"¿Cuántos habitantes hay en este pueblo? Nosotros "a mayor tamaño de urbe, más tiempo dedicado a la movilidad, llegando a ser de horas en los desplazamientos hasta el hogar".
"¿Dónde vives? En la oficina de lunes a viernes y los fines de semana viajando, ahora sí te refieres a dormir a hora y cuarto del trabajo si todo va bien. No conozco a mis vecinos, ni me cruzo con ellos, pues todos tienen coche en el aparcamiento subterráneo y acceden directamente en ascensor. Yo en cambio utilizo el transporte público, no tengo niños ni perro, por falta de pareja, tiempo y recursos económicos". Escena cotidiana y común en ámbito metropolitano.
Le dedicamos al menos un tercio de nuestra existencia a estar con el dios griego de los sueños, siendo necesario que sea de calidad. Cenas copiosas conllevan digestiones pesadas, sábanas de papel poco acogedoras hacen extrañar nuestra cama en viajes, almohadas rígidas imposibles de remediar, ropa inadecuada ante la temperatura de la habitación con ruidosa climatización y el nocivo sedentarismo pueden ser acciones que no permitan descansar en condiciones.
Estudiaba tumbado y ante nuevos conocimientos, necesitaba el sueño para poder fijarlos en mi mente. Desconozco la ciencia en la que se fundamenta, sabiendo que el conocerse es fundamental para poder desarrollar nuestra propia existencia. Caminar a paso ligero también despeja la mente y clarifica las ideas.
Vivir se define como "tener vida" - existir como sinónimo -, "durar con vida", si bien sobrevivir y subsistir tienen sus matices, habitantes, viene de “habitar en un lugar o país”, y perdurar, en “durar mucho”, sabiendo que a través de recuerdos, árboles plantados y libros se alcanza la eternidad.
En una parte del mundo cada vez más acelerado, el ritmo vertiginoso de lo cotidiano hace que nos tengamos que parar para reflexionar hacia dónde vamos. Es quizás el dormir, el seguro de vida que nos queda. Bellos sueños, cayendo en sus brazos, bien merecen conversaciones íntimas con Morfeo.
