Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo.
Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo.

El Consejo Ciudadano Andaluz de Podemos, máximo órgano del partido, se ha reunido y, ajeno a la realidad actual e histórica tras los resultados electorales del 28A, y a la lectura que de los mismos hacen la mayor parte de votantes del PSOE y de Unidas Podemos, incluida la militancia del partido ganador, decidió ir al Consejo Ciudadano Estatal defendiendo que no hay que entrar en un gobierno con el sanchismo. Posición idéntica a la que ha mantenido la corriente minoritaria de Anticapitalistas.

Mediante resolución hecha pública el mismo día en que se había de reunir el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos, el CCA, máximo órgano andaluz insta a abrir un debate interno sobre si gobierno de coalición con el PSOE de Sánchez o acuerdo a la portuguesa, tomando el todo por la parte y posicionándose a favor de un “gobierno a la portuguesa” como representación de todo Podemos Andalucía, incluidas las nueve personas elegidas desde Andalucía para representarnos en Madrid. Parece que la aspiración de cualquier elector de un partido que vota para que su partido gobierne es ignorada de partida por los cargos orgánicos de Podemos Andalucía.

El CCA ha perdido la oportunidad de llevar al máximo órgano de Podemos estatal propuestas de medidas concretas para negociar con Sánchez que mejoren la situación de Andalucía, de las y los andaluces, en lo que se refiere a todos los indicadores de desigualdad, precariedad, y desempleo respecto de otros territorios españoles, así como cuestiones de movilidad, ferrocarril, energías renovables, turismo depredador, problemas del mundo agrario andaluz o de escasa industrialización, que son específicos de Andalucía entre otros muchos. Una batería de medidas urgentes para Andalucía que debería haber puesto sobre la mesa del CCE de Podemos con la propuesta de colaboración y coordinación de la acción política en Andalucía con la de las nueve personas representantes de Unidas Podemos que han obtenido escaño en el congreso por las circunscripciones andaluzas.

Pero no, el CCA parece más interesado en debilitar la fuerza negociadora que Unidas Podemos ha obtenido en las urnas y se sitúa como agente extraño a las negociaciones que seguro se abrirán con Sánchez de cara a la investidura y, posiblemente, la formación de gobierno. Una actitud que denota o inmadurez política o interés exclusivo en disputas internas y equilibrios de poder en lugar de interés inmediato en mejorar la vida de las y los andaluces a la vista de los resultados electorales del 28A que ha dejado a Vox fuera de juego, a Ciudadanos crecido queriendo ser oposición, al PP desarbolado y al PSOE atrapado entre el “con Rivera no” y “sí se puede” de su militancia y la presión de los poderes económicos y bancarios españoles y extranjeros para que limite la fuerza de Unidas Podemos no dejándolo entrar en el gobierno.

La iniciativa además se arroga la representación de todas las bases de Podemos Andalucía en un momento en que la buena campaña y estrategia representada por Pablo Iglesias, con altura de estado, ha conseguido parar en seco a las derechas reaccionarias y la derecha pro involución. la  posición de la directiva andaluza es, en términos políticos, imprudente e inoportuna. Imprudente porque alimenta los marcos de ataque por parte de los poderes económicos del estado y por parte del pesoe susanista (al que tanto se había criticado para las autonómicas del dos de diciembre) que desean a toda costa un gobierno del pesoe en solitario auspiciado por Ciudadanos. Inoportuna porque las bases andaluzas apoyaron tanto en Vistalegre II como en la II Asamblea de Podemos Andalucía, con absoluta rotundidad, dos estrategias que, a mi entender, no eran contradictorias. En el marco estatal la que condujo a Unidas Podemos liderada por Pablo Iglesias y en el marco andaluz la que condujo a Adelante Andalucía liderada por Teresa Rodríguez. Un sujeto político de estado y un sujeto político andaluz para reflejar la especificidad andaluza.

Sendas estrategias han demostrado, contextualizadas al proceso histórico y a cada ámbito, el estatal y el andaluz, que eran útiles para limitar los efectos de los ataques de todos los sistemas de poder que operan en España contra una potencia de cambio como Podemos. La andaluza, que se enfrentaba nada más y nada menos a un pesoe que llevaba en el poder del sur cuarenta años, limitó la caída pero no ilusionó lo suficiente como para movilizar la abstención y el trasvase de voto desde el PSOE a Adelante Andalucía. Lo he analizado en un puñado de artículos anteriores publicados en este medio. Pablo Iglesias comprendió el contexto de los resultados electorales de Adelante Andalucía y, prudente, no entró a la crítica. Demasiado se había hecho.

La estrategia estatal, con la amenaza de involución y la útil llamada del PSOE al voto útil, logró frenar la sangría de votos y situar al sanchismo en una posición clara de dependencia de la fuerza de Unidas Podemos si quiere gobernar de acuerdo con la mayoría de sus votantes. Ese es el sentido de los “con Rivera no” y “sí se puede” que gritaba su militancia la noche del 28A. Nunca en un contexto de voto útil un espacio de cambio en competencia con el PSOE había logrado 42 escaños, la mitad, 21, logró la IU más álgida en 1996. Más mérito, si cabe, con la amenaza de involución que representaba un Vox al que Casado le otorgó ministerios en campaña.

Sendas estrategias, pensando en las cuestiones sociales y territoriales que seguirán atravesando la política española, estaban, y están, llamadas a coordinarse y entenderse por el bien de la mayorías sociales de toda España y de Andalucía. Sin embargo, el movimiento en solitario que ha hecho la directiva de Podemos Andalucía, torpedeando a Pablo Iglesias en momento tan delicado, antes de unas nuevas elecciones el 26 de mayo, y con un PSOE que aun ganando con su tercer peor resultado histórico sigue sacando a diario la soberbia a pasear, debilita la imprescindible tarea de coordinación entre nuestros representantes en el parlamento de Andalucía y en el congreso de España, por el bien, como he escrito arriba, de las y los andaluces.

