Un joven consultando un escaparate de una inmobiliaria, en una imagen de archivo.
Un joven consultando un escaparate de una inmobiliaria, en una imagen de archivo.

Si de mi 2018 tuviera que destacar un momento como el más caótico me decantaría por la búsqueda de un piso de alquiler. En este mismo espacio les conté en verano cómo estaba resultando la búsqueda de una vivienda al no tener más remedio que cambiar de piso por la finalización del contrato anterior y el deseo de la propiedad de no renovarlo para hacer uso de su casa. Precios desorbitados, solicitud de requisitos casi imposibles para mi generación y viviendas en las que no debería estar permitido vivir por sus lamentables condiciones fueron algunas de las piedras encontradas por el camino. Hasta que por fin llegó el piso adecuado. Tras asumir el elevado precio y resignarme a tener que recurrir a mis padres, logré relajarme y llegar a la conclusión de que hay que mirar hacia delante, que lo que hay que hacer es adaptarse a la situación y ser feliz en esta nueva etapa.

Otro de los momentos relevantes del año que acaba de terminar fue encontrar trabajo como recepcionista en una inmobiliaria. Vamos, que el año ha ido de casas. Debido a mi trabajo y pese a haber encontrado la vivienda que necesitaba alquilar, continúo visitando a diario los portales inmobiliarios. Hace tan solo cuatro meses que firmé el contrato de alquiler del piso en el que vivo actualmente. Tras analizar día tras día la evolución del mercado del alquiler hasta respiro aliviada. Si ahora llegase el momento de hacer una mudanza a otra vivienda, la desesperación sería mayor. En tan solo cuatro meses los precios están más desorbitados si cabe. Esto no tiene pinta de cambiar, porque todo lo que rodea a los alquileres es desolador. Y los encargados de poner en marcha cambios para regular esta situación en la que nos vemos envueltos estudiantes, trabajadores, personas en paro, ancianos con pensiones denigrantes o familias con niños lo único que hacen es vendernos humo con medidas un tanto inútiles.

Las ayudas al alquiler que ofrece la Junta de Andalucía tienen tantas limitaciones que algunos que realmente las necesitan no pueden ni optar a ellas. Por ejemplo, para optar a una subvención los jóvenes menores de 35 años tenemos que alquilar pisos por menos de seiscientos euros. Si superamos esa cifra, ya no podemos solicitar la ayuda. Si entran en cualquiera de los portales inmobiliarios podrán comprobar que en Sevilla capital (y probablemente en otras ciudades) es difícil encontrar algo apto para vivir por menos de seiscientos euros. Algunos debatirán esto diciendo que existen opciones como irte a otras localidades más pequeñas y alejadas de la capital. Pero teniendo en cuenta que también fuera de las capitales los precios están subiendo y que si trabajas en el centro de la ciudad seis días a la semana con jornada partida tendrías que hacer una inversión en transporte, al final el gasto sería parecido. Como toda ayuda, esta también tiene que tener límites. Pero en este caso y según de la localidad que estemos hablando, los límites son de risa. Y al igual que digo lo de los jóvenes menores de 35 años, los mayores de 65 años están en una situación muy similar. Por no hablar del limbo en el que se encuentran los que están entre esas dos cifras.

Pero si lo de las ayudas es una cortina de humo, lo de las nuevas medidas del alquiler que aprobó el Gobierno mediante Real Decreto Ley hace unas semanas es de traca. Hacen creer que amparan en algo a los inquilinos y lo cierto es que el amparo es mínimo. Una de esas medidas es que el contrato se prorrogará por plazos anuales hasta cinco años (siete si el arrendador es persona jurídica) y no hasta tres como sucedía hasta ahora. Eso sí, si el propietario quiere hacer uso de su vivienda o quiere que haga uso un familiar de primer grado, no existe esa prórroga del contrato. Después del primer año la propiedad puede echar al inquilino. Vale que está bien que de tres años haya pasado a cinco, pero al igual que sucedía antes cuando se cumple cada año los inquilinos tendrán la inseguridad de si tendrán que abandonar la casa o no. Otra de las medidas es que como máximo se le puede pedir al arrendatario una fianza de dos meses. Una cantidad que según el importe de la mensualidad, continúa siendo en ocasiones una cifra desorbitada a la que muchos no pueden hacer frente. Tener que pagar el mes corriente, dos de fianza y en algunos casos una mensualidad para la agencia inmobiliaria da como resultado cifras imposibles. Que no nos engañen haciéndonos creer que estas medidas son la solución a lo que está sucediendo. El principal problema es que no existe ninguna limitación del precio de los alquileres y tampoco hay medidas que protejan a los propietarios ante impagos o desperfectos en la vivienda cuando finalice el contrato de alquiler. Mientras todo esto no tenga regulación, lo demás es simple decoración. Y más teniendo en cuenta que los arrendadores se sienten desprotegidos con estas medidas y pueden responder incrementando los precios.

Por cierto, el hecho de que el Gobierno no haya regulado de ninguna forma los precios de los alquileres puede provocar que el Congreso tumbe estas medidas. En ese caso solo tendrían validez desde su aprobación hace tan solo dos semanas hasta su no aprobación por el resto de partidos. Es decir, que podría ser una medida que solo tuviera semanas de duración. Desde Unidos Podemos han manifestado que entre las medidas que pactaron con el Ejecutivo de Sánchez se encontraba la de la regulación de los precios. Al no haberla implantado, la formación de Pablo Iglesias ha dejado en el aire su apoyo a la nueva norma. Un apoyo necesario para que salga adelante.

Toda esta falta de regulación y el aumento de precio de los alquileres ha provocado que en los últimos tiempos quienes vivían de alquiler y se podían permitir comprar una vivienda optasen por esta segunda opción. En numerosas ocasiones la cuota mensual de una vivienda en propiedad es más baja que la alquilada. Pero 2018 tampoco ha terminado bien para el tema hipotecario. Esperemos que 2019 nos traiga a quienes sufrimos esta situación medidas que de verdad regulen y que no se limiten a salir del paso para lavar la imagen de un Gobierno.

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