Mujeres cogidas del brazo durante una pasada manifestación contra la violencia de género. FOTO: MANU GARCÍA.
Mujeres cogidas del brazo durante una pasada manifestación contra la violencia de género. FOTO: MANU GARCÍA.

Es sevillana de los pies a la cabeza, de origen humilde criada en un corral de vecinos de la calle Mallén en Sevilla, en el barrio de la Calzá, devota de muchas vírgenes, y santos, y sobre todo de su Macarena, de la hermandad de su barrio, San Benito, la virgen de la Encarnación, y como no, del Pilato.

De familia matriarcal compuesta por cuatro hermanas, su madre enviudó pronto y entre todas tuvieron que asumir llevar la casa adelante, en una época donde el hambre no era noticia en la prensa, y sí la cruda realidad del día a día.

Como muchas jóvenes de aquellos años se caso muy joven, tuvo tres hijas, y pronto se vio en la obligación de ser la responsable de cuidar y poner sentido común y ternura a una familia, en aquellos tiempos de pobreza e incultura. 

Un poco antes su familia, igual que otras muchas familias humildes de Sevilla, se había trasladado del corral de vecinos de la calle Mallén, al barrio del Polígono San Pablo, donde al casarse compraron el piso en el que viven, y crió a sus hijas.

Aunque al principio a la familia le fue económicamente bien, pronto llegó el desempleo, y tuvo que salir a buscar una parte importante del sustento de los suyos. Trabajó durante más de veinte años “sirviendo” en tres casas de familias de bien de un barrio “noble” de la ciudad, donde, paradójicamente la querían mucho, pero no tuvo una sola nómina, ni fueron capaces de cotizar a la Seguridad Social un solo día por ella. Así son las miserias e hipocresías de estas clases nobles sevillanas que votan a Vox y al Partido Popular, que van a misa los domingos, y presumen de caseta en la feria. En su jubilación un adiós, y un hipócrita te vamos a echar de menos, fueron su indemnización. 

Como consecuencia de este comportamiento, ilegal, inmoral e insolidario, no tuvo derecho a más pensión que una pequeña pensión de jubilación no contributiva.

Es una mujer valiente, buena, honrada, trabajadora, y solidaria, que tuvo que soportar durante muchos años una cultura patriarcal que la ninguneo y explotó, pero a la que supo sobreponerse y combatir sin tener conciencia de ello, siendo una mujer, a quien el calificativo “de bandera” encaja mejor que a nadie. Hoy no soporta el machismo y le suelta tres frescas al primero que le venga en gana. A su edad ni su pensamiento ni su lengua tienen límites, ella es toda libertad.

Es feminista sin saberlo, de las hacen posible el feminismo, y la existencia de tantas mujeres, que hoy luchan por esta causa tan noble justa y necesaria, entre ellas sus tres hijas.

Como la gente trabajadora, no tendrá ningún reconocimiento, nadie hablará de ella en los periódicos, ni saldrá nunca en los medios de comunicación, por eso yo que intento ser un hombre feminista, y sé que el feminismo es honradez, la honradez reconocimiento, y el reconocimiento es contrario al olvido, no puedo dejar pasar la ocasión que me ofrece este medio, para dedicarle mi cariñoso y emotivo homenaje. Mujeres como ella, con su ejemplo, y existir, hacen que este mundo sea más justo y posible, y que a todos y todas nos merezca un poco más la pena vivirlo. 

Tiene 74 años, se llama Cristobalina, pero desde muy pequeña decidió llamarse Cristo, que es como todos la conocemos, salvo los muy allegados que la llaman Cristito.

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