La decisión de intentar desautorizar a Pablo Iglesias y la mayoría el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos, se ha tomado unilateralmente y de forma descoordinada del resto de agentes que componen Adelante Andalucía (IU, Primavera Andaluza e Izquierda Andalucista), dañando la credibilidad de un proyecto autónomo andaluz al estilo de los Comunes en Cataluña. Sería irrelevante si no dañase además la futura fuerza de Andalucía por la izquierda y el federalismo en los debates que se avecinan. Bastante daño hizo el susanismo cuya alianza con Ciudadanos fue la llave que abrió la puerta de la ultraderecha en Andalucía y el factor determinante para la irrupción de un gobierno antisocial en nuestra tierra, como para ahora ahondar en el camino de “con el pesoe ni muerta”.

Es evidente que estamos en un proceso de investidura y formación de gobierno que no se va a resolver antes de que se constituyan las cámaras en Madrid, ni antes de que se conozcan los resultados de las elecciones municipales, autonómicas en las comunidades del 143, y europeas del 26 de mayo. Es evidente que, como ha escrito Enric Juliana, el debate sobre los pactos va a recorrer, y va a ser central, en estos nuevos procesos electorales. Por ello es evidente que la política de estado está en un juego legítimo de posiciones.

Unidas Podemos con Pablo Iglesias al frente está haciendo valer su fuerza poniendo al PSOE en la dicotomía de proyecto de cambio, programa de gobierno, gobierno y estabilidad o solo investidura. Lo números resultantes del 28A permiten, por supuesto, dejar gobernar en solitario al PSOE. ¿Cuánto se puede avanzar en restablecimiento de derechos y consolidación de los nuevos imprescindibles en materia de feminismo, modelo productivo y energético, justicia fiscal y lucha contra el cambio climático? ¿Cuánto se puede avanzar para limitar el crecimiento del independentismo en una nueva fase de diálogo? No es lo mismo responder a las expectativas de la mayoría social avalada por unos 15 millones de votos en toda España (incluyendo a los nacionalismos democráticos periféricos, independentistas o no) con gobierno de 123 escaños que con gobierno de 165. No es lo mismo. Es tan evidente que es el sentir mayoritario de quienes nos movilizamos ante el 28 de abril para llamar al voto como única forma de salvar España de la involución democrática. La fuerza de las urnas ha de traducirse en fuerza para negociar programa legislativo de gobierno, medidas de gobierno y acciones de gobierno. Con la fuerza de las urnas hay que exigir gobierno, como está haciendo Iglesias, si Pedro Sánchez y su PSOE se enroca tendrá toda la responsabilidad de haber fallado (como ocurrió con aquel “no nos falles” a Zapatero).

Para terminar, un breve apunte sobre la preferencia del CCA de gobierno a la portuguesa (investir a Sánchez presidente y dejarlo gobernar en solitario con un programa pactado). Para quienes hablan de acuerdo a la portuguesa en España, lo primero que habría que decirles es que la composición actual de la Asamblea de Portugal, no se parece en nada a la que ha dejado el resultado del 28A en el Congreso de España. Desde luego ni Portugal es España, con nuestras plurinacionalidades y nuestros ecosistemas políticos territorales diversos, ni allí la política está atravesada por un asunto soberanista. El partido más votado en Portugal en 2015 fue de derechas, Portugal al Frente (102 escaños); el segundo fue el Partido Socialista (86); luego el Bloque de Izquierdas (19) similar pero no igual a Unidas Podemos; luego Coalición Democrática Unitaria (17), alianza de Comunistas y Verdes; luego Partido Social Demócrata (5), de derechas; y por último Personas - Animales - Naturaleza (1).

Como se puede comprobar con facilidad en Portugal el Partido Socialista no tiene la posibilidad de acuerdos parlamentario con la derecha porque no le dan los números salvo si quisiera cederle el gobierno completo a Portugal al Frente (una locura, como la que hizo el susanismo dejando gobernar a Rajoy). En España, sin embargo, los resultados del 28A permiten a Sánchez llegar a presidente con un pacto con Unidas Podemos y luego saltarse el acuerdo aliándose puntualmente con fuerzas de la derecha como Ciudadanos o el PP, o forzar apoyos con la amenaza de acusar a Unidas Podemos de pinza con la derecha, desde para los presupuestos hasta para cualquier ley o actuación.

Por insistir, el CCA de Podemos Andalucía, antes de cualquier resolución del calado de la que ha tomado, debería haberse coordinado con el resto de agentes de Adelante Andalucía. La resolución debería haber evitado la extemporaneidad de proponer un debate sobre la forma final del un posible acuerdo con el PSOE “por que nos lo merecemos”, en palabras del propio responsable de comunicación de Podemos Andalucía, y haber acentuado las necesidades que Andalucía pone sobre la mesa para incluirlas en un acuerdo con el sanchismo. Y, por último, aunque solo sea por razón de organicidad dentro del mismo espacio de partido, se hace imprescindible para ya y para el futuro, la coordinación con las y los representantes andaluces de Unidas Podemos electos este pasado 28 de abril.

Y las bases de Podemos votarán, claro que sí, con debate incluido si se refrenda o no, cualquier acuerdo que pudiera cerrarse con el PSOE de Sánchez.

Es conveniente que la dirección de Podemos Andalucía actúe de acuerdo a la fuerza real que tiene el partido y juegue en primera división y no en cuarta regional. Eso es lo que se merece Andalucía, eso es lo que nos merecemos.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído