1624c743-d938-49ec-821e-1ba51b6a14e6_20160718120054507.jpg
1624c743-d938-49ec-821e-1ba51b6a14e6_20160718120054507.jpg

El resultado de una película depende de muchos factores y si está doblada, hay un elemento crucial: la traducción. 

Como os decía en la primera parte -si no la habéis leído podéis hacerlo aquí– el cine nos ha cambiado la vida. Además de darnos horas de diversión y cultura, ha cambiado nuestra forma de actuar y pensar, incluso de hablar. Centrándonos exclusivamente en el séptimo arte estadounidense, os enumeraré algunas cosas que ya hemos hecho nuestras.

Siempre hemos contado con grandes dobladores, un orgullo por un lado y un atraso cultural por otro. Un camarero portugués, que hablaba un perfecto Inglés, me dijo que había aprendido el idioma gracias a que llevaba toda la vida viendo películas en versión original subtitulada, y así nos luce el pelo.

El resultado de una película depende de muchos factores y si está doblada, hay un elemento crucial: la traducción. De sobra es conocido que toda conversación de bajos fondos debe estar aliñada por muchos tacos y palabras malsonantes. Un intercambio de palabras entre un camello y un policía no puede tener razón de ser si no se añade un “puto” antes de cada sustantivo. En este caso, la traducción ha evolucionado con la sociedad. Películas de hace tres décadas, donde, a la hora de traducir, todavía revoloteaba la sombra de la total corrección social y política, heredero directo de la censura, un diálogo un poco subido de tono, estaba plagado de “jodidos”. “¿Cuál es tu jodido problema?”, “Dame el jodido dinero”. Parece ser que ésta palabra era mucho más correcta que la que la sucedió. Pocas personas, influidas por el cine, usaban el “jodido” para enfatizar conversaciones. Aquel que la usaba evidenciaba demasiado su teatralidad carente de personalidad. Pero, de repente, empezaron a traducirlo como “puto”, “¿Cuál es tu puto problema?”, “Dame el puto dinero”, un término mucho más cercano a la gente y empezamos a adoptarlo. No os equivoquéis, nadie decía “Me duele el puto pie” antes de que el cine universalizara la expresión.

Además del doblaje y la traducción, para que una persona vocalizando en el idioma de la Reina Madre con un castellano superpuesto no te resulte extraño, hay que tener en cuenta la sincronización entre lo traducido y lo vocalizado. No es fácil. Por eso muchas veces hay que desnaturalizar las expresiones, para que encajen. De pequeño descubrí el fuck you, una composición con mucha fuerza que todos acabamos escribiendo en la parte de atrás de nuestros cuadernos, como signo de rebeldía, como ramalazos de generación beat cañí. Aquí se decía, como mucho, un “que te den por culo”, “que te den”, pero la sincronización del doblaje nos trajo el “Que te follen”, la “F” de fuck you encontraba su máxima fidelidad en la representación de la fuerza de la expresión. Y todos a decir “que te follen”, porque “que te jodan” seguía quedando demasiado peliculero.

En cuanto a lenguaje corporal, hemos aprendido infinidad de gestos de la pantalla grande. Qué dramático queda eso de alejarte de alguien que te incordia y, a medio camino, darte la vuelta, seguir caminando hacia atrás y enseñar el dedo corazón. Esto puedo soportarlo, porque aunque no es nuestro, no niego que queda genial. Lo que me supera es eso de hacer la peineta con el índice y el anular recogidos en una pequeña curva, imitando a los testículos colindantes. Esa mano, ahí, en una postura antinatural, como con un espasmo, que me duelen los tendones del dorso de la mano sólo de verlo... por favor, no lo hagáis, por favor. Enseñad el dedo corazón con el puño bien cerrado, que no haya testículos de tope y que pueda entrar todo.

Alejándonos un poco de las obscenidades, debemos agradecer al cine la difusión del high five, la chocada, un gesto de amistad y de amor tan sencillo y concreto, que ya es global. En el deporte, en los estudios, en las relaciones familiares, todo un acierto, sí señor.

Por último, y volviendo a la obscenidad, estoy muy agradecido de que no se haya popularizado el eufemismo del béisbol para señalar hasta qué punto se ha llegado en una relación. Muy agradecido. Nuca supe cuál era la tercera base, incluso los mismos americanos dudaban, en sus películas, de qué base era si metían la mano por debajo de la falda de la animadora. Ya vamos sobrados de eufemismos sexuales. Yo tengo tres hijos, así que supongo que he ganado varias Series Mundiales.

Y bueno, ya paro, que este tema da para mucho, pero es que estoy jodido, los de asuntos internos me vigilan, ¿sabéis? Estoy con el agua al cuello y no puedo daros más jodida información. El comisario está de mierda hasta arriba y quiere involucrarnos a todos. Esto no puede salir bien, chicos, tengo que irme, este país tiene un jodido problema y no puedo ser yo el único garganta profunda que os lo cuente. Si quedamos en un lugar seguro puede que haya una tercera parte. Chocad.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído