios del extrarradio; frente a su España del 1 de octubre, nuestra España del 14 de abril; frente a la España fascista de Santiago Abascal, Casado y Rivera, nuestra España de Dolores Ibárruri y el Frente Popular. Frente a su España del parasitismo, nuestra España de la cultura y el trabajo.

Alejemos pues, ese discurso de dominación. Que no hagan pequeño a un país con una historia de lucha inmensa. Una lucha protagonizada por un pueblo bravo que hoy sigue en las mareas blancas, verdes y violetas, sindicatos, instituciones, centros de trabajo, culturales y vecinales, entre otros. Un conflicto que sigue siendo en esencia la misma dialéctica de clases de la que hablaban Marx y Engels hace dos siglos.

El problema que ellos padecen es que su España del odio cabe en un cajón, la nuestra no tiene fronteras. El fascismo jamás podrá verlo. Dejando a un lado nuestras contradicciones, sintámonos orgullosos y defendamos nuestro proyecto de país con alegría revolucionaria; construyamos una referencia de patria para nuestras clases populares y llevemos esta a cada rincón de nuestro vecindario. Nuestro Partido no está solo en tan ardua tarea, porque al igual que dijo Olmo; “ahí está, en todas partes donde hay alguien que trabaja, ahí está el Partido”.

¡Comunistas de Andalucía, de nuevo por nuestra tierra, de nuevo por nuestra independencia!

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci.

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