Arde oriente próximo, arde oriente medio, arde Estados Unidos, arde Argentina y con nuestras lágrimas no vamos a apagar tanto incendio. Con lágrimas de cocodrilo menos aun. Trump, como Milei, están entregados a la destrucción del mundo y de la vida humana. En el interior una destrucción mediante la deshumanización de las condiciones de vida para las mayorías sociales y la construcción de un mundo solo para unas determinadas elites minúsculas en cantidad de personas y gigantescas en apropiación de riqueza y poder. En el exterior, neocolonización y el intento de una tiranía única en el mundo.
En contra del entusiasmo que se podría haber experimentado con la resistencia europea en relación a Groenlandia y a los aranceles, Europa regresa a la sumisión de Francia, Alemania y Reino Unido, que se ofrecen a violar el Derecho Internacional junto a Trump. Se trata, parece, de una dependencia crónica, no solo anacrónica, y de cómo la globalización favorece la globalización de la ideología de la violencia y la depredación. El tratado Europa-Mercosur contiene más sombras que luces y favorece la primarización de las economías del Mercosur, también a costa de las agriculturas europeas. No solo favorece a las elites económicas europeas, sino que sirve a los planes estadounidenses para con toda Latinoamérica. El plan, ya lo dijimos, es ideológico, la construcción de una sociedad hiper vertical y donde quien no sirva a esas elites puede desaparecer, y desaparecería.
Por supuesto que el ataque contra Irán tiene que ver con el control del petróleo también y mucho menos con la democracia, si además podemos observar que la represión, lo mismo en Estados Unidos que en la Argentina de Milei, es de una brutalidad insoportable. Las cantidades de personas muertas importan: veremos cuántas vidas cuestan los bombardeos contra Irán; los de Venezuela costaron al menos cien muertos y otros tantos heridos, algo que pasó bastante desapercibido. De los muertos en Gaza no nos olvidamos tampoco, y de la posibilidad de que terminen construyendo un gran complejo de vacaciones para turistas domesticados, así como para la domesticación de todos los demás.
Se trata de un proceso de domesticación de las sociedades y de cómo parte de esas sociedades se entregan voluntariamente a ser domesticadas o entregadas a la nueva eugenesia dictada por un cristianismo ultraderechista. Aunque no conviene olvidar los cismas que se están abriendo en esa amalgama que, al menos, tiene un nombre: Maga, y nada tiene que ver con la magia ni el embrujo. O sí, dado que resulta inexplicable que tantos “parias de la tierra” se entregan a abrazar y votar a la derecha más fascista que desde los 30 del siglo XX se conoce.
Mucha gente presta oídos a charlatanes ignorantes como si fueran oráculos y se ríe de una actriz y directora, Dolores Fonzi, que viene del futuro. Yo les aseguro que Fonzi tiene toda la razón en lo que dice porque lo viví también allá y lo sigo viendo.
Ni llorar ni la tristeza apagarán el gran incendio que han producido las ultraderechas de todo el planeta conectadas en todos sus foros internacionales. El incendio de la sanidad andaluza o la madrileña, por ejemplo, es también un incendio Trump o Milei, para entendernos. Ayuso es una trampa, de Trump, a la vista de todo el mundo. La culpa no la tienen las izquierdas sino las ciudadanías que renunciaron a serlo y entregaron sus vidas y sus almas a la esclavitud: no es nuevo, aunque sí lo es si consideráramos que se trataría de sociedades intensamente formadas. O es que deberemos aceptar de una vez que la muchedumbre de imbéciles ha tomado el rumbo del mundo, parafraseando a Umberto Eco.
No votar a las izquierdas porque no son puras es muy de derecha o ultraderecha.



