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Si un paciente quiere se acabará curando…a pesar de su terapeuta.

En nuestro furor curandi (deseo de curar, de ayudar), a veces los psicólogos damos tantas facilidades al paciente (horario, periodicidad de las sesiones, disculpas de ausencias más o menos justificadas, olvido de las prescripciones… etc.) que éste tiende desde el inicio a adoptar una inconsciente actitud pasiva en la terapia en la que, en verdad, es el sujeto protagonista y no el objeto pasivo de la intervención. Digamos que son errores básicos de encuadre que no debemos cometer los psicoterapeutas porque dificultan el buen fin de la terapia.

Por tanto, una cosa debe quedar clara: las condiciones de las sesiones deben ser lo más inflexibles posibles. Porque el proceso de cambio es duro y se necesita un compromiso personal suficientemente motivado y sostenido en el tiempo. En general, las objeciones que manifiestan los pacientes sobre cualquiera de los aspectos del encuadre suelen ser justificaciones para poner trabas, es decir, resistencias. Y como tal deben ser tratadas. Por otra parte, no deja de ser comprensible que cualquier cosa pueda ser una buena excusa para retrasar e, incluso, impedir o abandonar un proceso en el que deben de airearse no pocos asuntos dolorosos que generan ansiedad.

Sin embargo, para iniciar el proceso de cambio el paciente debe sentir una verdadera necesidad derivada de una situación de sufrimiento, porque los escollos y desalientos serán importantes. Sin esta determinación es preferible no comenzar. Tampoco pasa nada, cada persona sabe en su interior si está preparado para afrontar el reto y si ha llegado su momento. Es claro que no podemos ayudar a nadie que no quiera ser ayudado. Puede ser duro, pero es así.

Como decía, de manera irónica un psicólogo experto, si un paciente quiere y persiste se acabará curando… a pesar de su terapeuta. Aludiendo a la inevitable necesidad de que el paciente se resuelva a tomar en sus manos su propia vida. Y a considerar la terapia como lo que es: un proceso de maduración personal en el que se abordan cuestiones a las que uno mismo no sabe (o no quiere) dar una respuesta eficaz y en las que se necesita, por tanto, una ayuda profesional.

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