Amaia y Alfred, en uno de sus ensayos en Eurovisión. FOTO: RTVE.
Amaia y Alfred, en uno de sus ensayos en Eurovisión. FOTO: RTVE.

El próximo sábado se celebra el Festival de Eurovisión. Este año serán muchos los que vuelvan a ver la cita musical europea después de años sin verla por la participación de Amaia y Alfred. Es un evento que merece la pena ver por todos los mensajes que hay detrás de cada una de las canciones y de los representantes de los países europeos. El problema es que muchos no están dispuestos a abrir la mente. Que la ganadora y el finalista de OT sean los representantes españoles en Eurovisión ha dado lugar a todo tipo de comentarios. Y todos los que van en contra de la pareja (se han recogido incluso firmas para que no representen a nuestro país) llevan a la misma conclusión: Muchos ciudadanos de este país no están preparados para la irrupción de una nueva generación formada por jóvenes preparados, comprometidos, cultos, con ganas de trabajar y que expresan con respeto y educación sus ideas. La cultura da miedo. Y la libertad de expresión también. Y esto resulta lamentable. Con 19 y 21 años la pamplonica y el catalán han demostrado mucha más madurez que personas de más edad. Igual que otros de los representantes europeos de esta edición.

En cuanto a Almaia (así se conoce a la pareja) solo han pasado seis meses desde que se dieron a conocer en Operación Triunfo. Desde entonces han sido muchos los comentarios negativos a los que han tenido que hacer frente. La última polémica a la que se han enfrentado ha girado en torno al libro que él le regaló a ella por Sant Jordi, España de Mierda, de Albert Pla. Los españolitos ofendidos con el título se apresuraron a criticarles y a decir que cómo iban a representar a nuestro país si leían cosas como esta. Españolitos que no se preocuparon por saber de qué va el libro. Españolitos que no respetan la libertad de expresión.

En primer lugar hay que valorar que haya jóvenes que apuesten por la lectura. En segundo lugar hay que saber que este libro ni habla de independentismo ni de política. Trata sobre lo complicado que es para alguien que quiere abrirse un hueco en la cultura española conseguirlo. Algo que es totalmente real. Que la pareja tuviese que llegar al límite de grabar un video dando explicaciones al respecto por el revuelo causado en las redes es pésimo. Son libres de leer y regalar lo que les apetezca. Faltaría más. Todo esto se unió una vez más a los que tildan a Alfred de independentista. Al cantante le han preguntado en numerosas ocasiones sobre su postura. Él nunca se ha declarado independentista. Ha preferido no pronunciarse sobre el tema y ya por eso hay que tachar al joven de algo que quizá no sea. Mientras no haya ninguna manifestación de que está a favor de la independencia catalana, ¿por qué echárselo en cara?

Muchos ciudadanos de este país no están preparados para la irrupción de una nueva generación formada por jóvenes preparados, comprometidos, cultos, con ganas de trabajar y que expresan con respeto y educación sus ideas"

Y a todo esto hay que añadir los comentarios sobre su noviazgo. En las últimas semanas, conforme se aproximaba el Festival, ha habido noticias que aseguraban que su relación estaba deteriorada. A través de sus redes sociales ellos se han tomado con naturalidad las informaciones y han desmentido que ya no estén juntos. ¿Envidia? ¿Ganas de hacer daño? Porque ¿a quién no le gustaría que le mirasen como Amaia mira a Alfred y como Alfred mira a Amaia? Dentro de la academia comenzaron una bonita historia de amor que lejos de esconder vivieron con total naturalidad. Quien cuestione que Alfred ha aprovechado su relación con Amaia para darse a conocer demuestra que no ha seguido la trayectoria de este chico, que aunque de momento es corta, es maravillosa. Compone, produce e incluso daba conciertos en salas pequeñas antes de entrar en OT. No necesita engancharse a nadie para lograr el éxito. Él solito tiene la capacidad suficiente para tener una carrera musical.

Igual que ella. Que desde niña ha dejado patente que es uno de los grandes talentos de la música en nuestro país. Y muchos, en lugar de aprovechar ese talento, de sentirse orgullosos, de disfrutar de la música y alegrarse por su felicidad, solo piensan en destruir a dos jóvenes recién aterrizados en el éxito a los que pueden hacer mucho daño. Dos jóvenes que además de todo lo anterior dan voz a muchos temas que deberían tener más visibilidad. Y esto hay que agradecérselo. En la academia Alfred trató sus problemas de ansiedad como algo que sufren muchas personas y que no debería ser un tema tabú. Siempre ha hablado de causas solidarias como el cáncer infantil y ha apoyado a los refugiados. Y Amaia. Qué decir de Amaia de España. Abanderada del feminismo representando a miles de jóvenes de su edad que vienen pisando fuerte y alzando la voz para defender los derechos de las mujeres.

Y lo que representan ellos lo representan varios de los que el sábado se subirán al escenario en Lisboa. Por eso quien vea Eurovisión tiene que ir mucho más allá de las actuaciones. Como hacemos los que seguimos el concurso cada edición. Quienes se suben al escenario, en especial los jóvenes, son un claro ejemplo de que existe gente comprometida, con visión de futuro, con ideas claras. Jóvenes que luchan por un mundo mejor, preocupados por la actualidad, que dan visibilidad a los problemas. Algunas de las canciones que sonarán en la capital portuguesa tienen un mensaje muy reivindicativo. La representante de Israel y gran favorita canta al feminismo a través de frases como “No soy tu juguete, chico estúpido”. El matrimonio que representa a Francia relata en su canción Mercy la historia de un bebé nacido a bordo de una patera. Y los participantes italianos alzan la voz contra el terrorismo islámico. Hechos que demuestran que además de un concurso musical, sobre el escenario hay toda una representación de actualidad y futuro. No les cortemos las alas. Que Amaia y Alfred queden más arriba o más abajo en la lista no importa. Lo que importa es que mantengan la esencia y naturalidad que les caracteriza y sigan hablando sin obstáculos de feminismo, ansiedad, amor o música. Y que sigan cantando canciones como Tu canción, con la que muchos nos hemos emocionado.

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