Good bye, Mr. Obama

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando accedió usted a la presidencia de la nación más poderosa del mundo en un momento en que todos (analistas, periodistas, y ciudadanos de a pie) lo catalogamos como histórico y crucial.

No en vano se convertía en el primer presidente afroamericano de la historia. Y todos vieron aquello como una señal de un cambio, de un tiempo nuevo. En una definitiva derrota de la doctrina NeoCon que tanto había manipulado en la política internacional, la mayoría de veces a fuerza de bombardeos y guerras preventivas en pos del control por el petróleo.

Llegó usted como un mesías del pueblo americano, tan huérfano de ídolos políticos desde tiempos de JFK; de hecho las comparaciones con el bueno de John poco se hicieron esperar. Y ya puestos, pues se le comparó con todo lo habido y por haber: Martin Luther King, Malcolm X, Nelson Mandela, Gandhi… hasta tal punto llegó el magnetismo que emanaba su figura que usted, el “presidente de ébano” se ganó el Nobel de la Paz con el mérito básicamente de… ser el primer presidente negro, no se engañe.

Porque todas sus promesas de mejora para la sociedad americana y, en consecuencia para el mundo, se fueron cayendo una a una conforme sus congresistas y senadores se le subían a las barbas progresistas y le colocaban los pies en la tierra del neoliberalismo salvaje que campa a sus anchas en la “tierra de la libertas”. Alguien le diría en el despacho oval “aquí manda Wall Street”, o algo parecido.

Adiós a las reformas sanitarias y sociales… y de nuevo el intervencionismo interesado en determinadas zonas de indudable valor geopolítico. Las cosas volvían a ser como antes. Como cuando Reagan, Bush padre, Clinton, Bush hijo…

Incluso la segregación racial, esa que con un presidente afroamericano resultaba impensable, ha llegado a cotas escandalosas con diversos altercados por violencia policial que ni usted ni sus subordinados han podido/sabido atajar a tiempo.

Aun así no crea que este humilde rapapolvo va a centrarse en los aspectos negativos de su gestión… hay que quitarse el sombrero ante su decidida lucha contra el uso legal de armas en su país, y sobre todo por el acontecimiento con el cual todos le recordarán en los libros de Historia: el fin del bloqueo a Cuba y su acercamiento a Irán, poniendo punto y final, esta vez sí, a la Guerra Fría (Reagan debe estar revolviéndose en su tumba por ello).

El otro acontecimiento que debiera haber sido histórico era la caza de Osama Bin Laden… pero a la caída de Al Qaeda ha sucedido el resurgimiento de un terrorismo igualmente bárbaro y de origen yihadista con menos complejos y ningún tipo de miedo al poderío militar de Occidente. Así que lo de Bin Laden, quedará marcado como una simple anécdota bajo su mandato.

El mundo se estremece ante la doble alternativa que se vislumbra a su sucesión: Hillary Clinton y Donald Trump. Sobre todo ante la posibilidad de elección de este último, xenófobo, clasista, pendenciero y camorrista. Por desgracia ninguno de ellos ilusiona como lo hizo usted. Quizás ningún otro (desde los tiempos de JFK, insisto) había movido a una nación entera en una misma dirección y la había hecho albergar esperanzas.

Pasado el tiempo uno se da cuenta de que en el fondo fuimos algo ingenuos pensando que usted sería tan decidido, ecuánime y digno como el único antecesor afroamericano en la presidencia de su país: Morgan Freeman en Deep impact (1998).

Porque créame, Mr. Obama, muy a nuestro pesar esa comparación con el presidente cinematográfico sí que no la aguanta usted ni de coña. Pero no se preocupe… a rey muerto, rey puesto. El mundo tiene un nuevo líder para la esperanza y la paz: el Papa Francisco.

A ver cuánto nos dura la ilusión…

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