El Rubius, en uno de sus vídeos.
El Rubius, en uno de sus vídeos.

Mucho se ha escrito últimamente acerca de la fuga de los youtubers. Tanto que a mí no sé si me da más pereza su mundo o las rasgadas de vestiduras de tanto columnista progre y buenista. Permítanme no hacer el chiste de la “fuga de cerebros” porque teniendo en cuenta el percal que nos ocupa —y algunas de sus declaraciones públicas—, no parece su músculo mejor entrenado. A estas alturas ya deben saber ustedes que El Rubius se nos va. Como antes hicieron otros amiguitos suyos del faranduleo gamer e ‘influenciador’. Faltaba la joya de la corona por abandonar la madre patria y ahora su marcha se consuma, dejándonos el frío en los corazones y la lagrimilla asomando. Lo perdemos y Andorra lo gana. Lo que más me inquieta es saber si encontrará dónde ubicar el casoplón en un país de apenas 468 kilómetros cuadrados. Aquello de hallar mansión en un estado del tamaño de un estanco debe ser tarea difícil, por muchos millones que uno tenga; que se lo digan a los Pujol.

Lo más interesante del caso es que dice que se marcha para ir donde viven sus colegas. La reducción del pago al fisco de casi el cuarenta por ciento no habrá tenido seguramente nada que ver. Y al muchacho de los dorados cabellos no han parado de caerle las críticas y las acusaciones de insolidario. Vaya por delante que todo hijo de vecino tiene derecho a domiciliarse donde le venga en gana —solo eso faltaba—, y que si el chavalito cumple con el requisito de pasar 183 días al año en su palacete andorrano nada podrá reprochársele en términos legales. Algo que, por cierto, será fácil de comprobar en el caso de una persona con tamaña exposición pública en las redes. Vaya por delante también que toca un poco las narices la hipocresía del discurso, en el que no se es capaz de reconocer que deja España para palmar mucha menos pasta. Joroba también, dicho sea de paso, que unos niñatos sin preparación ni esfuerzo ganen más dinero en un mes del que muchos vemos en varios años de carrera profesional. Jode que las chorradas valgan más que las carreras, los másteres y los diplomas; más que el partirse los cuernos cada día y cada noche. Pero eso no es culpa de un youtuber. No es culpa suya lo que cobran, lo que influyen y lo que mueven.

Mucho vilipendio y acusación de falta de solidaridad y muy pocas críticas a la inacción de una Unión Europea que sigue de brazos cruzados amparando los paraísos fiscales y los sistemas tributarios desleales. ¿Será que esa crítica puede pasar más factura? ¿Será que es más arriesgada? La apelación a la responsabilidad individual es legítima pero se queda coja. Sobre todo si no se acompaña de la demanda de un compromiso gubernamental contra la injusticia. Andorra, Suiza, Gibraltar, Mónaco, San Marino o Liechtenstein también son culpables pero solo a medias. Los que amparan sistemas fraudulentos no son más inocentes que los que los perpetran. Llama la atención que en una organización supraestatal repleta de normas, convenios y leyes comunitarias, el tema de la competencia fiscal desleal cuente con una anomia tan acojonante. Francamente inexplicable ¿o no? Esperemos a que un youtuber nos ilustre sobre el tema... desde algún váter de oro en el exilio de saldo.

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