El parque de las palomas de Sevilla.
El parque de las palomas de Sevilla.

Un domingo, pasear por la avenida de la Palmera, desde el campo del Betis, hasta el parque de María Luisa, era saludable, sencillo e inigualable. Si los naranjos estaban con azahar, si las palmeras dejaban caer sus dátiles, si llovía o venteaba, era un itinerario diferente con un mismo final, el parque de las palomas.

Una plaza de albero, con dos fuentes de agua pública, para beber en los regazos de unas esculturas de mujer, y dos de piso bajo, que utilizan las palomas y más pájaros, para saciar su sed. Los arvejones —almorta—, esos que venden los carritos y que se acaban tan pronto como hambre haya en el ambiente, eran compra obligada. Si es entre semana, o temprano de sábado, los arañazos en brazos o posicionamiento en tu cabeza, eran inmediatos, pues "el hambre es muy mala". Avanzado el fin de semana, al igual que el buche, no sucede la mal llamada ley del pobre, "reventar antes de que sobre".

Una vez encontré una paloma, muy débil, estaba mala. La recogí en una caja de zapatos, la cuidé y salió adelante. En el verano, me la llevé a Conil de la Frontera, y era mi mascota. Ver volar una paloma blanca te hace sentir libertad, Un día no la encontré, no estaba en la calle peatonal, y un amigo vecino, ante mi insistencia, reconoció que su abuela la había utilizado para el puchero.

No tienen buena fama, por el daño de sus heces a los monumentos, y las enfermedades que trasmiten, pero las palomas blancas de aquí no son como las sucias de Nueva York, embellecen las calles y su vuelo, es el de la paloma de la Paz. Es bueno recordarlo. Las cotorras de Kramer, dañinas donde las haya, le quitan sus nidos y cada vez se ven menos.

En las ciudades no hay muchas oportunidades de relacionarnos con animales de la calle, tiene su importancia para no perder el contacto de nuestra naturaleza urbana. En mi pueblo existe hasta una raza de palomas, en el vecino Morón de la Frontera el moroncelo, en Jerez de la Frontera el jerezano, en Vélez-Málaga el veleño, y hasta el laudino sevillano en Sevilla. La sensibilidad de nuestra sociedad se manifiesta de una manera multirracial, con plumas, cortejo y vuelo, lujo de identidad.

Tengamos una plaza con su palomar, bien cuidado, blanqueado con cal de Morón y limpio, por pueblo y ciudad. Antes no había cortijo ni hacienda, sin su palomar de hasta decenas de miles de vasijas nidales, ni azotea o balcón sin su palomera. ¿Mensajeras? No te exagero ni un tanto así. Y si no que se lo digan a Melchora de Jerez de la Frontera.

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Comentarios (1)

David Lagos Hace 8 días
"Er Melchora de Jerez", padre de Melchora Ortega. Es palomero, fue gallero, conocido por sus andanzas de uno a otro confín! Personaje Jerezano que lo mismo te canta un fandango que te habla de cómo vuela un palomo. En fin, será amor de suegro!!!
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