Turistas este verano en Cádiz.
Turistas este verano en Cádiz. MANU GARCÍA

Aplazo un artículo sobre Hans Julius Wolff (1902-1983), aquel que inauguró los estudios jurídicos sobre la antigua Grecia, sufrió el odio nazi, se exilió en los Estados Unidos y encontró por fin el cuerpo de su hermano Hans en Crimea. Lo aplazo, no hay más remedio. En estos días el asunto del odio se ha hecho viral y no apetece insistir más ahí.

Traigo por contra una noticia inadvertida. Hace muchos veranos que los encuentros familiares y de amistad entre andaluces no alcanzaban estas cifras. Han sido ingentes los desplazamientos para comer con padres, hermanas o amigos. Hemos alzado las copas casi a diario en lugares reconocibles. Este verano hemos abarrotado bares y restaurantes con niños en bañador y camisetas de tirantas. Las casas de alquiler con piscina, nos las hemos rifado. Por nuestras manos han pasado infinidad de regalos y favores, canciones, alitas de pollo a la barbacoa, baberitos de bebés, botellines, consuelos y todo tipo de parabienes. Con estos datos ¿quién alza ahora la voz alto y claro para afirmar que somos insolidarios? ¿quién dice que la comunidad ha desaparecido? Es verdad que faltan las fiestas, pero este año ya huele a Carnaval.

No les voy a traer estadísticas para refutar estas observaciones porque las estadísticas son frías y no saben qué hacer cuanto topan con estados de ánimo. Por lo general, a las estadísticas, hay que tomarlas con sumo cuidado, como a un erizo.

El otro día un conocido me insistía: Hombre, si lo dicen las estadísticas, será verdad ¿no? Entonces le desafié: ¿Has registrado alguna vez un contrato de alquiler? Se hizo el indignado echando el mentón hacia atrás y abriendo los brazos misericordiosamente. Pues que sepas que por eso dicen que en España todos tenemos vivienda en propiedad.

Si con objetos cuantificables se logra alguna precisión -mas dependiendo del registro y de la interpretación-, imagínese cuando se tratan de relaciones aritméticas de la alegría, la dignidad, la libertad o el miedo entre los españoles. Si a la fe perezosa en las estadísticas se suma una tendencia al fatalismo, resultan catástrofes y crisis como el pan nuestro de cada día. Okupaciones, robos, asesinatos… ¡Stop! Demasiadas cruces. Eche un vistazo a su alrededor and look on the bright side of life.

En realidad el fatalismo es una tentación, quizás la más adictiva entre nosotros. Produce un desahogo que permite disfrutar los placeres con más intensidad. No negaré que con ella se pueden hacer grandes obras de arte, como la pereza, un lujo al día de hoy.

Así, y después de todo, insisto ¿quién dice que no somos tolerantes? Toleramos las calles sin árboles, las mentiras -mientras reconforten-, las voces artificiales de los porterillos y los surtidores de gasolina que nos dan las gracias y nos desean buen viaje. Lo podemos tolerar todo menos que nos dejen solos. Yo me levanto ahora y me rebelo contra este fatalismo, y les sugiero a ustedes que no olviden sus noches de este verano último, porque si aún nos queda un remedio contra este mal que se masca en el ambiente y que llegará el día en que el visitante y el compañero no sean bien recibidos y nuestros hijos nazcan encanecidos y la venganza destructora susurre a hombres y mujeres, les aseguro, que la solución está ahí, en esas agradables tardes con los suyos.

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Comentarios (1)

Leo Hace 2 meses
Tienes toda la razón del mundo Gonzalo, revelemonos contra el Fatalismo! Me ha encantado!
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