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Si usted quiere una fotito se la hace junto a los que, a las cinco de la mañana, salvaron la situación de emergencia.

Cuando aparece el fuego, el tiempo se detiene. Se sobrecoge el aire que se viste de amargo humo que seca mucosas y abrasa pulmones. Si se hace fuerte en el monte y el viento acompaña su caminar, calcina la hierba mientras hace florecer el desamparo, la codicia y las calificaciones urbanísticas. Y allí, entre llamas, a golpe de chisporroteo y salivas con sabor a ceniza, se desangra la esperanza transformando los verdes y marrones en negros y grises. La vida en muerte.

Pero cuando lo que arde es un hospital, es una ciudad entera la que se desangra. Son sus ciudadanos, esas diminutas partículas corpóreas que entran, salen, deambulan, ríen y lloran entre sus cuatro paredes, como glóbulos rojos al ser humano. Son ellos los que convierten el hormigón, el cemento, las lámparas fluorescentes y el olor a alcohol en un complemento más, que no el más importante. Y deben ser ellos quienes sientan en sus propias carnes el abrazo del fuego en las paredes, devorando el impoluto y aséptico blanco hasta tornar los pasillos en oscuras cavernas donde todo puede pasar, menos la sanación de los enfermos.

Y joroba mucho ver, tras el esfuerzo de los trabajadores del hospital (esos que han dejado años de sus vidas en ese recinto al que quieren como si fuese también su propia casa) para desalojar con profesionalidad, celeridad y muchas dosis de generosidad a 200 enfermos del hospital para salvaguardar sus vidas… las risas. Ver a los mandamases venidos de Sevilla con pompa y boato, pavonearse por el hospital y dar luego una rueda de prensa donde abundan las imágenes dignas de anuncios de dentífricos.

Sonrisas de oreja a oreja. Llenas de dientes. Como hienas. Porque gracias a Dios no ha habido que lamentar víctimas. Y a fe que son muchos los jerezanos que agradecen a la diosa fortuna que el incendio se llevase solo pérdidas materiales… pero, oiga usted, no me toque las narices: ganas de reír, ninguna.

Si usted quiere una fotito se la hace junto a los que, a las cinco de la mañana, salvaron la situación de emergencia creada mientras usted seguramente dormía con placidez en su cómoda cama. Y de camino, explíquele luego que eso de devolverle lo que le queda de paga extra de 2012… va a tener que esperar. Y que lo de aumentar la contratación, cubrir bajas, reducir listas de espera, volver a las 35 horas de jornada semanal… también tendrá que esperar. Y que eso de que sean una de las plantillas mejor preparadas pero peor pagadas de nuestro país… tiene fácil explicación, pero no es usted quien se la va a dar.

Pero todo a su debido tiempo que estamos en precampaña y hay que mostrar que todo va bien. Sonrían, aunque se les queme el hospital, que aquí no ha pasado nada.

Y vuelva pronto con idénticas sonrisas, pero a ser posible, porque traiga buenas noticias para los sufridos trabajadores de éste y otros hospitales andaluces. No vaya a ser, señor Consejero, que el próximo incendio sea de la propia ciudadanía, hastiada de nefastos gestores incompetentes, amigos del recorte salvaje y de sonrisas de hiena, falsas, burlonas y fáciles.

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