Aquí se sueña, como en las calles de nuestros barrios.
Aquí se sueña, como en las calles de nuestros barrios.

Paseo por aceras, rodeado de paredes, puertas de garajes y asfalto, bloque tras bloque de un nuevo barrio. ¿Dónde está el tendero del desavío, la lavandería, el que vive por los pelos Pepe Ortega, la librería de Cati, la cafetería de Valme, el bar Cañizo o el Puesto Verde?

Entre calles, largos bulevares ajardinados, llenos de paseadores solitarios de perros, que facilitan el intercambio de palabras acerca de la situación y evolución del estado canino en que se ha convertido el paso de los días, este mundo de teles se consolida: Teletrabajo, telecomida y televisión 16K con inteligencia artificial.

Ni terrazas, ni taxis en paradas, llama la atención un barrio técnicamente perfecto, con todos los servicios y sin humanidad a pie de calle. Hipoteca de por vida acorde a los horarios laborales, compra de productos elaborados y transformados pues no hay tiempo para eso, ya sabemos que todo lo que se puede externalizar, pues modo clic y a vivir conectado en redes.

¿Dónde están los niños? No molestan, deberes con el Chromebook, FaceTime o Skype para hablar con los abuelos, y Wii, PlayStation y Nintendo para entretenimiento necesario. Cuatro paredes insonorizadas son su cuarto de estar. 

Triste barrio, pero cierto y mientras más grandes las urbes, más velocidad de conexión y menos humanidad. Dar los buenos días, pedir media tostada de bollo de la parte de arriba con café largo de café, ir a la tintorería con el pantalón del traje con copa de vino ecológico incluido, el libro en formato papel recomendado por la librera para el cumpleaños del vecino del barrio, la tuerca justa que se le ha caído al flexo y que el ferretero tiene, un ramo de flores naturales que tanto gusta y embellece a unas y unos de la floristería de la esquina de arriba, el pespunte al pantalón con el botón de la mercería y el parque de los niños con violinista y quiosquero incluidos, son detalles que hacen vivir un barrio, y es que la vida en definitiva son detalles.

Nuestros barrios son sus calles, somos humanos y necesitamos el contacto con luz natural.

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