Historia de una escalera... mecánica

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Se llama Jonathan y le dicen Johnny. Con su chándal de imitación, su arito de oro colgando de la oreja izquierda, y su tatuaje tribal en el bíceps, sabe que solo tiene una salida para los próximos, con suerte, 60 años: la calle y la nada. Una nube de humo les envuelve, entre el olor a hachís y a gasolina quemada del tubo de escape rectificado. Les gusta tronar las calles, lo mismo que gritar insultos en cualquier fondo de un estadio. Como aullido de rebeldía reivindicando que alguien les haga caso. Claman en el desierto. Viven en una escalera interminable. Nunca llega a ningún sitio.

Recuerdo que en el instituto nos dieron a leer –que no es lo mismo que descubrir lo que uno quiere leer- Historia de una escalera. Los vagos recuerdos de la obra cumbre de Buero Vallejo son los de una sociedad de mediados de los 50 del siglo pasado frustrada. Con generaciones perdidas, condenadas a la suerte trágica de vivir en aquella especie de patio de vecinos o bloque de barriada. Como realidades de hormigón y cemento que golpean el rostro una y otra vez recordando que para nacer o morir hay que elegir bien el código postal antes que el genético. 

Jerez va a perder cuantiosas inversiones del Plan Urban del Distrito Sur y lo que se ha invertido ha servido de poco o nada. El Ayuntamiento tiene hasta el 31 de diciembre para completar las actuaciones, no parece que vaya a concederse una prórroga y lo que no se haga se irá por el desagüe. Apenas la remodelación del mercado de Federico Mayo y el parque de la Igualdad quedarán como iconos –es un decir- del famoso Urban. En la zona, que agrupa a unos 30.000 residentes, vienen prometiéndose planes integrales casi desde que El Chicle era El Chicle y su suelo de terrizo pegajoso se adhería a las suelas de los zapatos. Pero todo sigue sumido en el boquete. Y parece que así continuará. Cuando en junio de 2008 se anunció la llegada de unos 15 millones de euros de fondos europeos se habló de un maná que iba a propiciar la transformación y regeneración socioeconómica y urbanística de este populoso distrito.

Hoy ya se sabe que esas mejoras de permeabilidad no se harán. Como muchas otras cosas tampoco. Símbolo de otra ocasión derrochada

El tiempo ha dictado que la miseria y la precariedad hacen estragos y que de tantos proyectos para los políticos apenas han quedado cosas positivas para los ciudadanos. La brecha es aún mayor, si se tiene en cuenta que hay dos zonas Sur en Jerez muy diferenciadas. La que divide imaginaria y sociológicamente la avenida de Puertas del Sur y Torrox, habitada por clase media-media alta, con la de más allá de Blas Infante y la avenida de la Libertad, donde la crisis se ha mudado por una larga temporada. Estudié en los centros públicos Torresoto –donde ahora mi madre imparte clases- y Asta Regia, y puedo afirmar sin temor que también en este Jerez hay personas con talento, gente maravillosa, trabajadora y generosa que quiere salir adelante. ¿Pueden ellos cambiar el rumbo de los acontecimientos? ¿Les dejarán algún día?

Uno de los proyectos capados ha sido el de las controvertidas escaleras mecánicas. Es marzo de 2009: 2,6 millones de euros a gastar en seis años. La cuesta del Palenque, la de San Telmo, y Estancia Barrera contarán con esta suerte de elevador social para romper las barreras psicológicas que separan el 11408 del resto de la ciudad. Hoy ya se sabe que esas mejoras de permeabilidad no se harán. Como muchas otras cosas tampoco. Símbolo de otra ocasión derrochada. ¿Habrá responsables de que la ciudad haya vuelto a perder otra gran oportunidad? Ya conocen la respuesta. No es por ser pesimista pero parece que el Johnny y su primo seguirán (y seguiremos) mucho más tiempo debajo de esa escalera hacia ninguna parte. Con suerte, 60 años más.

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