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El Ayuntamiento de Madrid se ha gastado 52.000 euros por un informe de impacto de género del soterramiento de la M-30, cuando la obra ya está terminada y, por tanto, ya es inútil.

El objetivo final de la lucha por la igualdad de género es conseguir una mayor calidad de vida para todos, por lo que este proyecto debe ser inclusivo y transversal, en el que se tenga en cuenta la diversidad. La sociedad poco a poco va dejando de ser patriarcal, aunque todavía existen muchos estereotipos, tanto masculinos como femeninos, que hay que eliminar. Los mecanismos que propician las desigualdades son fundamentalmente las normas y la distribución y acceso a los recursos. En el plano legislativo se ha avanzado mucho, pero no hay que conformarse con el enunciado de la norma, pues la igualdad actualmente, a pesar de los preceptos, no es un hecho objetivo, ni impermeabiliza todo el sistema social. Hombres y mujeres deben ser valorados por igual, aunque sus aportaciones y capacidades sean diferentes.

En cuanto a distribución de recursos, no basta con asignar dinero a las mujeres, pues esto por sí sólo las segrega, sino que tienen que ser ellas también las que formen parte de la toma de decisiones. Por eso, es importante que en toda planificación económica exista un proceso participativo en que se tenga en cuenta y se atiendan las necesidades desagregadas de hombres y mujeres, desde el plano de su diversidad, especialmente con estudios estadísticos. Toda toma de decisión importante de los poderes públicos debe tener en cuenta la perspectiva de género, conforme lo avala el Consejo de Europa. Este estudio del impacto de género debe efectuarse previamente a la resolución administrativa y no a posteriori. A veces la Administración, al no tener en cuenta esta perspectiva, obstaculiza el normal desarrollo de la vida de hombres y mujeres. Ejemplo de ello sería no construir escuelas infantiles accesibles y próximas a los centros de trabajo, pues esto impediría conciliar la vida familiar y laboral. Otro ejemplo sería no iluminar adecuadamente zonas del entramado urbano, pues provocaría que las personas más vulnerables no paseasen por allí de noche por miedo. 

Los políticos se llenan la boca con frases grandilocuentes a favor de la paridad, pero no asignan suficientes recursos para ello ni atienden a las necesidades de los individuos. Pero el colmo es malgastar a espuertas ese dinero público con la coartada y el encubrimiento del género para que algunos puedan vivir de él. Me refiero en concreto al Ayuntamiento de Madrid, que se ha gastado 52.000 euros por un informe de impacto de género del soterramiento de la M-30, cuando la obra ya está terminada y, por tanto, ya es inútil. Ese modo de proceder, en vez de ayudar a la igualdad de género, provoca lo contrario: desacredita, ridiculiza y banaliza la lucha por la equidad sostenida durante siglos.

Si el consistorio quiere hacer una auditoría de los gastos del equipo municipal anterior para comprobar si ha habido despilfarro, no puede caer en lo mismo y despilfarrar a su vez. De lo contrario, costaría más el collar que el perro. Si prometieron que iban a barrer la basura que quedaba debajo de las alfombras, no pueden cepillar el suelo y volver a esconder en el mismo lugar su propia suciedad, por muy legal que sea la adjudicación del contrato. El dinero público es de todos y no está al capricho de unos pocos. Cuando uno ve esto cree que le han tomado el pelo. Hagamos eficientes y productivos los estudios de género en el urbanismo para que se consiga un mayor bienestar de todos en la ciudad y ésta se convierta  en un espacio de encuentro, pero no tiremos el dinero, pues hay muchas mujeres maltratadas que podrían vivir con holgura con esos 52.000 euros que se han gastado alegremente. ¿No había y hay realmente una situación de alarma social o tan sólo eso era propaganda para acceder al poder y hacer lo mismo que los demás? 

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