Una isla en un río.
Una isla en un río.

Niña, la isla cada día es más pequeña. El río bajaba antes con un agua clara y ahora, ya no nos podemos bañar.

Eran tiempos que las vacaciones eran locales y había un mundo dentro de ellas. Mucha bicicleta, con caja de parches y cucharas incluidas, ingesta de muchas sandías y melones de huertas de vaguadas de arroyos - no hay mejor caramelo -, siesta - sin dormir -, para hacer la digestión y cuenta atrás para el chapuzón.

Cada vez vive menos gente en el campo y más en campitos, esa dimensión dominada y reducida de nuestra infancia. Las albercas se pierden en el olvido, y mira que han regado toda nuestra fruta y verduras consumida en generaciones, tras bañarnos tantas veces, sin ojos enrojecidos y sin arañazos de filos y azulejos rotos gracias a su verdina. Los frutales están apartados y antes asomaban por las ventanas, siendo parte del desayuno y postre, del árbol a la mesa, sin necesidad de frigorías.

La talega del pan y la cesta de esparto o palma eran el funcional packaging sostenible, equivalentes a las bolsas de plástico de 5 céntimos, e incluso se podían reparar. No se tiraban - eso de un solo uso, ¡¡¡que cosas!!! -.

Cuando el río se desbordaba, dentro de su ciclo natural, ocupaba las llanuras de inundación, vegas fértiles, no había indemnizaciones sino alegría para las cosechas venideras. Hoy la presa aguas arriba - finalizada en el 1994, iba a suponer el desarrollo agro de regadío de la comarca, pero curiosamente el agua es salada, debido a una veta de sal aparecida y no controlada -, ha hecho olvidar esa realidad.

Los árboles de ribera cada vez son menos, verdaderos corredores fluviales, defensores contra la erosión, garantistas de la calidad de agua y de biodiversidad, frente a las cañas que los invaden, una de los cien organismos más invasores según la UICN, consumiendo de media 20 l/m2 día de agua, pero claro es agua que no computa. No es lo mismo gestionar que repartir.

¿Cuántos km y hectáreas existen, terrenos públicos denominados Dominio Público Hidráulico, gracias a ríos, arroyos y regatos? Plan de deslindes, para su protección. Se me cae el corazón cuando veo algún terrón en el propio cauce tras rodar por el talud, procedente de nuestra fértil tierra agrícola, incomprensiblemente volteada aún, hoy en día. 

Las zonas ribereñas también se conocen como islas, y en muchos lugares con arena. Aquí también hay playas, vaya, vaya.

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