Un chorro de agua, saliendo de un grifo.
Un chorro de agua, saliendo de un grifo.

Algo no existe hasta que no tiene nombre. Si no sabemos nombrarlo, nos cuesta identificarlo y al cerebro le cuesta procesarlo. De igual manera en economía se trata de cuantificar, de medirlo todo, es el ejercicio autoimpuesto con el reconocimiento del mercantilismo como regla básica de trabajo. El dicho de que cada uno tiene su precio traslada al saber popular ese proceso técnico de la ciencia económica de incorporar las externalidades al análisis.

La economía se define como social. Gran parte de su gnosis está marcada por la impredecibilidad del comportamiento humano. Por eso no es una materia de las leyes exactas ni reglas de oro válidas eternamente. Está en el ADN de la economía el peso superlativo de la decisión subjetiva, cambiante de las personas en las que pesan muchos los principios y valores, pero también la hora del día o el ruido que rodea al decisor. Imposible obviarlo, absurdo ignorarlo.

En el análisis económico se trata de aportar certeza sobre el mayor número de variables. Es lo que se trata de hacer cuando coloquialmente hablamos los analistas de “internalizar las externalidades”. Esto es, incorporar un valor y una proporcionalidad a las cosas que antes quedaban fuera y que hasta entonces eran un poco como los gases nobles, imposibles de controlar.

El efecto de cuantificar las externalidades, de cifrarlas, permite compararlas con otras y a la vez favorecer su transmisión e intercambio. Las incluye en el régimen mercantilista. Las convierte, en muchos casos en valor en si mismas, en patrimonio, en moneda universal.

Eso es lo que acaba de hacer la bolsa de Nueva York con el agua. En concreto, el agua ha empezado a cotizar en base al índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O). Su cotización actual es de aproximadamente 0,32 euros el metro cúbico. Se establece así un valor de referencia que, en principio está llamado a ser orientativo, y, a medio plazo como ya ha ocurrido con tantos productos y elementos básicos para la industria y el comercio, se convertirá en un precio reseñado a nivel mundial.

El debate sobre el proceso de mercantilización del agua tenemos que considerarlo dentro de las reglas básicas de convivencia que nos hemos marcado. Porque el agua, el acceso al agua en condiciones de calidad y cantidad suficiente es un requisito básico para la vida si hablamos en términos individuales, y un elemento esencial de la dignidad de los pueblos si pensamos en términos sociales y colectivos. Si el agua es básica para la vida, y el respeto a la vida la más importante de nuestras normas de convivencia, entonces, el agua es un derecho básico. Así de unívoco, indiscutible, inalienable.

Lo hemos acordado. Lo hemos redactado. Lo hemos firmado. Entre otros, este derecho fundamental está recogido en la Carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas, una serie de premisas básicas de las que hoy se recuerda su aprobación y se hacen por ello miles de actos a lo largo de todo el mundo para ponerlas en valor. Naciones Unidas reconoce el acceso al agua potable y el saneamiento como un derecho fundamental.

Esa es la senda que no debemos permitirnos el lujo de abandonar en ningún momento. Por eso espero y deseo que la cotización del agua en el mercado de futuros de Wall Street sea la última barrabasada de un modelo neoliberalista que puja por mercantilizarlo todo, que nos arrastra a un proceso de acumulación de riqueza e injusticias sociales al que esta cotización bursátil de los derechos de uso del agua contribuye de manera clara. Hace pocos años esta medida se consideraba impensable. Ahora ya solo queda un paso, ponerle precio al aire. Desde ahora ya no es ninguna excentricidad considerarlo.

Algunos defienden este sistema argumentando que así se consigue mejor eficiencia en el uso del recurso. Es rotundamente falso, lo que se habilita es la posibilidad de que esté disponible al mejor postor, condenando por defecto a las personas y los territorios que no tengan los recursos económicos suficientes.

El agua es un derecho básico, siempre y en todo lugar. Son muchos los años, los esfuerzos, los sudores, y a veces hasta la sangre necesaria para conseguir unos derechos fundamentales. No lo olvidemos cuando quieran hacernos retroceder.

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