Paradojas y metáforas del agua

En este mundo hasta ahora, donde el ayer ya pasó, el tiempo se medía en segundos y no en experiencias o lecciones aprendidas, el trazado a realizar entre dos puntos a unir tenía que ser inexcusablemente la línea recta. Los ríos se mueven

Iván Casero

Iván Casero

Ingeniero de Montes.

Pasarela peatonal destruida por el río Guadiaro frente a la Cueva del Gato.
Pasarela peatonal destruida por el río Guadiaro frente a la Cueva del Gato.

En la naturaleza nada es al azar, todo tiene un por qué. Desconozco si esta afirmación surgida de una propia reflexión, ha sido anteriormente realizada en público. Si es así, pido disculpas por no entrecomillar y no citar al autor, y si no es así, seguimos pues. Somos agua, nuestra actividad depende en gran medida de su existencia, calidad y gestión.

El ciclo del agua, gran lección aprendida desde infantil en la escuela —quizás sea necesario recordar de vez en cuando en etapas posteriores— nos permite disponer de ella, además de limpiarnos la atmósfera de polución, esperemos en vías de extinción por el reto frente al Cambio Climático.

Desde la excavación de nuestras casas, pisos, aparcamientos subterráneos, metros, túneles, la presencia de agua nos incomoda, hemos de evacuarla. Incluso en patios, calles, aceras existen los imbornales, husillos, alcantarillas para su evacuación a través de estaciones de bombeo a arroyos y ríos. A mayor urbanización, mayores caudales de evacuación, pues se reduce la infiltración en el terreno.

Necesitamos agua que cale y no escurra, mojarse, pues nos sobra cada vez más en lo urbano, impactando cada vez más en los arroyos y ríos. Tendemos a elevarnos, movimientos de tierras para nuevas carreteras que con el paso del tiempo y rellenos sucesivos en alrededores, limitan su desagüe afectando a la durabilidad de la misma.

Las nuevas técnicas SUDS —Suelos Urbanos Drenantes Sostenibles— ponen sentido común en lo urbano respecto al manejo del agua de lluvia, integran porque no crean problemas aguas abajo. Somos agua y no queremos mojarnos con lluvia al ser mayores, paraguas nuestro remedio, y en cambio, de niños un charco era un universo de posibilidades.

En este mundo hasta ahora, donde el ayer ya pasó, el tiempo se medía en segundos y no en experiencias o lecciones aprendidas, el trazado a realizar entre dos puntos a unir tenía que ser inexcusablemente la línea recta. Los ríos se mueven.

La eliminación o modificación de meandros para favorecer la navegabilidad, evacuación de aguas para urbanizaciones, así como de estrangulamiento de conos de deyección, sobre todo en nuestra costa ante presiones urbanísticas y de agricultura bajo plástico y tropical, sólo nos traen inundaciones, riesgos a vidas humanas y daños materiales, donde el Consorcio de Compensación de Seguros —único a nivel mundial— pagamos todos con un porcentaje de nuestra prima de cualquier seguro contratado. Nada de esto es sostenible incluso ni en el ámbito de los seguros. El mejor seguro es el que no se utiliza y el Cambio Climático no entiende de números.

La metáfora del puente Choluteca en Honduras es digna de conocer. Un puente de casi 500 metros, que en 1996 se decide construir para salvar el río del mismo nombre en una región propensa a huracanes y tormentas, para convertirse en un hito histórico, orgullo nacional, resistente a cualquier incidencia natural. Con esas premisas, se contrató a una empresa japonesa, ejecutando un modelo de diseño e ingeniería, y materializado en 1998. El huracán Mitch en octubre de ese año, dejó una gran desolación, más de 7.000 muertos, si bien el puente no sufrió daño alguno.

Hasta aquí todo correcto. Si bien las condiciones climáticas han cambiado hasta tal punto que han variado hasta el curso del río del mismo nombre, eliminado carreteras y accesos, provocando que dicha estructura esté hoy en día aislada, el río no pasa por debajo sino al lado y sin cumplir la finalidad de conectar caminos. No sobrevive el más fuerte sino el que mejor se adapta, las demandas de hoy pueden no satisfacer el día de mañana y el puente Choluteca es la metáfora de un mundo cambiante.

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