Fuertes inundaciones en Bangladesh

No nos deberá extrañar que ahora los incrédulos y descreídos del cambio climático salgan a decir que siempre hubo inundaciones y que ya los romanos cultivaban vino en Inglaterra

Inundaciones en Alemania y Bélgica, la pasada semana.
Inundaciones en Alemania y Bélgica, la pasada semana.

El segundo país más poblado de Europa ha sufrido fuertes inundaciones desde el miércoles de la pasada semana en la cuenca del Rin y ahora la amenaza se centra en el sur, en la cuenca del Danubio, y en el este, en la cuenca del Elba. Además, en la región alpina de Baviera y en la región de Salzburgo, Austria.

Los meteorólogos habían hecho saltar las alarmas con antelación, pero no estuvieron en condiciones de decir exactamente sobre el campanario de qué iglesia iba a caer la tromba. El director de la Oficina Federal para la Protección de la Población y Ayuda en las Catástrofes (BBK) tiene que salir en la televisión pública a defender su gestión, porque ya se sabe que ante una catástrofe de semejante dimensión es necesario encontrar al culpable; habrá que analizar con calma su actuación. Quizá por ello, y poniéndose la venda antes de tener la herida, ¿o la tenía?, el ministro presidente de NRW, Armin Laschet, salió en la tele diciendo que cuando nadie había hecho nada todavía él, como presidente de una de las regiones más afectadas por la inundación, ya había tomado tales medidas que al llegar la inundación habrían aminorado sus efectos. Este señor, que es al mismo tiempo el candidato de la CDU/CSU a la cancillería federal el próximo 26 de septiembre, quiere suceder a Merkel entre risas con sus compadres durante el discurso que pronunció el Presidente Federal y que la prensa calificó de indigno.

Hace ahora un año que las lluvias provocaron unas enormes inundaciones en Bangladesh, sexto país más poblado del mundo, y que la prensa o la ONU no dudaron en calificar que fueran una consecuencia del cambio climático, sobre el que Bangladesh no tiene responsabilidad alguna. La responsabilidad de Europa en el cambio climático es evidente. A Bangladesh, en el momento de las inundaciones, ya le afectaban la pandemia del Covid-19 y la hambruna. Un tercio del territorio quedó bajo el agua, millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares; cientos de muertos y miles de heridos.

¿Cuánto se ha avanzado desde hace un año en Europa y en el Mundo ante el cambio climático? Poco. Al igual que con la actual pandemia, ha terminado por imponerse la necesidad de proteger la economía ya existente, precisamente la economía que nos ha traído hasta estas diferentes modalidades de catástrofe: clima, pandemia, hambre.

Alemania ha quedado en shock, es evidente. Excepto el candidato conservador Laschet, todøs callan. No es el momento de hacer campaña con regiones enteras convertidas en un cementerio. Hasta ahora, el número de personas muertas es de más de 150, y el de personas desaparecidas ha dejado de citarse en la prensa, aunque se calcula en más de mil. Todo ello solo en la región oeste de Alemania.

No nos deberá extrañar que ahora los incrédulos y descreídos del cambio climático salgan a decir que siempre hubo inundaciones y que ya los romanos cultivaban vino en Inglaterra. La evidencias del cambio climático dejan poco espacio para los entusiasmos negacionistas de taberna, y precisamente la posibilidad del cultivo del vino, cada vez más al norte, queda atribuida al cambio climático. La desaparición de los glaciares es el punto más sensible de referencia de nuestro cambio climático; no porque desaparezcan sino por la velocidad con que desaparecen. La aparición de un nuevo vocabulario a través de la televisión, ya hace años, confirma que el cambió climático se materializaba en el rugido del temporal: una-gota-fría, en Valencia, recuerdo que ya hace años presentaba una nueva realidad en los veranos; las inundaciones de Bilbao.

Hemos tenido tiempo, pero nos hemos negado a aceptar lo que veíamos porque no veíamos una solución. Las personas que siguen negando el clima, seguramente, lo hacen porque no entienden el clima y porque la solución se les presenta imposible: si un problema no tiene solución es mejor no tener el problema. Pero el problema del clima si puede tener solución si aceptamos cambiar nuestro estilo de vida, aunque debemos hacerlo de un modo rápido y radical. Si aceptamos manejarnos con ese vocabulario de pandemia de volver-a-la-normalidad no vamos a cambiar nada o demasiado poco. La pandemia vuelve con su quinta ola en España, una menos en Alemania. La prisa por volver a un pasado idealizado nos impide descubrir un futuro con una vida mejor, más sana, más democrática y más igualitaria. La ambición no es un elemento de la conocida como naturaleza humana, inalterable, sino un elemento de la cultura humana que podemos cambiar.

 

Cambio climático y pandemia han llegado y nos han traído el futuro. Si comprendemos lo que ocurre podemos rescatarnos, si nos rescatarnos todos juntøs.

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