Frente a los que defiende que hay pasar página de esta parte de nuestra historia, yo considero que hay que divulgarla, y muy especialmente entre los jóvenes.

El pasado 21 de noviembre, alrededor de 200 ultras se manifestaron en la Plaza del Oriente de Madrid para exaltar la memoria de Franco exhibiendo banderas preconstitucionales y símbolos nazis. En el transcurso de la manifestación apalearon al conocido activista sin techo Lagarder, que portaba un cartel con la frase “Franco asesino”,  lo que no deja de ser una redundancia. La policía intervino cuando se había consumando la paliza. Esa conmemoración fascista se viene celebrando cada 20 de noviembre sin que se produzca una vomitera colectiva de la sociedad española. No me imagino yo a una panda de nostálgicos del nazismo, en Alexanderplatz o en la puerta de Brandemburgo, ensalzando a Hitler sin ser detenidos y encarcelados tras ser duramente reprimidos por la policía alemana. Como tampoco sería imaginable que la jerarquía de la iglesia católica alemana bendijera  celebraciones a la memoria de un genocida como sí sucede aquí, donde cada año se promueven misas propagandísticas por el alma ¿cristiana? del Caudilllo: el responsable de cientos de miles de crímenes, de desapariciones, de juicios sumarísimos, de torturas…, desde el 18 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de 1975,  día  que por fin expiró su “cruzada”.

No he oído a  Albert Rivera preguntar al ministro del Interior sobre las manifestaciones de violentos, que exaltan el fascismo y al régimen franquista con absoluta impunidad. Sí lo he visto, sin embargo, presentando en el registro del Congreso una pregunta al Gobierno respecto del viaje diplomático del rey emérito, Juan Carlos, a Cuba para asistir a los actos de despedida del Jefe de Estado, y líder de la revolución, Fidel Castro. Esto resulta especialmente preocupante siendo Ciudadanos la teórica alternativa moderada de derechas al  PP. Aunque jamás le votaré, le presuponía mayor altura de miras a Rivera.

El presidente Alemán, Johannes Rau, se fue al Parlamento israelí en el año 2000 para pedir perdón por la muerte de seis millones de judíos durante el periodo nazi. En España ni siquiera en los años de gobierno de Felipe González o de Zapatero se celebró un acto solemne de condena al franquismo. Solo pírricas resoluciones aprobadas a regañadientes por el partido del actual Gobierno. Lo único plausible ha sido la Ley de Memoria Histórica de 2007, que el PP ha boicoteado desde su aprobación, y que se viene aplicando, muy lentamente y con escaso presupuesto, por contados gobiernos autonómicos y ayuntamientos. Entre esas pocas iniciativas, para reparar a las víctimas  y reconfortar a los familiares que siguen buscando sus cuerpos, hay que mencionar la Casa de la Memoria 'La Sauceda', en Jimena de la Frontera, de obligada visita, que ha sido posible por el mecenazgo de un nieto de fusilado en el cortijo 'El Marrufo', en el término municipal de Jerez.

¿Qué patria?

En las navidades de 2010 visité Chile con mi familia. Cuando nos recibieron nuestros amigos en el aeropuerto de Santiago nos saludaron con un “bienvenidos a nuestra patria”, un sentimiento muy interiorizado por chilenos, argentinos, cubanos y latinoamericanos en general que, por mucho que reivindique Pablo Iglesias, sigue teniendo una connotación franquista difícil de digerir para mi generación. Y la tiene porque “por Dios y por la Patria” se cometieron ingentes atrocidades, porque Franco no fue derrotado ni repudiado en un plebiscito como hicieron los chilenos con Pinochet, sino que se murió en la cama por imperativo biológico; y tiene esa connotación franquista porque la Ley de Amnistía de 1977 y el espíritu de la Transición impidieron juzgar y condenar a todos los responsables del régimen y a sus sicarios.

Frente a los que defiende que hay pasar página de esta parte de nuestra historia, yo considero que hay que divulgarla, y muy especialmente entre los jóvenes; en contra de los que entienden que hay que mirar adelante para no abrir las heridas, opino que antes hay que volver la vista atrás y condenar todo aquello que nos avergüence como seres humanos, precisamente para cerrarlas definitivamente. Nada de eso se ha hecho. Seguimos estando en el punto de mira de la ONU, cuyo comité de Derechos Humanos instó hace más de un año al Estado español a derogar la Ley de Amnistía, “que obstaculiza la investigación de las violaciones de los derechos humanos del pasado, en particular los delitos de tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias“. La ONU también instó hace ahora tres años al Gobierno español a investigar todos esos crímenes del franquismo, “identificar a los culpables, juzgarlos, imponer penas según la gravedad  y ofrecer reparación a las víctimas o descendientes, (…).  La negativa del Estado español a abordar las “desapariciones forzosa” fue calificada de “vergonzosa” por Amnistía Internacional.

Si sentirse español implica tener que aceptar ese legado infame que aún está presente en los rótulos y monumentos de las calles por las que paseamos; si sentirse español conlleva esa carga indigna de nuestro pasado más ruin; si sentirse español significa resignarse a que se encarcele al jerezano Ciro Morales, por la protesta “Aturem el Parlament”, convocada por 15M contra los recortes sociales, mientras que grupos fascistas campan a sus anchas por las calles cargando contra los demócratas; si sentirse  español es aceptar que miles de hombres y mujeres, que lucharon por la democracia y la libertad, sigan enterrados en las cunetas… Yo me siento apátrida en mi patria y no tengo especial orgullo por sentirme español en esta España desmemoriada. Ojala que algún día pueda.

Nota

Resulta chocante celebrar el día de la Constitución cuando se vulneran los derechos que ésta debe consagrar. Entre 2007 y 2014 se realizaron 600.000 ejecuciones hipotecaria  de las cuales más de 200.000 acabaron con familias desahuciadas, en las oficinas de empleo registran casi 3.800.000 desempleados de los cuales 902.000 son andaluces, uno de cada tres niños en España, según Save the Children, está en riesgo de exclusión social, miles de españoles “con trabajo” viven en el umbral de la pobreza, el número de suicidios en España ha aumentado un 20% desde que estalló la crisis. Podría seguir… Lo único que puedo añadir es que, por el momento, el 6 de diciembre, no tengo  nada que celebrar. 



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