Qué triste resulta ver a una ciudad mirando hacia otro lado mientras una de sus señas culturales de identidad se debate entre la vida y la muerte ante la desidia de la clase política y la indiferencia de los propios ciudadanos. Cuán amargo resulta pensar en esos trabajadores que ponen manos, mente y corazón en sacar adelante esa casa de los sueños, cajita de resonancias y sentimientos que se proyecta desde el mismo corazón de Jerez hacia el exterior. Patrimonio del jerezano… qué digo del jerezano… ¡del andaluz!

Por sus tablas han desfilado la flor y nata del teatro, de la ópera, del ballet… ha sido el palpitante duende flamenco de un Festival que no sería tal sin sus bambalinas, y sin un público entregado desde el patio de butacas al anfiteatro. Y mientras el enfermo se nos debilita ante los ojos marchitándose a cada hora que pasa, los cirujanos del escalpelo mitinero se esconden bajo las piedras sin dar explicaciones de su manifiesta inoperancia y su dejadez mezquina.

Quizás ellos piensen que Jerez no dejará de ser Jerez sin Villamarta. Quizás ellos piensen que es más importante para una ciudad un Circuito de Velocidad (que nadie niega que lo sea, ojo) que ese pulmón cultural que lucha a diario por mantener los pilares del ocio, el arte y la sabiduría, en los altares de los que nunca debería nadie siquiera plantearse bajarlos. Porque ese arte palpita en las venas jerezanas desde hace siglos, amigos míos. Forma parte de la idiosincrasia de la ciudad. Porque si Villamarta echa el cierre… ¿dónde irán sus huérfanos a saciar la sed de cultura? ¿Es que no hay un proyecto de ciudad que contemple el sostenimiento digno del Teatro Villamarta como argumento innegociable e inamovible? ¿Cuándo decidirán los políticos dejar de aparecer en las fotos en fechas electorales con soluciones vanas y fuegos de artificio, y se remangarán de una puñetera vez para insuflarle vida a ese edificio que es santo y seña, que es pasado y presente… que es orgulloso estandarte de la sociedad jerezana?

Échense a la calle ahora que pueden, porque mañana será demasiado tarde. Y no me imagino un Cádiz sin su Teatro Falla, o Sevilla sin su Lope de Vega, o un Liceo cerrado en Barcelona. Sus ciudadanos no lo permitirían. Dime, Jerez… ¿qué piensas hacer tú para defender lo tuyo?

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