Casas de insectos y cajas nido en Sanchapérez, Conil. FOTO: RAMÓN IGLESIAS
Casas de insectos y cajas nido en Sanchapérez, Conil. FOTO: RAMÓN IGLESIAS

El estado del parabrisas del coche, tras un viaje por Andalucía, ni por alta velocidad ni por kilómetros recorridos, delata que algo muy importante está pasando a nuestro alrededor. Ya no se limpian en las gasolineras -electrolineras próximamente, hidrogeneras más adelante-, mientras recargamos combustible, ni en aquellos semáforos en rojo, de avenidas y cruces, a cambio de la voluntad.

En el equilibrio ecológico, los insectos juegan un papel clave, sin embargo, sus poblaciones están disminuyendo alarmantemente debido a la contaminación, pesticidas, pérdida de hábitats y cambio climático. Prácticas agrícolas como las cubiertas vegetales, uso de setos, no uso de pesticidas —herbicidas-insecticidas—, ni transgénicos, “El mejor veneno, es el que no se usa”, revierten esta situación. ¿Y cómo lo controlaríamos a continuación? “Cómo la teoría de la evolución, uno que se come a otro”

Tenemos unos pájaros, insectívoros, que además de cantar, comen más de 800 insectos por día, en época de cría, pero cada vez, tienen mayor dificultad en encontrar lugares de cría. Los árboles de la ciudad, los sobrepodamos –la mejor protección del tronco es la sombra, las hojas al sol-, ninguna oquedad ni cruceta susceptible de establecer nido, las nuevas edificaciones, con cristaleras en sus fachadas, impiden su colonización y la polución, hacen el resto.

Cajas nido, hechas por nosotros en casa, en el colegio o en el carpintero del barrio, colocadas en la azotea, terraza, balcón, ventana o en el ojo patio, puede ser la gota de agua, que hace océano. Comederos, una simple rejilla gallinera, a modo tubular, rellena de cereales y frutos secos, en un lugar protegido del agua de lluvia, también ayuda, al igual que las migajas del pan, en el alféizar de la ventana. Así como bebederos, preferiblemente de barro, como el que se ponían a los palomos y que ya no se ven. Y si no tenéis sitio en casa, colocadlos y mantenedlos, en el parque o en los árboles de la calle.

Si queremos mayores retos, un nidal de lechuzas, esas que comen ratones y ratas, que tanto desagradan, y que se identifican con insalubridad. En la azotea de los bloques de pisos, encima de la caseta del ascensor, no creo que a nadie le moleste.

Quirópteros –murciélagos—, en el hueco de las persianas se ocultan y crían, pues ya las cotorras de Krammer y el saneo de los árboles de los parques, no dejan lugar para su hospedaje. Miles de mosquitos de los de antes y nuevos, -enfermedades tropicales-, y polillas -esas que atacan a la ropa-, desaparecen gracias al trabajo de estos noctámbulos, mientras dormimos. También existen nidales especiales para ellos, hechos con corcho de alcornoques o de madera, con la entrada por su parte inferior. “Al lío”, como diría alguno.

Y para los insectos, un hotel, hecho por nosotros, para seguimiento y disfrute. Con diferentes maderas y diámetros, con sus rejillas de contención, hacen las veces de motor, para que todo esto funcione.

Tened bien claro, que cuando no escuchemos ni veamos vida a nuestro alrededor, asomados por la ventana o caminado por la acera, los siguientes seremos nosotros. El número de especies extintas crece día a día, la lista de en extinción es cada vez más larga, y la última especie será cucaracha o rata, como decían en el caso de la bomba atómica. El tic tac sigue y yo pondré mi gotita de agua, como la fábula del colibrí ante el gran incendio.

Y como dijo Eduardo Galeano, “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Iván Casero es Ingeniero de Montes


Fuente http://www.goteo.org/project/documental-vidas-suspendidas

http://petreraldia.com/mundo-natural/manual-para-construir-cajas-nido-y-otros-artilugios-similares.html

http://diariosdeunnaturalista.blogspot.com/2013/04/consejos-sobre-cajas-nido-para-aves.html

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