Juanma Moreno en el Parlamento andaluz, en su sesión de investidura como presidente.
Juanma Moreno en el Parlamento andaluz, en su sesión de investidura como presidente.

El día después de las elecciones del 2 de diciembre no eran pocos los medios de comunicación y analistas políticos que pensaban que Ciudadanos tenía la llave de la Junta de Andalucía; era evidente que no habían conseguido el sorpasso al PP como pretendía Rivera, pero no perderían la oportunidad de colocar las piezas naranjas en el ajedrez de la política andaluza. En aquellos días, los líderes de la autoproclamada nueva etapa del cambio”, no querían un presidente del PP ni una presidenta del PSOE, pero la aspiración de construir un “Borgen andaluz” duró menos de un mes.

Juan Marín no es Birgitte Nyborg, que sorpresivamente termina siendo primera ministra de Dinamarca tras quedar en tercera posición en las elecciones, pese al empeño de Marín en reproducir la épica televisiva y pese a la entrevista en la que insistiera una y otra vez a Ana Pastor que él sería el candidato de su partido, Ciudadanos, a la investidura en Andalucía. Un día más tarde todo había cambiado, las negociaciones con el Partido Popular fluían rápidamente – con las delegaciones madrileñas marcando la estrategia regional y nacional- Marta Bosquet pasaba a ser la presidenta del Parlamento de Andalucía con la exclusión de Adelante Andalucía y la entrada de Vox en la mesa de la cámara.

Las respuestas a todo lo que estaba ocurriendo fueron sencillas, “pensé que se le había olvidado” respondía Marín el día del debate de investidura a la televisiva periodista, que se limitó a decir “no crea usted que se me olvida” sin hacer gala de su despiadada fama de acorralar a los entrevistados.

Y así, en menos de un mes, estábamos en una coalición de dos partidos, Partido Popular y Ciudadanos, con un acuerdo de investidura con un tercero, Vox, que termina siendo la llave de los acuerdos parlamentarios, “nos gusta la música y la letra” llegaron a decir, tras el discurso pronunciado por el candidato a ser investido presidente de la Junta, el líder del PP-A, Juanma Moreno. Como no les va a gustar digo yo, si son los autores de la partitura y los que dirigen la batuta, que para eso vino Abascal al debate de investidura y bien que se paseó ufano por todos los platós de televisión del parlamento andaluz, ese día más hospital de las cinco llagas que nunca, con semejante invitado.

En ciencia política, en los procesos de coalición en la conformación de gobiernos, se distingue entre la dicotomía “office-seeking” y “policy‐seeking”, entre aquellos que destacan por la búsqueda de oficina, el conjunto de cargos dentro del gobierno, y la búsqueda de política, donde los actores buscan construir alianzas con los socios más cercanos a ellos ideológicamente aspirando a que sus políticas sean las determinantes.

Siguiendo a los teóricos de la ciencia política, en la asignación de coaliciones, los partidos que forman parte de la coalición son más buscadores de cargos y los partidos que no la conforman, pero la sostienen, son más buscadores de políticas.

La coalición que se ha conformado en Andalucía ha pasado a denominarse tripartido, por cuanto que la misma es una coalición de "minoría", es decir, de tamaño insuficiente para promover políticas públicas por cuanto que los dos partidos de la coalición de gobierno- PP y Ciudadanos- no controla la mayoría absoluta de los escaños en el Parlamento de Andalucía – en manos de Vox-. Aquí entra en juego el tercero de los socios de la coalición, un socio tóxico y no deseado para la foto pero que marca las políticas con el apoyo a la investidura y la firma de los acuerdos programáticos del principal socio de gobierno, trazando las líneas rojas de los objetivos políticos: policy-seeking.

Office-seeking fue lo primero que vimos en el gobierno de coalición que se conformaba, desde el primer día la sombra de la bicefalia recorría los pasillos de San Telmo, comenzamos a ver como en el primer acto público del gobierno en Fitur comparecían ante los medios de comunicación presidente y vicepresidente, en su condición de consejero de turismo. También, en el primer consejo de gobierno comparecía el presidente y el vicepresidente en concepto de no-se-muy-bien-que, y el mismo día acudían al tanatorio del pequeño Julen, el consejero de Presidencia, Administración e Interior, Elías Bendodo, y el consejero de Educación y Deporte, Javier Imbroda, en concepto de somos de Málaga y cada uno de nosotros de un partido diferente de la coalición.

Sin embargo, mi intuición me dice que esta bicefalia es asimétrica, por mucho que digan que el mejor despacho se lo han dejado a Marín en San Telmo, por mucho que aparezcan juntos en todas las fotos Moreno-Marín y den ruedas de prensa conjuntas, por mucho que Loles López, la flamante portavoz del grupo parlamentario del PP-A, diga que no existe la bicefalia y anuncie la plena sintonía, a mí me da que esta legislatura ha arrancado con sillones de cuero y sillas de anea.

Que la estructura del gobierno sea un sudoku difícil de definir, que Hacienda la ocupe el Partido Popular, pese a los deseos de Marín, que los temas de conflicto con Vox estén en manos de las carteras ocupadas por Ciudadanos -inmigración, violencia de género, igualdad-, que de las once consejerías del cogobierno las cinco de Ciudadanos están llenas de gente inexperta y un gran número de independientes, que Marín tenga cuatro competencias que, más allá de turismo, no le van a dar ni un día de alegría, y que frente al desaire de la foto de Rivera con  la mitad del gobierno, el Partido popular haya respondido con unos nombramientos que denotan la fortaleza de los perfiles curtidos en lo que en la extinta unión soviética se denominaba apparatchik.

Soledad Pérez Rodríguez es abogada feminista y diputada del PSOE en el Parlamento de Andalucía.

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